Las "estrellas" de Belén

06/01/2016 3 comentarios
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La Fiesta de Reyes es posiblemente la única tradición cultural y religiosa de occidente que tiene implicado un (supuesto) fenómeno astronómico. Si bien se ha escrito mucho sobre el asunto y una nueva entrada de blog difícilmente podría agregar algo realmente novedoso, aprovecho la fecha (Fiesta de Reyes de 2016) para proponerles una manera diferente para abordar esta popular tradición desde la astronomía, de modo que se respeten al mismo tiempo los hechos científicos y el valor que para todos tienen sus creencias y tradiciones

Primera página del ensayo escrito por Kepler sobre la estrella nueva de 1604 que inició históricamente la investigación astronómica sobre la <em>estrella</em> de BelénCorre el año 1604. Una estrella "nueva" se ve en los cielos desde todos los rincones del planeta. Se trata nada más y nada menos que una supernova, la manifestación visible de la muerte de una estrella masiva como lo entenderíamos más de 3 siglos después.

Tan solo unos meses antes de la aparición de esta estrella, el 17 de diciembre de 1603, un raro evento astronómico tuvo lugar. Los planetas Júpiter, Saturno y Marte se vieron muy juntos en el cielo, casi en la misma región en la que aparecería la estrella nueva unos meses después (la constelación de Ofiuco cerca a Escorpión). A este fenómeno se lo conoce como una "conjunción triple".

Si bien las conjunciones son eventos muy curiosos y bonitos, la astronomía sabe que se repiten de forma más o menos regular. En el caso de Júpiter y Saturno, por ejemplo, conjunciones cercanas se producen con una periodicidad de aproximadamente 20 años. Así, desde 1604 han ocurrido aproximadamente 20 conjunciones similares entre estos planetas.

Las conjunciones triples son mucho más raras, pero no pasa más de unos siglos sin que se repitan otra vez. La razón de esta regularidad es simple: todos los planetas se mueven en el cielo siguiendo una estrecha franja conocida como la "eclíptica". No es difícil que si en algún momento se encuentran "alineados", con el tiempo terminen alineándose nuevamente.

Pero, ¿qué tienen que ver estos dos eventos ocurridos en pleno renacimiento, con la Fiesta de Reyes o la celebración del nacimiento de Jesús ocurrida 1600 años antes?

Ambos eventos, la triple conjunción de 1603 y la supernova de 1604, atrajeron la atención de los astrónomos renacentistas, entre ellos el más grande de todos: Johannes Kepler. Kepler, un devoto católico y astrólogo reconocido (una muy poco ortodoxa pero conveniente combinación), vio en esta coincidencia astronómica de su tiempo, una clave de lo que podría haber sido el fenómeno astronómico (la "estrella" según los relatos bíblicos) que habría guiado a algunos sabios babilonios hacia el lugar de nacimiento del mesías semítico (según las profecías conocidas en la época).

Armado con las herramientas de cálculo de la astronomía de la época (que dominaba a la perfección) Kepler determinó que una conjunción similar a la que él mismo había visto antes de la aparición de la estrella nueva aquel 1604, se habría producido cerca al año 6 antes de la era común (a.e.c.). Si además de la conjunción, razonaba Kepler, una estrella nueva (supernova) se hubiera visto en el cielo en el lugar correcto, sin lugar a dudas habría atraído la atención de los astrónomos y astrólogos de la época (los "magos" de los relatos bíblicos) pero también del resto del orbe.

La suma de dos eventos astronómicos poco comunes (conjunción y estrella nueva), una coincidencia en el tiempo de ambos eventos, la profecía semítica de la llegada del mesías acompañado de una estrella y el simbolismo astrológico de las constelaciones donde ocurrirían los fenómenos (la constelación de Piscis, Aries o Leo), fueron razones suficientes para que Kepler se convenciera de que tenía entre manos la explicación "científica" de la leyenda bíblica.

Lamentable o afortunadamente, las ideas (de naturaleza astrológica y pobremente fundamentadas como comprobaríamos después) del gran Johannes Kepler acerca de la naturaleza del relato bíblico, trascendieron su tiempo.

Hoy, cada diciembre y cada Fiesta de Reyes, astrónomos profesionales y aficionados de todo el mundo "comparecemos" ante el público y los medios de comunicación, que buscan en la astronomía una validación científica a una leyenda de la antigüedad y a una arraigada tradición cristiana.

