¿Fin de año?

29/12/2016 7 comentarios
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"Se aproxima el fin del año", gritan todos con euforia por estos días mientras se preparan para la que es posiblemente la fiesta más grande y universal del año. ¿Qué tiene que decir la astronomía sobre el "fin de año"? ¿termina realmente un ciclo astronómico cada 31 de diciembre a la media noche? es decir, ¿habrá realmente algo especial (desde el punto de vista astronómico) para celebrar ese día? y si no es así ¿hay una fecha más relevante en la que podamos celebrar el fin o el comienzo de un verdadero ciclo astronómico "anual"?

 Si el Sol pudiera hablar.

Es un hecho bien conocido por todos (por lo menos eso es lo que esperamos los astrónomos) que el calendario (el sistema que inventamos para nombrar el tiempo a largo plazo) y que define cuando "comienza" o termina el año, se basa en los movimientos cíclicos del Sol y la Luna en el cielo.

Estos movimientos a su vez se producen en respuesta a la rotación y traslación periódica de la Luna y la Tierra en el espacio alrededor del Sol (tal y como lo descubrirían hace más de 400 años Copérnico y Kepler).

Pero estos mismos hechos elementales tienen sin cuidado a la mayoría de los seres humanos que desde hace mucho tiempo dejamos de preocuparnos por lo que pasa en el cielo, en especial por la manera como los fenómenos astronómicos nos señalan el paso del tiempo.

La razón es simple (no hay que culpar a nadie): desde hace mucho distintos dispositivos tecnológicos (primero mecánicos y después electrónicos) "aprendieron" a imitar los ciclos astronómicos con alguna "precisión" (mas no con exactitud como veremos). Como resultado es más fácil para cualquiera ver un reloj o revisar la pantalla de un celular para saber en "qué van" esos ciclos, que observar el cielo.

Justamente la desconexión entre lo que nos dictan nuestros relojes, celulares y computadores, y lo que realmente pasa a escala astronómica, es lo que nos hace celebrar con euforia cada "año" lo que no es más que el cambio en los "dígitos" del calendario (el paso de 2016 a 2017, de diciembre a enero y de 31 a primero).

Esta celebración desconoce, sin embargo, que dichos cambios no corresponden en realidad a ningún evento físico o astronómico de relevancia y tampoco al fin de ninguno de los ciclos astronómicos en los que originalmente se basa el calendario.

La celebración de fin de año se basa simplemente en el cambio de todos los dígitos del calendario: día, mes y año, pero poco tiene que ver esto con los fenómenos astronómicos que inspiraron originalmente el calendario

¿Hace esto menos importante la celebración del 31 de diciembre? Posiblemente no, especialmente si lo que se necesita es una excusa para organizar una fiesta. Pero detenerse un momento a reconocer nuevamente los hechos elementales que motivaron la celebración no le hace daño a nadie. Mucho menos si como subproducto de esta reflexión podemos encontrar una excusa para organizar otra fiesta más (esta sí basada en hechos astronómicos concretos).

El culto a los números enteros

Como es bastante obvio el ciclo cuyo final supuestamente celebramos el 31 de diciembre tiene una duración similar a lo que tarda la Tierra en completar una vuelta alrededor del Sol, es decir un año. Sin embargo el "año" de los calendarios en computadores y celulares tiene una diferencia fundamental con el año verdadero (o año sideral como lo llaman los astrónomos).

La duración de ambos años (el de la fiesta de fin de año y el de la astronomía) es medida en días (es decir en términos de lo que tarda la Tierra en dar una vuelta sobre su eje). Los problemas comienzan en el hecho de que el año sideral no contiene un número entero de días.

Si contáramos con los dedos, con rayitas o con palitos de madera, el número de días que tarda la Tierra en dar una vuelta al Sol (año sideral), este tiempo nunca podría ser contado con exactitud. Al llegar al palito 365, todavía seguiría faltando un poquito de tiempo para completar la vuelta alrededor del Sol (para ser precisos faltaría cerca de un cuarto de día).

