¿Nos envenenan desde los cielos?

29/08/2014 43 comentarios
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La actividad tras la siembra artificial de nubes, y la fumigación de cultivos, ha imaginado la posible existencia de los "chemtrails", por los que estaríamos siendo contaminados mediante productos químicos, desde el aire. ¿Qué hay de cierto?

Pocos fenómenos naturales generan tanto respeto como los que tienen lugar en la atmósfera. Dependemos críticamente del agua de lluvia, tanto para nuestro suministro de agua potable como, aún más importante, para garantizar las cosechas y la alimentación del ganado, nuestras fuentes de alimento.

Los fenómenos atmosféricos más violentos, las tormentas eléctricas, los tornados y los huracanes, pueden manifestarse con un poderío devastador e indomable. El huracán Katrina y las inundaciones sobre Nueva Orleans en 2005, que causaron cerca de 2000 víctimas, son un triste ejemplo de ello.

Sabemos, además, que pequeños cambios en las condiciones ambientales pueden desencadenar o no algunos de estos fenómenos, por lo que a su acción destructora se une una cierta sensación de impredictibilidad. El 26 de diciembre de 1999 se produjeron lluvias torrenciales y vientos huracanados en Francia y Alemania, que la mayoría de los modelos meteorológicos no supieron predecir, tan sólo 2 días antes. Por supuesto estos hechos no suceden a menudo, en realidad son esporádicos, pero ello quizás incrementa aún más la sensación de desamparo.

Todo ello contribuye a que el ciudadano medio considere la atmósfera como algo que sobrepasa nuestra capacidad de control. Uno de los temores ancestrales era que "el cielo caiga sobre nuestras cabezas" como humorísticamente mencionan los celebrados cómics "Astérix y Obélix". Es por tanto comprensible que este mismo ciudadano medio, la parte numéricamente más representativa de la sociedad, vea con miedo y suspicacia las actividades de origen humano relacionadas con la atmósfera. Los problemas de calentamiento global, de lluvia ácida, o del agujero de la capa de ozono, son claros ejemplos que corroboran estas afirmaciones.

La valiente tribu gala no tenía miedo a nada, excepto a que 'el cielo caiga sobre nuestras cabezas'.

Una actividad que se enmarca en este contexto es la siembra artificial de nubes, es decir, la alteración humana de las condiciones atmosféricas, para conseguir un mayor nivel de precipitaciones, o incluso para evitar lluvias torrenciales o granizo perjudicial para los cultivos. Por razones familiares, he sido consultado sobre estas actividades durante los últimos 30 años, por lo que he podido obtener una impresión suficientemente representativa del problema.

A ello se añade una polémica un poco más reciente, sobre los denominados "chemtrails", o estelas químicas. A mi entender, esta polémica aparece como consecuencia de la siembra de nubes, más la actividad de fumigación aérea de cultivos.

Esta misma revista acaba de publicar un interesantísimo artículo, en su número de agosto de 2014, cuya lectura recomiendo encarecidamente (Invocar la lluvia, por Dan Baum). Por otro lado, la palabra clave "chemtrails" retornó 6.590.000 hits en la búsqueda mediante Google. Las versiones tanto en inglés como en castellano de Wikipedia ofrecen detalladas entradas sobre el término, exponiendo tanto su historia como su interpretación en términos fisicoquímicos. Twitter me acaba de retornar unos 30 hits por hora, a la búsqueda de "chemtrails".

Todas las fuentes nos indican que estos temas están lejos de ser irrelevantes, por lo que a mi entender está justificado aportar todos los puntos de vista posibles. La práctica científica habitual, basada en la crítica entre pares, permitirá evaluar de forma justa las diversas contribuciones públicas, sobre todo una vez transcurra suficiente tiempo.

A continuación os doy mi respuesta, a una serie de preguntas sobre estos temas, con énfasis en los aspectos químicos. Estas respuestas están basadas en mi experiencia profesional, tanto desde el estudio de la Química de los Gases, como desde la docencia de la Química Ambiental, a nivel universitario.

¿En qué consiste la siembra artificial de nubes?

Es la dispersión de substancias químicas sólidas, en forma de aerosol, que faciliten la condensación de gotas de agua e incrementen así la posibilidad de lluvia. La técnica se basa, precisamente, en un hecho poco conocido, como es que sin núcleo sólido, no hay gota.

Las nubes están formadas por gotas líquidas micrométricas, que sólo condensan en cristales de hielo más grandes si pueden depositarse sobre la superficie de una partícula sólida en suspensión. Una vez crecen los cristales, sobrepasan la capacidad de sustentación del aire y se precipitan al suelo en forma de lluvia. Por tanto, sin nubes y suficiente humedad, la siembra artificial no puede crear lluvia.

¿Qué sustancias se utilizan en la siembra artificial?

La más utilizada es yoduro de plata, un compuesto sólido de fórmula química AgI. El AgI es un sólido insoluble, que es dispersado bajo las nubes mediante un quemador incorporado en el aeroplano, que lo libera en forma de pequeñas partículas. Se han probado otros compuestos, como el telururo de magnesio o el yduro de plomo, y últimamente se han hecho pruebas con cloruro de calcio.

