“Hay que tener visión amplia"

20/08/2015 31 comentarios
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¿Cómo se pueden rebatir, dialécticamente, a quienes defienden "teorías y prácticas alternativas" en ciencia? ¿Cómo se puede afrontar el problema ante los medios de comunicación?

"Hay que tener visión amplia", me suelen decir aquellos que pretenden convecerme de teorías o praxis no convencionales. "La ciencia oficial se preocupa solo de defender a los suyos", me repiten hasta la saciedad los proponentes de fenómenos extraños. "¿Por qué tengo que estar equivocado? ¿Y si te equivocas tú?", me han dicho ya tantas veces que he perdido la cuenta...

Aquellos que nos dedicamos a la ciencia de forma profesional, y aquellos que ejercen como comunicadores o divulgadores de la ciencia, nos encontramos, con frecuencia creciente, con la necesidad de analizar o evaluar públicamente métodos, teorías, productos o dispositivos alternativos a los que proporciona la ciencia basada en la aplicación sistemática del método científico.

Ello es especialmente frecuente en medicina y alimentación, con ejemplos como la homeopatía, los movimientos antivacunas, los proponentes de las dietas alcalinas, el MMS, los defensores de beber agua de mar, etc.. pero se da también en otros ámbitos, como el medio ambiente (cloración del agua, chemtrails), el clima (geoingeniería), la energía y el transporte (la conspiración contra el coche eléctrico en los años setenta), por citar solo algunos.

¿Nos debemos preocupar de las propuestas alternativas? 
 
La justificación es clara.  Se trata de combatir la desinformación y la confusión, por ser fuente de acciones potencialmente peligrosas, sobre todo por parte del gran público. Se podrá argumentar, acertadamente, que la actividad divulgativa de calidad, como la que se realiza en Scilogs, sin ir más lejos, contribuye a transmitir las bondades del método científico y, de paso, a desacreditar de forma casi automática las propuestas alternativas carentes de rigor. 
Una propuesta para derribar los mitos en torno a la alimentación.
 
Sin embargo, muchos profesionales defienden actuar de forma más explícita. Dentro de Scilogs, Ignacio López–Goñi, Claudi Mans, Gregorio Valencia, Guillermo Quindós, Rebeca M. Mejías, Aitor Sánchez, Francisco Pérez o yo mismo hemos escrito recientemente al respecto. Destacan también, en este sentido, los esfuerzos de portales de divulgación, como Naukas, en el que debemos mencionar la sección de José Miguel Mulet. También destaca por su actividad la Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico, o blogs como el de Guillermo Peris, o el completo ¿Qué mal puede hacer?.  Existen también otros portales más especializados, como este portal en Facebook, centrado en luchar contra la creciente histeria alrededor de los denominados chemtrails. Por supuesto existen muchos otros, que no incluyo aquí para no alargar la lista (lo siento de veras).
 
¿A qué nos enfrentamos?
 
El científico está acostumbrado a dirimir con la crítica sistemática a su trabajo, pero esta crítica transcurre invariablemente dentro de los cauces de la racionalidad, de la argumentación rigurosa, de la reproducibilidad de los resultados, etc...
 
En cambio, los encuentros con los defensores de las teorías alternativas, ya sean en programas de radio o televisión, conferencias o mesas redondas, transcurren por cauces muy diferentes. Os enumero aquí algunas de las situaciones en las que me he encontrado personalmente, o bien de las que he tenido conocimiento, a través de alguno de mis colegas:
 