Como los seres humanos somos bastante malos por naturaleza para trabajar con números no enteros (¡sí! no solo usted tiene ese problema), muchas culturas de la antigüedad (especialmente las que nos heredaron el calendario), al contar juiciosamente los días del año prefirieron detener la cuenta en 365 (o 366 como veremos) y olvidarse por un momento de la pequeña diferencia (¡craso error!).

Como resultado, cuando llega la media noche del 31 de diciembre de un año normal han pasado exactamente 365 días desde la última parranda; como explicamos antes, sin embargo, la Tierra no habrá completado todavía una vuelta alrededor del Sol. Si somos rigurosos, no hay entonces razón para celebrar ¿o sí?

El año sideral (tiempo que tarda la Tierra en dar una vuelta al Sol) dura un poco más de 365 días. Sin embargo, como en el calendario la cuenta se hace con números enteros (1, 2, 3, .., 365, 1, 2, 3, ...), al llegar el nuevo 31 de diciembre nos falta aún un poquito (un cuarto de día) para completar una vuelta.

Hasta allí la historia es bastante conocida. Como conocido es también el hecho de que si empezando en un determinado 31 de diciembre contáramos de 365 en 365 días, la pequeña "colita" del año sideral que eliminamos, empezaría a convertirse en una diferencia de 1 día (al cabo de 4 fines de año), 2 días (al cabo de 8) o 30 días (al cabo de 120 navidades). Si así lo hiciéramos, el que originalmente era un ciclo basado en el movimiento de la Tierra alrededor del Sol, terminaría completamente desfasado de él.

Para evitar esto, un astrónomo romano inventó cerca del año 60 antes de la era común (a.e.c.) un truco ingenioso: cada 4 años el tiempo entre 31 de diciembre y 31 de diciembre es de 366 en lugar de 365 días. El día adicional (que sería agregado por decreto del Emperador después de la sexta jornada antes del primero de marzo, es decir en febrero, mes que por la misma razón tendría un segundo día sexto o bisiesto), permitiría corregir el conteo por los pedacitos de año eliminados en los 3 ciclos anteriores. Así pasó por ejemplo este año (2016) y pasará de nuevo en 2020, 2024, 2028, etc. (pero no en 2100 por razones que es más complicado explicar aquí).

Si fuéramos estrictos y comenzáramos la cuenta este próximo 31 de diciembre de 2016 a la media noche, la celebración de fin de año (una vuelta completa de la Tierra alrededor del Sol) de 2017 debería hacerse, no el 31 de diciembre de ese año a la media noche, sino un cuarto de día después, es decir el primero de enero de 2018 a las 6 a.m. (incómoda fecha); 365 días y un cuarto de día después (otra vuelta) caería el primero de enero de 2019 a las 12 m; y así sucesivamente.

Bueno, esto solo si somos rigurosos astronómicamente hablando. Casi nadie lo es cuando existe la promesa de fuegos artificiales y champagne.

Un lugar especial

Pero hay un segundo "agravante" astronómico con nuestra eufórica celebración de fin de año. Si de escoger el inicio de un ciclo astronómico se trata, deberíamos fijarnos en un momento especial dentro del ciclo, uno que fuera diferente de otros momentos.

Así pasa por ejemplo con el día (otro ciclo astronómico).

El punto de referencia que usamos para marcar el inicio del día corresponde a aquel en el que el Sol está más alto en el cielo (esta idea la heredamos a los romanos). Este es un instante diferente a todos los demás en el día (no pasa lo mismo con la salida o puesta del Sol por el horizonte que ocurren en instantes diferentes dependiendo de la época del año o del lugar de la Tierra en el que estemos). Por razones prácticas (esencialmente para que la gente en medio de su jornada de trabajo no se confunda sobre el día de la semana en el que está) escogemos ese instante, no como el inicio, sino como la "mitad" del ciclo (el medio día); de ese modo el inicio queda definido a la media noche (0 horas dicen los relojes).