El movimiento convectivo y arremolinado del aire, bajo la nube, se encarga de llevar el polvo hacia el interior de la nube e incrementar así la condensación de las gotas. Las mediciones más recientes, incluyendo simulaciones computacionales, nos dicen que mediante esta técnica se consigue incrementar entre un 15 y un 20 % la cantidad de lluvia precipitada.

En todos los casos, las sustancias utilizadas generan unas concentraciones tan pequeñas, que resultan indetectables respecto de la concentración ya presente en el suelo, de las mismas sustancias. Aun así, todos los países disponen de agencias de control ambiental, que monitorizan la calidad del aire y el suelo, y actúan ante cualquier denuncia razonada adecuadamente. Por tanto, por lo que concierne al ciudadano medio, lo más relevante es que se dispone de la infraestructura necesaria para evitar cualquier problema de contaminación.

¿Qué es un aerosol?

Un aerosol es un caso particular de los denominados sistemas coloidales. Se trata de la dispersión de un sólido o de un líquido, de tamaño micrométrico, en el aire. Tamaño micrométrico implica que las partículas mayores pueden tener un diámetro de una décima de milímetro, y las menores hasta una cienmilésima de milímetro.

Las partículas son suficientemente pequeñas como para sustentarse en el aire, y pueden actuar así como núcleos de condensación de gotas de agua. Los aerosoles que pueblan la atmósfera son, en su mayoría, naturales. La sal marina, las superficies desérticas, los volcanes o los incendios forestales, entre otros, son los fenómenos responsables del 80 % del polvo atmosférico, mientras que la actividad humana genera el restante 20 %. Sulfatos, nitratos, cloruros y silicatos, de sodio, potasio, magnesio y aluminio son los componentes principales de estos aerosoles, tanto naturales como antropogénicos.

¿Qué son los contrails?

Son las estelas de condensación que se producen cuando vehículos, basados en motores de combustión, viajan a través del aire. Podemos verlos, si las condiciones de temperatura y presencia de polvo son las adecuadas, tras el paso de aviones, y también de barcos.

Observamos los contrails como estelas dejadas por la combustión de los motores.  Por ello, son estelas del agua que estos motores desprenden, una vez se enfrían a temperaturas negativas. Jordi Mazón et al. han propuesto denominar los contrails simplemente como 'antroponubes', es decir, nubes originadas por la actividad humana (J. Mazón et al, Weather (2012) 67, 302).

La condensación tiene lugar a partir del agua desprendida por los motores, y no por el agua ambiental, como he visto escrito en tantos lugares (en www.yorokobu.es/mitos-chemtrails/ tenéis un ejemplo). Entre un 20 y un 50 % en volumen de los gases emitidos por el escape de un motor es agua. No hay otra posibilidad, puesto que de otro modo los motores no generarían la energía necesaria para impulsar la nave.

El agua es expulsada en forma de vapor, a temperaturas entre 400 y 800 grados, dependiendo del combustible, del tipo de motor y del sistema de escape. En contacto con el aire de la atmósfera, se enfría rápidamente, y cuando la temperatura desciende por debajo de –5ºC, aproximadamente, se produce condensación y se genera la correspondiente estela.

Que el agua sea expulsada a temperatura elevada es lo que explica que la estela de condensación sólo se hace visible bastantes metros por detrás del avión; se necesita un tiempo para que el vapor caliente se enfríe, y durante ese tiempo el avión se aleja.

Por otro lado, si la temperatura no es suficientemente baja, o el aire no contiene suficientes núcleos de condensación, la estela de condensación no se producirá, puesto que los cristales no pueden crecer. Se puede dar, incluso, que las estelas aparezcan con interrupciones, en función de si se atraviesan corrientes de aire que se encuentran a diferentes temperaturas.

Finalmente, si la altura del vuelo es la adecuada, y las gotas de agua permanecen suspendidas, en estado subenfriado, pueden incluso formarse pequeños fragmentos de arco iris, un fenómeno realmente espectacular. La causa es que las propias gotas actúan como prismas en la refracción de la luz, separando esta última según los diferentes colores que la componen.

¿Qué son los chemtrails?

Son estelas no atribuibles al agua de condensación. Se argumenta que las estelas son mucho más estables o incluso que se expanden con el tiempo, demostrando así que no son de agua sino de algún compuesto químico nocivo.

He seguido el tema con todo el detalle que he sido capaz, observando las numerosísimas fotografías que aparecen en la red, como muestra de chemtrails.

En primer lugar, que las estelas permanezcan durante horas es perfectamente posible, aun siendo de agua. Depende de las condiciones del aire, sobre todo de las corrientes de la alta troposfera y la baja estratosfera. A mayor estabilidad y menor temperatura del aire, más tiempo de permanencia de las estelas.

Por otro lado, todas las estelas se expanden, todas. Eso sí, dependen de la temperatura, puesto que a menor temperatura, menor expansión. Además, este ensanchamiento puede observarse o no, en función del tamaño de la propia estela. La razón es que la velocidad de expansión no depende de este tamaño, y por tanto se observará mucho menos en los objetos más grandes. Por eso en las nubes no se aprecia ningún ensanchamiento, simplemente porque su tamaño llega fácilmente a miles de kilómetros cúbicos.