  • A las primeras de cambio se le acusa a uno de no estar informado, o directamente de ser ignorante, incompetente o ambas cosas, por no saber de innumerables estudios y patentes que respaldan las propuestas de los “alternativos”.
  • A continuación se le acusa a uno de estar pagado por las pérfidas y malévolas multinacionales, literalmente la causa de todos los males de nuestros tiempos pasados, presentes y futuros. Por supuesto, la simple sospecha de esa esponsorización invalida cualquier argumentación que uno pueda hacer.
  • Cuando uno consigue calmarse lo suficiente, y reclama cuáles son esos estudios o patentes, se argumenta que son estudios tan conocidos y obvios que no los llevan encima, y que por tanto habría que hacer otro programa, conferencia o debate, para que se puedan ver y comprobar así su veracidad.
  • Las argumentaciones que utilizan los “alternativos” son muy genéricas y muy diferentes entre sí, mezclando temas con facilidad.    
  • Se consideran pruebas las declaraciones de un supuesto experto de la NASA, o del ejército de EE.UU., de un funcionario experto de la UE, de un médico de Harvard, de un miembro de Greenpeace, o de cualquier otra ONG. Siempre son declaraciones, y nunca resultados de experimentos, con datos contrastables y reproducibles, y por supuesto las pruebas nunca provienen de publicaciones en revistas con arbitraje. Es más, nunca se tiene acceso fácil a esas declaraciones.
  • Cuando se rebaten sus propuestas a partir de conocimientos médicos, o de la ciencia de alimentación, o del comportamiento físico–químico de la materia, nunca entran en el tema. Incluso si se les pregunta qué es incorrecto de lo que uno dice, te argumentan que nada, pero que "no estoy teniendo en cuenta la manipulación de las multinacionales, o del ejército de EE.UU…  que es algo tan obvio que no se puede ni entrar a discutir".
  • La formación médica, o científico-técnica, de los proponentes de teorías alternativas nunca está clara, o directamente brilla por su ausencia… lo que es utilizado como argumento para reforzar su independencia de la “ciencia oficial”.
  • Si suena la campana y se consigue rebatir de forma clara y fehaciente alguno de los argumentos alternativos, sus efectos mueren al terminar el encuentro.  La próxima vez que se sepa del individuo en cuestión, volverá a utilizar sus argumentaciones, como si el encuentro del que hablamos nunca hubiera existido.
La medicina debe librar una dura batalla contra las propuestas, carentes de rigor, que tan fácilmente encuentran su camino para convencer a más de uno.
El estado de opinión, sobre todo entre aquellos que dedican esfuerzos al tema, no es muy optimista. No solo no se intuye ningún tipo de voluntad de rectificación, entre los proponentes y partidarios de las teorías alternativas, sino que muchos medios de comunicación abrazan las teorías alternativas como opciones plausibles, concediéndoles un estatus de nivel comparable a la ciencia establecida.
 
Este último punto ha generado sonoras protestas por parte de diversos colectivos, pero no parece que estos medios estén demasiado sensibilizados al respecto. Esto, al menos, es lo que se percibe en el momento de escribir este artículo.
 
El público está equidistante entre la ciencia rigurosa y la propuesta alternativa
 
El problema principal, desde el punto de vista científico, es que el público percibe el debate desde dos posturas igualmente válidas a priori, por lo que las declaraciones de uno o de otro bando parten desde niveles de verosimilitud comparables. Quizá se consideren a los alternativos como algo heterodoxos, o que incluso que sea probable que no tengan razón, pero algo de ello habrá. El problema, grave, es que ese mismo público suele ver al científico como un personaje soberbio que impone su superioridad, y que sus argumentaciones son correctas por decreto.
 
Por estas y otras razones, el acto público se acaba convirtiendo en la palabra de uno contra la del otro. A fin de cuentas, desde el punto de vista del público, tan extraño resulta lo que se propone como teoría alternativa, como su descalificación mediante argumentos que no son conocidos por ese mismo público.
 
El problema se complica, además, si el encuentro tiene lugar en un programa de radio o de televisión. La dualidad informar/entretener, que todo programa busca, está más presente que nunca.
 
Así, cuando el debate transcurre por cauces de normalidad, se resalta el valor informativo del mismo. En cambio, si uno cae en la trampa, y se altera, responde con frases más contundentes, o entra en descalificaciones… entonces entramos en el terreno favorito de los demagogos, y para más inri se resalta el valor de entretenimiento del programa, con frases como "la polémica está servida", etc…
 
Muy pocas veces se reconocerá, en cambio, un defecto de planteamiento del encuentro, por parte de los productores o presentadores del programa, o que se está proporcionando una plataforma gratuita de notoriedad a los que proponen teorías alternativas, sin el esfuerzo que conlleva el cultivo paciente del conocimiento riguroso, etc...
 
