Me he encontrado a muchas personas que, como a mí, les gusta leer, y buscan recomendaciones de buenas lecturas. A veces se hace difícil escoger; por eso mismo se agradece que cuando uno encuentre un buen libro lo propague. Voy a comentar aquí tres obras, que he escogido sin más porque me han gustado mucho. Me imagino que serán de interés para las personas que puedan caer por aquí, a las que supongo atraídas por la ciencia y el pensamiento en general. Estos tres libros tienen en común que son de lectura agradable, entretenidos y con sustancia.
Bill Bryson, Una breve historia de casi todo (Ed. RBA; 639 páginas).
Me lo aconsejó mi hermano pequeño, se lee fácilmente y está al alcance de cualquiera. Es una historia de la ciencia moderna no estrictamente cronológica, sino ordenada por temas. Además, se detiene en justificar cómo sabemos lo que sabemos. Trata de la física cuántica, la deriva de los continentes y la edad de la Tierra, la teoría atómica, el universo, la evolución, ... El autor salpica la narración con muchas anécdotas y aporta también detalles biográficos de los científicos.
Steven Pinker, El instinto del lenguaje (Ed. Alianza; 535 páginas).
El lenguaje ¿es algo que aprendemos, como nadar, o algo con lo que nacemos, encastrado ya en nuestra herencia genética? Los conceptos que podemos pensar ¿están limitados por las palabras que conocemos? ¿Es lenguaje la comunicación de los animales? Pinker es polémico, divertido, sugerente, provocador, exhuberante. Habla sobre el análisis sintáctico con tal vigor que parece mentira que en bachillerato nos resultara aburrido. Además, como el lenguaje es parte de lo que nos define como seres humanos, suscita reflexiones de gran calado.
Dava Sobel, Longitud (Ed. Anagrama; 202 páginas).
¿Cómo averiguar la posición de un barco en alta mar? Es relativamente fácil de obtener la latitud mediante la elevación del Sol, pero la longitud ... Resolver este problema se convirtió en una aventura, literalmente. Y llevó a la fabricación de los primeros cronómetros. Hablé de este libro hace poco, en relación con el Observatorio de Greenwich: ahora, ese museo está dedicado a la medición del tiempo, y allí se pueden ver los relojes de los que habla la autora. Además de que el edificio mismo es parte de la historia. El libro de Dava Sobel se hace corto, como una novela de suspense.
Por cierto: el (I) de esta entrada quiere decir que en cuanto tenga alguna otra sugerencia la pondré.