Lo que es claro de este ejemplo es que no podemos usar cualquier momento de un ciclo astronómico (el día o el año por ejemplo) para marcar el inicio del mismo. 

Volviendo al año, si el movimiento de la Tierra alrededor del Sol fuera perfectamente circular, todos los días serían idénticos (astronómicamente hablando, por supuesto). Así, escoger un día arbitrario como el 31 de diciembre para celebrar el fin o el inicio del ciclo, no tendría ningún problema. Pero no es así. La órbita de la Tierra es "ovalada" (elíptica para ser exactos). Como resultado cada lugar de la órbita es diferente del resto.

La órbita de la Tierra no es circular.

Existen dos puntos sobre la órbita de la Tierra que tienen una característica peculiar. En el primero de ellos, llamado por los astrónomos "perihelio", la distancia de la Tierra al Sol es la menor de todas en su órbita. En el segundo, el "afelio", la Tierra está más lejos del Sol que el resto del año.

Si de escoger un momento para comenzar el año se tratase, cualquiera de esos dos puntos podría ser una buena elección. Pero ¿en qué fecha del calendario de mi celular inteligente la Tierra pasa por esos puntos? Pues depende. En 2017 por ejemplo el paso por el perihelio ocurrirá el 4 de enero en la mayor parte del mundo. Dos años después (en 2019), el paso por el perihelio (en parte por ese asunto de comerse la "colita" del año sideral y contar de 365 en 365), estará ocurriendo el 3 de enero.

Por otro lado, el paso por el afelio se produce entre el 3 y el 6 de julio

Si fuéramos estrictos con los ciclos astronómicos nos tocaría escoger: o celebramos el fin de año (astronómico) cerca al 4 de enero o lo hacemos el 3 de julio. Como el peso de la tradición es grande imagino que se inclinarán, como yo, por el 4 de enero.

Sí, lo sé. Pasar del 4 de enero de 2017 al 5 de enero de 2017 no es muy emocionante "numerológicamente" hablando: no cambia ni el mes ni el año. En cambio pasar del 31 de diciembre de 2016 al 1 de enero de 2017 implica cambio de mes y de año. ¡Uy! ¡qué emocionante!

Deberíamos hacer una elección sabia: o volvemos a usar con rigor los ciclos astronómicos o seguimos celebrando simplemente el cambio de nombres y números en las fechas de un calendario artificial.

Deberíamos aplazar nuestra celebración de fin de año para el perihelio (el punto de máxima aproximación de la Tierra al Sol) que corresponde a un punto realmente distinto sobre la órbita de la Tierra en lugar de hacerlo el 31 de diciembre. O mejor aún ¡celebrar el fin de año dos veces!

Contando con fraccionarios

Pero el sacrificio de modificar el día de la celebración del fin de "año", va más allá de un simple cambio de fecha.

Si queremos mantener nuestras celebraciones sincronizadas con los ciclos astronómicos, aprovechando que nuestra "alergia" por los números no enteros ha sido superada hace mucho tiempo (ahora que tenemos a los computadores para que nos ayuden con las cuentas), deberíamos contar 365 días y un cuarto de día entre celebración y celebración. Esto implicará, sin embargo, que cada año la fecha del calendario y la hora de nuestra fiesta de "feliz perihelio" va a ser distinta.

Para los que se animen a seguir esta recomendación abajo presento las fechas y horas de los perihelios de los próximos 4 años.

Fechas y horas de los perihelios de los próximos 4 años. La hora está dada en tiempo de Greenwich. Se indica allí también la distancia a la que estará la Tierra del Sol en el perihelio respectivo.  Fuente: https://www.timeanddate.com.

Pero hay otro detalle incómodo (¡¿otro?!): la celebración deberá hacerse exactamente a la misma hora en todo el mundo. No a la media noche de cada lugar. Tampoco a la hora mostrada en la tabla anterior tal y como lo marcan los relojes de cada ciudad. No. Cada lugar de la Tierra deberá calcular la hora teniendo en cuenta la diferencia horaria con Greenwich, Inglaterra (los tiempos dados en la tabla anterior están referidos al meridiano de esa ciudad).