Uno de los muchos espectáculos sobre la <em>estrella</em> de Belén que se realizan en Planetarios y Museos en temporada navideñaPlanetarios, museos de ciencia y hasta centros de investigación han aprovechado la popularidad de esta conexión entre la tradición y la ciencia, para atraer al público hacia la astronomía y la investigación científica durante los días de las celebraciones religiosas. Es casi imposible que no se programe en algún lugar del mundo durante estos meses, conferencias, shows en domos planetarios, programas radiales o de televisión sobre la "astronomía" de la "estrella" de Belén.

Investigadores científicos e históricos (y otros investigadores menos "ortodoxos") han ahondado en el tema utilizando técnicas astronómicas, arqueológicas e históricas mucho más avanzadas de las que disponía Kepler en su tiempo.

411 años de "investigación" han conducido a una conclusión clara: no hubo una "estrella" de Belén. En realidad ocurrieron muchas. O por lo menos (y esta es mi propuesta aquí) esta última podría ser la manera más apropiada (políticamente correcta) de describir sus hallazgos.

Para empezar, el año de nacimiento de Jesús de Nazareth (el mesías semítico según la tradición cristiana) no se conoce con precisión. Según la tradición, Jesús habría nacido por definición en el año 1 de la era común (e.c.; su nacimiento define justamente el inicio de esta era). Otros investigadores apuntan al año 2 a.e.c. Gracias a los minuciosos registros romanos la mayoría de los investigadores históricos señalan que el nacimiento no pudo ocurrir después del año 4 a.e.c., año en el que murió Herodes el Grande, gobernador de Judea en aquellos tiempos y que aparece mencionado en los relatos bíblicos. Kepler y otros astrónomos han cifrado en los años 6 y 7 a.e.c. el nacimiento del mesías, usando para ello los métodos astronómicos antes mencionados.

Sin otra prueba disponible, el nacimiento del personaje histórico del que habla la Biblia, tendría una incertidumbre mayor a 6 años. ¿Cuántos eventos astronómicos de relevancia pudieron ocurrir en ese período de tiempo? ¡Decenas de ellos! El cielo es un sitio más emocionante de lo que pensaba Kepler.

Para empezar se han identificado como mínimo 9 conjunciones planetarias, que ocurrieron con absoluta seguridad entre el año 7 a.e.c. y el 1 e.c. Tan solo 7 conjunciones ocurrieron entre los años 3 y 2 a.e.c. Una de ellas, en el año 2 a.e.c. ocurrió entre los planetas Júpiter y Venus, los más brillantes del cielo, muy cerca además de la estrella Regulus de la constelación de Leo (de gran importancia simbólica en la tradición judeo-cristiana). Otra conjunción de Júpiter y Venus ocurrió en el año 3 a.e.c.

Muchas de estas conjunciones se habrían visto en el atardecer, en dirección al occidente. Lamentablemente Belén (o Nazareth como debería ser correctamente según los registros históricos), queda al suroccidente de Jerusalén o de Babilonia de donde podrían provenir los "magos" del relato bíblico.

El pintor Giotto di Bondone fue posiblemente el primero en especular a través de sus pinturas la posible naturaleza astronómica de la estrella de Belén, representada aquí como un cometa (un fenómeno que en su tiempo todavía se consideraba de naturaleza atmosférica)

El cometa Halley hizo una aparición en el año 12 a.e.c., por fuera de la ventana de observación definida anteriormente de modo que quedaría descartado (¿o no?). Otros cometas, según investigaciones recientes, pudieron verse en todo el mundo en los años 5 y 6 a.e.c. Tres grandes cometas en una década, ¡no está mal! Pero esta es una estadística bastante común. Basta recordar que tan solo entre los años 1996 y 1997 pudimos presenciar 2 grandes cometas (el Hyakutake y el Hale-Bopp). Si usáramos la pobre lógica de Kepler o los astrólogos, podríamos decir que estos cometas presagiaron el nacimiento, por ejemplo, de Malala Yousafzai, la activista pakistaní reciente ganadora del Premio Nobel de Paz y una verdadera "mesías" de los derechos femeninos en oriente.