El problema de la ciencia alternativa no rigurosa está extraordinariamente extendido.  Este libro de Ben Goldacre lo trata con todo detalle, incluyendo algunos casos de ciencia rigurosa que han resultado erróneos.
 
¿Qué podemos hacer, desde el mundo científico, ante esta situación?  ¿Es posible transmitir confianza en aquello que se explica, aun cuando el gran público no esté en condiciones de diferenciar los conocimientos sólidos de los que no lo son?
 
Algunas reflexiones
 
Os adjunto aquí unas reflexiones sobre cómo podemos afrontar el tema, teniendo en cuenta que no existe ninguna solución mágica ni inmediata:
 
  • Las bondades del método científico deben demostrarse día a día, punto a punto, argumento a argumento. La hipotética superioridad de la ciencia rigurosa no se puede postular ni exigir, sino que debe ser la conclusión, la consecuencia a la que se llega después de nuestras intervenciones.
  • La historia del pensamiento filosófico, así como el desarrollo del método científico desde sus orígenes, pueden dar lugar a argumentos convincentes. Las primeras referencias al método científico, por parte de Roger Bacon en el siglo XIII, la definitiva presencia de la razón a partir de la Ilustración, a finales del XVIII, etc. son ejemplos de ello. Nos servirán de ayuda para contextualizar de qué estamos hablando, así como para proporcionar una sólida base histórica a nuestras argumentaciones.
  • Precisamente la perspectiva histórica es la que nos permite ver que propuestas rompedoras y alternativas han existido siempre. Lo que ha ocurrido, a través de los siglos, es que las que han sido satisfactorias, como la teoría de la evolución de las especies, la relatividad, la mecánica cuántica, o el primer antibiótico, han cumplido con creces la trilogía virtuosa: 1) los autores demuestran, primero, un conocimiento exhaustivo del tema, 2) identifican de forma incuestionable los puntos débiles del statu quo, y finalmente, 3) la nueva propuesta es contrastable y reproducible.
  • Obsesivamente pedagógicos: es imperativo saber comunicar la esencia del método científico, mediante ejemplos y contraejemplos, que resulten muy claros y didácticos. Por ello, no se pueden improvisar en la intervención, sobre todo si es en directo.
  • Por tanto, debemos preparar lo mejor posible las intervenciones: ser científico en ejercicio, o profesional de la divulgación y comunicación científica, no proporciona los conocimientos específicos que permiten conocer los detalles de la teoría alternativa.
  • Infinita paciencia, no responder jamás a las provocaciones. Llevar el encuentro hacia los cauces de un verdadero debate científico, y no entrar nunca en cuestiones socio-políticas.
  • No aceptar nunca argumentos genéricos. Reclamar a qué casos concretos se refieren, y qué estudios concretos respaldan sus argumentos.
  • Identificar las frases demagógicas de los alternativos. Todos los “podrían causar” se tienen que convertir en probabilidades grandes, medianas, pequeñas, muy pequeñas o despreciables.
  • Por ejemplo, en cuestiones de medicación, productos naturales, contaminantes, etc. casi siempre los “podrían”, referidos a efectos perjudiciales, se convierten en la práctica en dosis tan pequeñas que en realidad son indetectables. Es un buen recurso insistir que "la dosis hace al veneno" es un principio universal.
  • A mi entender, se consigue muy poco descalificando directamente, o ridiculizando las propuestas alternativas. Creo firmemente que no se debe descalificar nada. Me parece más razonable, ante las propuestas alternativas, invocar el principio de precaución, y dejar para cuando se publiquen los resultados el análisis de la propuesta.
  • Se debe insistir, hasta la saciedad, que las propuestas alternativas deben ser respaldadas con experimentos y datos reproducibles. Solo cuando se hayan reproducido, de forma independiente, se podrá emitir un veredicto. 
  • El científico no debe probar que la propuesta es incorrecta, puesto que los contrarios nunca se pueden probar. Es el proponente el que debe proporcionar las pruebas que permitan comprobar su veracidad. Una vez se aporten los datos tangibles, ellos hablarán por sí solos.
Hasta aquí mis reflexiones al respecto. Personalmente, las considero un punto de partida para poder actuar de forma más eficaz, cuando se dé el caso. Animo a los lectores a que contribuyan, con sus reflexiones, a enriquecer el abanico de propuestas.
 
