Arte científico-14. Teoría de cuerdas, realidad de cordeles: la obra de Jo Milne

04/10/2016 0 comentarios
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Se comenta la obra artística en 2D y 3D de la artista británica Jo Milne inspirada en la teoría de cuerdas y otros campos de física avanzada. La artista no tiene formación científica específica pero está fascinada por la ciencia. Ello permite reflexionar sobre los factores que llevan a no-científicos a dicha fascinación, con Salvador Dalí como ejemplo destacado.

Jo Milne [+]  es una artista británica afincada en Cataluña y apasionada por la ciencia. Su actual exposición No hago predicciones sino excusas está en el Espacio Volart de la Fundació Vila Casas de Barcelona, hasta el 18 de diciembre de 2016. Se ha editado un catálogo con reproducciones fotográficas de todas las obras, y una introducción de Octavi Rofes, antropólogo y profesor de diseño. El título de la exposición es una variante de la frase del físico Richard Feynman (1918-1988) "La teoría de cuerdas no plantea predicciones sino excusas". Era un poco escéptico, en aquel momento, sobre las especulaciones que hacía la teoría de cuerdas y de supercuerdas.

 Portada llibre.jpgMe cuesta mucho comprender la literatura que se hace sobre el hecho artístico en general cuando deja de ser descriptiva de aquello que se ve y entra en aquello que expresa —o que cree que expresa— la obra. Un ejemplo de lo que no entiendo es la frase de Paul Kockelman (2010) sobre la exposición de Jo Milne, que está en el catálogo: "... dos tipos de traducción (o mediación) que se podrían caracterizar vagamente como traducción material (o canalizar entre señalizadores e interpretantes, como circulación) y traducción significativa (o codificar entre signos y objetos, como interpretación). Así, tal como los códigos relacionan signos a los objetos (o mensajes a referentes), los canales relacionan señalizadores a interpretantes (o emisores a receptores)".

No lo entiendo mucho. Cada palabra es más o menos comprensible, pero el conjunto se me escapa. Me pasa lo mismo que en la divulgación de determinados conceptos de cosmología o de mecánica cuántica. Por ejemplo, Stephen Hawking escribe, en El universo en una cáscara de nuez (2001), que "En los universos membrana, los planetas podrían girar alrededor de una masa oscura situada en una membrana "sombra" porque la fuerza gravitacional se propaga en las dimensiones adicionales".

Tampoco lo entiendo. Cada palabra es comprensible, pero no sé qué me ha dicho. Probablemente ahora ya haya cambiado todo el concepto del texto, porque es de hace quince años. No es que reproche a Kockelman o a Hawking lo que escriben, porque si no lo entiendo es por mi ignorancia. Lo que sí que me parece es que esta literatura no es divulgativa.Osmocosmo

Imagínese, pues, la dificultad de comprender y asumir la obra de Jo Milne, que une el mundo artístico descrito por Kockelman con el mundo físico de Hawking. Milne intenta hacer tangibles y visibles algunos aspectos de la nanotecnología, y de objetos y teorías más abstractas, como la teoría de cuerdas y supercuerdas, los agujeros de gusano, los quarks o el big bang.

Ni de la exposición ni del catálogo me queda claro el procedimiento de trabajo de Milne. Hace figuras mediante impresión 3D o mediante ovillos de cordel de nailon, y representaciones en 2D, algunas de las cuales parecen proyecciones sobre el plano de las figuras 3D, mientras que otras son creadas directamente en 2D. Ha trabajado en el Citilab [+] , laboratorio ciudadano (quoi que ce soit) ubicado en Cornellà del Llobregat, donde desarrollan proyectos relacionados con artes urbanas y redes sociales.

Ninguna de las representaciones de Milne parece derivarse de ecuaciones matemáticas de las teorías representadas, o al menos ello no se explicita en ninguna parte. Los esquemas y representaciones no son explicativos ni pretenden serlo, a diferencia de los dibujos de los libros o artículos de divulgación, que tampoco suelo entender completamente pero al menos hay un pie de figura explicativo. Los de Milne son, en mi opinión, sólo evocativos. Me recuerdan algunos cuadros del expresionismo abstracto de Jackson Pollock, que buscadamente no tienen tampoco significado tangible.Manifestly Manifolded

Varios artistas o pensadores sin una formación específica en ciencia están o han estado fascinados por la ciencia. Milne es un ejemplo actual, pero pensemos en el político Shimon Peres, fallecido el septiembre de 2016, de quien sus biógrafos dicen que sentía pasión por la nanotecnología a pesar de no haber estudiado nada de ciencia, sino sólo algunos cursos de agricultura. O Salvador Dalí, que comentaremos después.

No es que las personas fascinadas por la ciencia la entiendan. Se me encargó en una ocasión que escribiera un texto científico explicativo para una revista de una institución. Me debió salir demasiado complicado, porque la persona que me lo encargó me dijo. "No lo he acabado de entender. Lo leeré otra vez a ver si te comprendo el argumento". Me costó un poco hacerle entender que el texto científico no tiene "argumento" en el sentido de que no se trata de un silogismo o de una proposición lógica, sino que es una descripción hecha con terminología experta, que no todo el mundo domina, y que quien me lo criticaba no tenía. Como nos pasa —al menos me pasa a mí— con los textos citados de Kockleman o de Hawking.

La fascinación por la ciencia que muestra un no-científico puede venir de los temas que trata la ciencia, apasionantes en sí mismos: el origen de la vida, hacia dónde va el universo, la reproducción, la evolución, la psicología, el azar... O quizás la fascinación es dada por la metodología científica, la aparente exactitud y racionalidad, aparentemente tan alejada de las subjetividades filosófica, literaria o artística. O por la admiración hacia un científico determinado, quizás por motivos que no tienen nada que ver con la ciencia que realiza: la fascinación por Stephen Hawking tiene tanto que ver con lo que investiga, como con la forma como lo divulga, como con su estado físico y su lucha contra la enfermedad, que lo ha transformado con un mito. Las posiciones políticas de Einstein y su presencia física fueron determinantes en su proyección pública. Y tantos otros ejemplos.

Dalí, que no fue un científico, era un apasionado de la ciencia hasta el punto de titular sus cuadros con nombres científicos; usó en sus charlas o entrevistas términos como desoxirribonucleico —que en su peculiar forma de hablar parecía una palabra inventada pero el discurso en la que la insertaba tenía sentido— y pintó muchos cuadros con ilusiones ópticas que suponían un conocimiento profundo de las teorías de la visión y de la percepción. Experimentó con la estereoscopia, con hologramas, con proyecciones 3D de espacios 4D... En 1985 organizó con Jorge Wagensberg el simposio científico "Cultura y ciencia: determinismo y libertad", con seis ponencias y coloquios en el Teatro-Museo Dalí con figuras tan importantes como René Thom, introductor de la teoría de las catástrofes, el renovador de la termodinámica Ilya Prigogine, o Benoit Mandelbrot, creador del concepto de fractal. ¿Debió entender algo Dalí? En sentido profundo, quizás no, pero le fascinaban todos aquellos conceptos, y sabía ver hasta dónde podían llevar.

No sé dónde he leído que "en un momento en que en el mundo científico lo más importante era la especialización, Dalí ya defendía una postura que hoy es un tema de debate muy importante: la unidad". Se trata de superar las dos culturas, como Ferran Adrià y tantos otros creadores han intentado: no hacer incompatibles la reflexión y la emoción. Para mi gusto, por orden: primero emocionarse y después reflexionar el por qué de la emoción.

Figuras 2D y 3D