Lincoln, Hahn, Obama

29/05/2009 3 comentarios
Menear

Esta primavera de 2009 el Presidente Obama ha impartido un discurso memorable, otro mas, en la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, en el que ha anunciado la mayor inversión en ciencia y en educación de la historia de la nación y, por tanto, de la Humanidad. El anuncio de tal inversión, cuya realización tendrá consecuencias en todo el mundo, se produce en un punto muy bajo, según todos los indicios todavía cuesta abajo, de una profunda crisis económica que está destruyendo los puestos de trabajo y el bienestar a corto plazo de una parte importante de los mismos ciudadanos que han elegido al Presidente. 

 

Obama empezó su discurso recordando al Presidente Lincoln, quién creó la propia Academia en otro año aciago, 1863, poco tiempo después de la pavorosa  derrota que sufrieron los ejércitos de la Unión en las colinas de Fredericksburg durante la guerra civil norteamericana, un momento en el que la nación misma y, sobretodo, los valores de libertad y de igualdad que la animaban, estaban muy seriamente amenazados.

 

El anuncio de Obama, como el de Lincoln y el de otros dirigentes que puedan ocupar responsabilidades menos prominentes, en el contexto en el que se producen son la cristalización de una corriente de fondo que habita en ciertas sociedades. Un ejemplo europeo es el que protagonizó en el año 1948 Otto Hahn, premio Nobel de Química que no pudo recoger en su momento por encontrarse cautivo de guerra, protector de muchos conciudadanos judíos en plena Alemania nazi, cuando consiguió focalizar esfuerzos para fundar la Sociedad Max-Planck dedicada a la investigación de frontera a partir de los restos de la organización Kaiser Wilhem, en un momento en el que al término de la segunda guerra mundial Alemania se encontraba, literalmente, en ruinas.

 

Es una cuestión de íntimas prioridades culturales, con importantes consecuencias.

 

Además de la visión de líderes excepcionales, hombres y mujeres que vislumbran más lejos de lo que alcanzamos a ver los demás y de tal suerte cambian para bien el destino de todos, estas decisiones, que pueden resultar fuertemente contra intuitivas en momentos de necesidades mas perentorias, reflejan la madurez, la determinación, los valores y, en consecuencia, las prioridades de las sociedades que las comparten e implementan. 

 

Unas prioridades que en Alemania han conducido a la institución que actualmente es la número uno del mundo en calidad de investigación no universitaria y que en Estados Unidos  impulsan a las Universidades que copan casi todos los treinta primeros lugares en los ránkings mundiales del ramo. En cualquier caso, instituciones que constituyen piezas centrales para, entre otras cosas, sustentar económicamente a las sociedades que las crearon o impulsaron en momentos que lo eran todo menos propicios, y que a pesar de todas las dificultades, o mejor dicho quizás en la certeza de que el futuro siempre trae nuevos desafíos,  las miman como uno de sus mas preciados tesoros.