Pero un momento. En realidad los cometas han sido tradicionalmente asociados a grandes desastres o malos augurios (el Hale-Bopp y el Hyakutake por ejemplo, en el mundo imaginario de astrólogos y otros magos, pudieron presagiar la gran epidemia de gripe de finales de 1997 en Asia). De modo que los cometas no se consideran buenos candidatos para anunciar la llegada del mesías (muy en contra del deseo de Giotto di Bondone que representó la escena en su famosa pintura de la Adoración de los magos con un cometa, uno verdadero, el cometa Halley que apareció en los años en los que Giotto pintó su cuadro - véase imagen arriba).

¿Qué decir de una supernova? Recordemos que la idea de que una estrella nueva hubiera ocurrido en coincidencia con una conjunción planetaria, marcando así el evento astronómico que señalaría el nacimiento de Jesús, estaba entre las primeras especulaciones de Kepler. Lo que Kepler no sabía sin embargo era que, a diferencia de las conjunciones, las estrellas nuevas no aparecen de forma periódica o predecible. Son eventos completamente fortuitos. Aun así existe al menos un registro histórico de que una estrella nueva (o un cometa, no hay certeza) fue observada por astrónomos chinos y coreanos en el 5 a.e.c.

Más recientemente se ha sugerido que una hipernova, o la explosión catastrófica de una estrella supergigante que produce 10 veces la cantidad de luz de una supernova convencional, podría haber ocurrido en la vecina galaxia de Andrómeda en aquellos años, sin dejar (lamentablemente) ningún registro visible. El mismo fenómeno, sin embargo, podría haber ocurrido en cualquier época de la historia.

Varias décadas de investigación astronómica nos han enseñado que las supernovas se producen en una galaxia con una "frecuencia" de 1 o 2 por siglo. Tan solo durante la vida de Kepler ocurrieron 2 (en 1572, cuando tenía apenas un año y en 1604). Otra supernova ocurrió durante el mismo siglo xvii (en 1680). De ser así, la posibilidad de que una supernova ocurriera en los 6 o 7 años de incertidumbre que tenemos sobre el nacimiento de Jesús no es despreciable (poco más del 10 %).

Si el mesías semítico fuera anunciado con una supernova, también podría haber nacido en el 185, en el 386, en el 1006, en el 1054 o en el 1181 (este último es casualmente el año de nacimiento de San Francisco de Asís).

En conclusión, es obvio que eventos astronómicos muy vistosos y de alguna relevancia para los astrólogos de la antigüedad (varios de ellos y no uno solo) ocurrieron entre el año 7 a.e.c. y el 1 e.c. Continuar investigando para determinar cuál es el "correcto" es tan inútil como investigar cuál fue el evento astronómico más importante entre el año 945 e.c. y el 955 e.c. (las fechas son arbitrarias).

Parece también muy poco científico (aunque no lo era en los tiempos de Kepler hace 411 años) fundar una investigación en un relato legendario y aparentemente bastante sesgado y supersticioso (hay que recordar que la "estrella" de Belén solo es mencionada en uno de los evangelios, el de Mateo). Hacerlo en los tiempos de la astronomía de neutrinos, los planetas extrasolares y el multiverso, es comparable a que oceanógrafos avezados siguieran buscando la Atlántida o como si los geólogos discutieran la constitución mineral del monte Olimpo.

Saber esto no acabará, por supuesto, con la tradición del Día de Reyes. No es el propósito hacerlo. Este enfoque, el de cambiar una estrella de Belén por las decenas que se produjeron en aquellos años, puede ayudarnos a los astrónomos del mundo a responder de forma más educada a los mismos cuestionamientos que se repetirán por estas épocas en los años por venir.

Para saber más

Son tantos los artículos impresos y en línea, así como los libros escritos sobre el tema que sería difícil hacer un recuento de los más importantes en este espacio. Los refiero aquí sin embargo a 3 referencias interesantes y cercanas al enfoque de esta entrada:

  1. Artículo en la Wikipedia en Inglés sobre el tema. https://en.wikipedia.org/wiki/Star_of_Bethlehem.
  2. Artículo "Kepler and the Bethelem Star", Journal of the Royal Astronomical Society of Canada, Vol. 31, p.417 (1937).  http://articles.adsabs.harvard.edu/full/1937JRASC..31..417B/0000417.000.html
  3. Artículo "Kepler's View of the Star of Bethlehem and the Babylonian Almanac for 7/6 B.C.", Iraq Vol. 46, No. 1 (Spring, 1984), pp. 43-55.  http://journals.cambridge.org/action/displayAbstract?fromPage=online&aid=9206364&fileId=S0021088900007014