Solo después de un buen debate, y de serenas reflexiones, seremos capaces de afrontar con garantías el reto que representa convencer al gran público. Me refiero a saber comunicar las bondades inherentes a las propuestas científicas, realizadas a través de una operativa desarrollada, a lo largo de siglos, mediante lo que genéricamente denominamos método científico.
 
¿Alternativo?
 
En este artículo, he creído conveniente designar como alternativo lo que habitualmente se trata como pseudociencia, o con otros términos más imaginativos. La razón es que la palabra "pseudociencia" contiene un cierto nivel de descalificación, que propongo evitar como punto de partida, tal como he expuesto más arriba. Soy plenamente consciente que os propongo un cambio de nomenclatura...
 
Notas adicionales
 
Os adjunto aquí otras actividades relevantes, de las que he tenido noticia con posterioridad a la confección del artículo:
 
- Curso de la Universidad de Alicante:  III Curso Internacional de La Ciencia Toma la Palabra: los problemas sociales de las Pseudociencias (2-4 de septiembre de 2015).  Curso destinado a ofrecer herramientas intelectuales y culturales para distinguir ciencia de pseudociencia.  Enlace aquí.
 
- Curso en el Planetario de Pamplona:  Pamplona frente a las Pseudociencias (7-10 de Septiembre de 2015).  Intervienen Helena Matute (Univ. Deusto), Luís Alfonso Gámez (blog Magonia), Pablo Linde (periodista El Pais), Fernando Frías (abogado, SAPC), Joaquín Sevilla (Univ. Pub. Navarra) y Javier Armentia (Director Planetario).
 
- Artículo de Jaime Noguera, en publico.es, publicado el 20 de agosto de 2015. Recoge argumentos de los defensores de las pseudociencas, recopilados por Jorge J. Frías (Sociedad para el Avance del Pensamiento Crítico) y David Silva Valerio (blog Skepticom). Proporciona contraargumentaciones muy acertadas para cada uno de los argumentos pseudocientíficos.
 
- Una prueba más de lo difícil que se está poniendo el tema.  Os adjunto a continuación  la pregunta formulada en el parlamento europeo, sobre las ondas electromagnéticas de baja energía: 
 Cuando las formaciones políticas abrazan las propuestas pseudocientíficas muestran su cara más mediocre.
 
- Curiosamente, la justicia francesa acaba de conceder la primera pensión vitalicia a una persona, por padecer hipersensibilidad electromagnética.  La justicia de la medida, que es indudable, no puede utilizarse, sin embargo, para dar validez a los argumentos carentes de evidencia científica.
 
– Un artículo científico de referencia sobre el tema.  Gracias a Guido Corradi (@GuidoBCor) y Miguel A. Vadillo (@mavadillo) por la referencia!
 
 
Entrevistas en los medios
  • El 9 de Marzo de 2016 fuí entrevistado por el periódico "La Vanguardia", sobre la reciente cancelación del Master de Homeopatía en la Universidad de Barcelona, y en concreto sobre ausencia de principio activo en la dilución de los medicamentos homeopáticos.  Aquí tenéis el enlace.
  • El 11 de Marzo de 2016 fuí entrevistado por la cadena de radio colombiana "W Radio", dentro del programa "La W Radio", sobre el contenido del presente artículo, en el contexto del debate sobre la eficacia de la homeopatía.