Si el origen de las estelas fueran fumigaciones con compuestos químicos tóxicos, no tendrían el aspecto de nubes y probablemente serían invisibles. Además, desde 10.000 metros de altura llegarían tan diluidas al suelo que anularían su potencial efecto tóxico. Por no decir que los propios fumigadores estarían expuestos al mismo problema.

Por lo tanto, la conclusión a la que debo llegar, según mi experiencia y los cientos de fotografías disponibles en la red, es que los chemtrails continúan siendo agua.

¿Pueden contener bario, polímero o metales pesados, los chemtrails?

He podido leer en innumerables sitios web que los chemtrails contienen cantidades tóxicas de bario, de un compuesto genérico denominado polímero, o de metales pesados. En ninguno de estos sitios web he podido ver resultados numéricos:

  1. de los propios análisis,
  2. ni de los procedimientos de toma de muestra,
  3. ni de los métodos utilizados para los análisis,
  4. ni de los análisis anteriores a la caída de las substancias,
  5. ni de la evolución temporal de estos análisis,

y tampoco en qué laboratorio se han realizado. Sin estos datos no se puede extraer ninguna conclusión. Sin estos datos, ninguna de las hipótesis que pueda hacerse tiene sentido. La razón es que las hipótesis deben hacerse una vez se dispone de una batería completa de datos, y no antes. Las impresiones, declaraciones u opiniones no son nunca datos.

Y no olvidemos, además, que quien hace las afirmaciones es quien tiene que demostrarlas. No poder explicar un fenómeno no es nunca una prueba de que otra hipótesis sea válida.

Continúo diciendo, a no ser que las pruebas digan lo contrario, que los chemtrails no dejan de ser agua.

Las estelas blancas son, a mi entender, emulsiones estabilizadas por la grasa del asfalto, a su vez depositada por los automóviles.

¿Qué son esas estelas blanquecinas sobre el asfalto, cuando llueve?

Una observación interesante. En el sitio web http://fumiganlleida.wordpress.com se aporta una foto obtenida en un entorno urbano, durante un episodio de lluvia, que muestra una estela blanca sobre asfalto. Se argumenta en la web que es una prueba de lluvia química. Felicito al autor, por su capacidad de observación y por la oportunidad de capturar la imagen.

En mi opinión, la estela es debida a una emulsión, formada por la acción conjunta de la grasa acumulada en el asfalto, debido al paso de los automóviles, y la lluvia caída. Con los impactos de las gotas, se forman burbujas de aire, que se estabilizan por la acción de los aceites y otros materiales grasos que son depositados, gota a gota, por los miles y miles de vehículos que circulan por las calles de todas las ciudades. La pendiente de la calle, y la curvatura del asfalto, crean una pequeña corriente que canaliza la emulsión, dando así el aspecto de estela blanca.

Para comprobar esta hipótesis, os recomiendo que observéis qué ocurre al lado de un contenedor de basuras, cuando llueve. Se observa un fenómeno muy parecido, por la fuga de materiales grasos del contenedor.

¿Qué es la geoingeniería?

Os debo confesar que el término que más me ha sorprendido, tanto por su uso como por la frecuencia con la que aparece, durante el proceso de documentación de este artículo, es el de geoingeniería. Mi sorpresa se debe, principalmente, a que llevo bastantes años enseñando química a los estudiantes de ingeniería geológica (http://www.ub.edu/geologia/queoferim/grau/grau_enginyeria/).

En los sitios web consultados, e incluso en artículos periodísticos en diarios de prestigio, se entiende como geoingeniería a la actividad relacionada con el control del clima a nivel planetario. Se utiliza geoingeniería como etiqueta con la que identificar una capacidad catastrófica de acción, y hasta cierto punto malintencionada.

Según mi formación, el ámbito de la geoingeniería no es ese. La geoingeniería es la ingenieria de materiales geológicos, aplicada a la ingeniería civil, con especial atención a los caminos, canales y puertos.

Un ámbito colateral, denominado ingeniería planetaria, sí que plantea el estudio de los ambientes geológicos y del clima, para la creación de comunidades en ambientes artificiales, como el fondo marino o una hipotética colonia espacial. Se trata de un ámbito naciente, que basándose en una experimentación muy limitada, y el resultado de simulaciones computacionales, principalmente, ha llegado a hacer hipótesis sobre estrategias de control del clima.

Un congreso muy reciente mostraba cómo la mayor parte de las contribuciones consistían, precisamente, en hipótesis razonadas sobre futuras estrategias de actuación. A mi modesto entender, este campo emergente está actuando como toca, emitiendo hipótesis y escuchando la opinión de expertos en diferentes ámbitos, desde los más favorables a los más escépticos. Pero no ha actuado, ni actúa, a escala planetaria. No es algo que me cause ni la más mínima preocupación.

¿Nos envenenan desde los cielos?

Bajo mi punto de vista, rotundamente no.