Así por ejemplo en España la fiesta de "feliz perihelio" de 2017 se debería celebrar el 4 de enero a las 15:17. Mientras tanto, en Colombia, mi país, la celebración debemos hacerla el mismo día pero a las 9:17 hora local colombiana.

Se acabarían así las transmisiones noticiosas mostrándole a los habitantes de Europa y América las celebraciones "anticipadas" del cambio de año en Australia o China. La fiesta ahora sería de dimensiones colosales: todo un planeta gritando al unísono "feliz perihelio". ¡Genial!

¡Feliz perihelio! Una fiesta que se realizaría en todos los lugares del planeta al mismo tiempo. Como resultado, en algunos lugares la fiesta sería por la noche, pero en otros sería a plena luz del día.

Un año no muy regular

Pero incluso esta idílica escena en la que el planeta entero se vuelve consciente de que debe celebrar los ciclos astronómicos en lugar de cambios "arbitrarios" de días y nombres en el calendario, tiene sus defectos.

Como se ve en la tabla anterior, la llegada de la Tierra al "mismo" punto de su órbita no ocurre en realidad exactamente de forma periódica. Entre el perihelio de 2017 y el de 2018 transcurrirán 363,83 días y entre el perihelio de 2018 y el de 2019, 364,96 días.

¿Cómo es eso posible? ¿no habíamos partido del hecho de que el tiempo que tarda la Tierra en dar una vuelta es de 365 días y un cuarto?

La culpa del "despelote" la tienen ahora Júpiter y Venus, con la complicidad de los demás planetas del sistema solar. Todos ellos le hacen "bullying" gravitacional a la Tierra y modifican sutilmente su órbita (que de otro modo sería dominada exclusivamente por el Sol); estas pequeñas perturbaciones hacen que nuestro planeta llegue a veces antes y a veces después del tiempo esperado (365 días y un cuarto) al perihelio.

Pongámoslo en estos términos: llegó la hora de abrazar la idea de que nuestro universo inmediato y los "ciclos" en los que se basa nuestro calendario podrían no ser completamente regulares después de todo.

Conteo regresivo

Si todo les parece todavía muy complicado y creen que es más fácil simplemente ver el reloj para saber cuando celebrar el fin de año, les suplico que no se rindan todavía.

Recuerden que siempre podrán contar con un "amigo de silicio" (un computador) para ayudarles a saber cuándo exactamente termina el "año".

Como es común que la mayoría lleve en sus bolsillos un dispositivo para conectarse a Internet (es decir al computador de otro), he preparado una sencilla página web con el propósito de informar permanentemente cuándo será el próximo perihelio (entre otros momentos astronómicos de alguna relevancia que lamentablemente parecemos haber olvidado):

http://astronomia-udea.co/calendar

 

Allí encontrarán además un conteo regresivo hasta el próximo perihelio (próximo fin de año astronómico).

Conteo regresivo para el próximo Perihelio.

No hay ninguna excusa entonces para perderse la celebración de los próximos perihelios.

Cuando llegue el momento les deseo a todos ¡una feliz nueva vuelta al Sol!...

Para saber más:

  • https://www.youtube.com/watch?v=rPbgVBqFpBw
    A propósito del año bisiesto ofrecí el 29 de febrero de 2016 una conferencia que grabé de forma artesanal y compartí en YouTube. No es la mejor grabación, pero la charla resume algunos aspectos importantes y curiosos sobre el calendario.

  • https://www.timeanddate.com/astronomy/
    Un excelente sitio sobre el tiempo y el calendario, incluyendo los fenómenos astronómicos relacionados con ellos.

  • https://en.wikipedia.org/wiki/New_Year%27s_Day
    Imposible no recomendar el artículo en inglés muy completo acerca sobe el día de año nuevo en Wikipedia.  Nos confirma la arbitrariedad en la elección del día de fin de año.