Astrónomos sin cúpula

30/05/2013 0 comentarios
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Sol visto por SDO el 29 de Mayo de 2013
Imagen del Sol del 29 de Mayo de 2013 vista por el satélite AIA/SDO.
En el centro un agujero coronal.

 

Muchos de los que hemos visto la astrofísica como una opción profesional a nuestras inquietudes juveniles de saber más sobre las estrellas, su formación en nubes de gas interestelar, el por qué y cómo se agrupan en cúmulos o galaxias, o explotan y dan lugar a ese famoso "polvo de estrellas", nos hemos imaginado en algún momento en la cumbre de una montaña, bajo la cúpula de un gran telescopio, en La Palma, Hawaii o Chile. Es esa visión romántica del investigador ensimismado mientras escudriña ese vasto y profundo cielo y espera a que el telescopio termine de recoger unos datos, que revelen esta vez sí detalles importantes de la investigación.

Esa imagen, siendo sin duda real y sucediendo muchas noches del año en cualquier observatorio del mundo, esconde también la parte más rutinaria y tediosa del proceso, la que ocupa más tiempo. Además, el astrónomo no pasa normalmente más de unos pocos días o semanas al año bajo la cúpula del telescopio. El resto del tiempo es un trabajador más en su oficina, procesando datos, ajustando modelos matemáticos, escribiendo artículos o propuestas científicas para competir por subvenciones. Algunos, de hecho, ni siquiera suben de noche al telescopio, lo hacen de día para observar el Sol, y curiosamente, por no pasar noches en vela, pueden ser apreciados como astrónomos de segunda categoría. Quién sabe si en una tercera categoría del imaginario estamos los que ni tan siquiera tenemos acceso al telescopio. Somos los que utilizamos datos de un observatorio espacial. Datos que obviamente no subimos a recoger y que descargamos a nuestro ordenador, sin más esfuerzo que el que nos supone descargar canciones, fotos o cualquier otro fichero de un servidor.

Me pongo muchas veces a reflexionar sobre esto cuando participo en las observaciones del satélite japonés Hinode. ¿Es uno realmente astrónomo si no tiene cúpula a la que subir? No siento, la verdad, después de todos estos años haber incumplido un sueño o vivir una versión devaluada de la profesión. Es la versión moderna en una sociedad cada vez más tecnológica y virtual.

Entre mis responsabilidades profesionales está la de ser varias semanas al año "remote chief observer" (observador jefe remoto) de un instrumento a bordo de Hinode, el espectrógrafo EIS. Ser observador jefe significa simplemente que uno es responsable último en las observaciones del instrumento, digamos el astrónomo bajo la cúpula, si la hubiera. Y lo de remoto no hace falta explicarlo, o quizás sí, porque uno no es remoto por no estar orbitando junto al instrumento, tendría gracia la cosa, sino por no estar haciendo las observaciones desde la sede central de la agencia espacial japonesa en Tokio. Y esto es habitual.

Es fascinante la precisión tecnológica necesaria para poner en órbita un instrumento complejo y mantenerlo funcionando durante años bajo las especificaciones en las que se diseñó, sin más intervención que unos comandos por radio. Y es sorprendente cómo se lleva a cabo la planificación y ejecución de las observaciones una vez el instrumento está en el espacio. Uno se imagina una sala  repleta de pantallas con docenas de ingenieros intercambiando frases ininteligibles.  En realidad, pasado el lanzamiento y unos cuantos meses de misión,  basta una reunión virtual, una teleconferencia entre varios observadores sentados en sus oficinas (o el salón de casa) de San Francisco, Boston, Washington DC, Londres, Oslo o Tokio para debatir los pormenores de la actividad solar de los últimos días y decidir el apuntado del telescopio. Con la ayuda de un programa sencillo para compartir la visualización de la pantalla del jefe de planificación de las observaciones en Tokio.

Decidido el plan general, cada observador responsable de un instrumento prepara un plan detallado de los diferentes tiempos y modos de observación (tiempos de exposición, campo de visión, filtros a utilizar, etc.) que queda reflejado en un pequeño fichero con una serie de comandos que cubren todo el plan. Unos tests de rigor y su transmisión por radio es todo lo que separa a esos comandos de su ejecución en el espacio unas horas después. Unas horas más tarde los datos estarán disponibles en mi portátil a sólo una página web de distancia, pero no sólo para mí, sino libremente y en varios servidores de todo el mundo para cualquier investigador, estudiante o aficionado que quiera hacer uso de ellos. 

Es cierto que la astronomía espacial le quitó la cúpula al astrónomo, pero acercó el cielo a la calle.