La intrincada historia de Dolly

30/08/2016 0 comentarios
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Veinte años después de convertirse en el primer mamífero clonado, recordamos a la ilustre oveja escocesa

Seguramente muchos recordaréis sus ojos de cordero mirando a las cámaras en el inverno de 1997. Rodeada de periodistas, Dolly saludaba al mundo y con sólo seis meses de edad se convertía en el animal de moda, a la vez milagro biomédico y objeto de preocupación ética. Había nacido en el verano anterior tras un proceso de gestación peculiar: un grupo de científicos había insertando el núcleo de una célula de oveja adulta en un óvulo vacío. Por ello, en lugar de compartir la mitad del material genético con cada uno de sus padres, Dolly era idéntica a la oveja que había donado el núcleo celular y se convertía en el primer mamífero clonado.

 

 Dolly rodeada de periodistas (arriba) y proceso de clonación que dio lugar a su embrión (abajo). Ambas imágenes extraídas de www.roslin.ed.ac.uk

En los últimos años he tenido la suerte de empaparme más y más de esta fascinante historia. Dolly nació en el Instituto Roslin, situado en una aldea a pocos kilómetros de Edimburgo, la ciudad en la que resido. Y la Universidad de Edimburgo ha decidido crear un archivo con todos los materiales que documentan su vida. Esto es una mina de oro para cualquier historiador y por ello decidí embarcarme en un proyecto que sitúa a Dolly en una trayectoria larga de investigación en genética animal.

Lo primero que sorprende del archivo es que la historia de Dolly puede remontarse 100 años atrás. La ganadería ha sido siempre una actividad económica fundamental en Escocia y, al menos desde finales del siglo XIX, los científicos colaboraron con ella. En Edimburgo, el biólogo James Cossar Ewart estudió las ventajas de cruzar, de forma selectiva, distintas especies de animales y convirtió la capital escocesa en pionera en la nueva ciencia de la genética.

Durante la década de 1930 se creó en la Universidad de Edimburgo el Instituto de Genética Animal y, en 1947, la llamada Animal Breeding Research Organisation (ABRO). Esta organización se encargaba de ayudar a los ganaderos a desarrollar variedades más productivas de cerdos, vacas, ovejas y otros animales de consumo humano. Durante los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial cumplió una función fundamental, ayudando a paliar el racionamiento y problemas alimenticios en el Reino Unido. Conrad Hal Waddington, uno de los genetistas británicos más prometedores del momento, se trasladó de Cambridge a Edimburgo para convertirse en referente científico de estas nuevas instituciones.

 

Arriba, Ewart posa con Romulus, híbrido de una cebra y caballo, hacia 1899. Abajo, experimentos con aves en el Instituto de Genética Animal. Ambas imágenes extraídas de https://towardsdolly.wordpress.com/

La fama de los genetistas escoceses se fue disipando a medida que los británicos comían mejor. En un Reino Unido crecientemente urbano, la agricultura y el cruzamiento de animales se veían cada vez más como una reliquia. A principios de los 80, Margaret Thatcher estuvo a punto de cerrar ABRO en su política de reducir recursos y aumentar la eficiencia económica de la ciencia. Waddington ya estaba entonces jubilado y sus sucesores respondieron con un plan de modernización que introducía en las ciencias agrícolas las nuevas técnicas de ingeniería genética.

El plan fue desarrollado por Richard Lathe y John Clark, dos jóvenes biólogos moleculares con una formación distinta a la de los científicos tradicionales de ABRO. Su objetivo era obtener ovejas genéticamente modificadas que expresaran en su leche proteínas útiles para el tratamiento del enfisema pulmonar, hemofilia y otras enfermedades humanas. Dentro del clima de creciente privatización y comercialización de la ciencia en los años 80, crearon una empresa biotecnológica, Pharmaceutical Proteins Limited (PPL), para vender las proteínas a multinacionales farmacéuticas. animal.

La primera oveja transgénica fue Tracy, que nació en 1990. Para entonces, los laboratorios de genética animal en Edimburgo se habían trasladado a una antigua granja experimental de ABRO situada en Roslin. Los científicos pronto se dieron cuenta de que la leche no producía la cantidad de proteínas terapéuticas suficiente para una distribución comercial, posiblemente porque el embrión de Tracy no había asimilado bien la modificación genética. Fue entonces cuando se plantearon crear embriones artificiales y cuando el proyecto ganó un nuevo protagonista: Ian Wilmut, un experimentado embriólogo considerado a la postre padre de Dolly.

El equipo comenzó a utilizar entonces la técnica de transferencia nuclear, ideada por Wilmut y consistente en insertar núcleos celulares en óvulos como medio para crear embriones. De ahí nacieron tres ovejas más: Megan y Morag (a partir de núcleos de células sexuales en 1995) y Dolly (a partir de una célula adulta en 1996). Además de Wilmut, fue básico el papel de otro científico, Keith Campbell, que consiguió eliminar las características adultas de los núcleos celulares y revertirlos a estado embrionario. Este rebobinado celular es lo que convertía en clones o copias exactas de las donantes de los núcleos a las ovejas que nacían de los embriones.

 

 Arriba, cuerpo disecado de Tracy (oveja transgénica pero no clonada). Abajo, Megan y Morag (ovejas clonadas pero no transgénicas, al igual que Dolly). El cuerpo de Tracy fue adquirido por el Museo de la Ciencia de Londres y el de Dolly puede verse en el Museo Nacional de Escocia. Imágenes extraídas de www.sciencemuseum.org.uk y www.roslin.ed.ac.uk

Dolly ganó una enorme popularidad como primer mamífero idéntico a otro animal adulto. Sin embargo, el proyecto que motivó su clonación nunca llegó a materializarse: las ovejas genéticamente modificadas (incluso aquellas obtenidas por transferencia nuclear) eran incapaces de producir suficientes proteínas terapéuticas. Las pocas proteínas que se obtuvieron en cantidad apreciable quedaron atrapadas en interminables ensayos clínicos.

Estos accidentes no impidieron que Dolly se convirtiese en una permanente fuente de inspiración. Además de los debates éticos sobre clonación y su posible aplicación a humanos, la oveja ha sentado las bases para importantes desarrollos en células madre y medicina regenerativa. Su legado, que continúa hoy pese a su muerte prematura en 2003, nos enseña que la imaginación científica no se puede coartar con políticas restrictivas. En otras palabras, la ciencia siempre dará resultados, aunque no sean los previstos.

 

Campbell (izquierda) y Wilmut (derecha) junto con algunas de sus ovejas: https://fuentedelaeternajuventud.wordpress.com/2012/10/23/ranas-ovejas-y-celulas-en-el-camino-al-nobel/