El buen científico

07/03/2015 3 comentarios
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La profesionalización de la ciencia, iniciada a mediados del siglo XX, contribuyó muy positivamente al avance del conocimiento científico. Sin embargo, también se generaron nuevos desafíos. Entre otros, definir qué es un "buen científico", en un contexto mucho más global y competitivo. En este artículo, analizo este concepto desde varios puntos de vista y reflexiono sobre la validez de los criterios existentes para evaluar a los investigadores.

Figura de lego que ilustra la visión que muchos tienen sobre el científico (fuente: Maia Weinstock via flickr.com, licencia: creative commons 2.0).

El mundo académico ha cambiado muchísimo en los últimos cien años. Hoy disponemos de una enorme comunidad científica, de centros de investigación de excelencia y de grandes infraestructuras al servicio de la ciencia. Lo que a primera vista representa una noticia muy positiva para la ciencia entraña, sin embargo, algunos desafíos. Por ejemplo, la cuestión de cómo los sectores académicos e industriales pueden absorber la gran cantidad de nuevos científicos. Observamos, por tanto, cómo hoy en día existe una competencia feroz entre las nuevas generaciones de investigadores. Esto nos lleva a reflexionar sobre una pregunta crucial: la validez de los métodos con que se seleccionan a los "mejores científicos".

En otras palabras: ¿qué significa, hoy en día, ser un buen científico?

Los científicos según los ciudadanos

La percepción general de lo que es un buen científico varía en función del colectivo al que se le pregunta. Vamos a analizar dos grupos: la sociedad en general y los propios científicos. Según el Eurobarómetro 2014, al menos la mitad de los ciudadanos europeos consideran que la ciencia y el desarrollo tecnológico tienen un impacto positivo en varios aspectos de la sociedad como, por ejemplo, la salud, la educación y la protección del medio ambiente.

La mayoría de los encuestados opinan incluso, que el trabajo de los científicos conlleva una mejora mayor para la sociedad, que las acciones de los propios ciudadanos.

Pero, ¿concuerda esta percepción de los ciudadanos sobre los "buenos científicos" con la de los miembros de la propia comunidad científica?

 El científico como promotor del desarrollo y bienestar (fuente: CIFOR via flickr.com, licencia: creative commons 2.0).

Los científicos según los propios científicos

La percepción de los científicos respecto a sus colegas depende fuertemente de los mecanismos de evaluación dentro de los sectores académicos. Éstos se basan, la mayoría de las veces, en lo siguiente: lista de publicaciones, premios a la excelencia y capacidad de atraer inversión económica. Yo lo llamo el concepto p4: prestigio, publicaciones, premios y pesetas. Entre estos aspectos, la importancia de los trabajos publicados en revistas de "revisión por pares" se está volviendo crucial para la carrera científica. Tanto que, algunos científicos como David Van Dijk, del Instituto Weizmann en Israel, afirman que un algoritmo puede estimar la probabilidad de convertirse en investigador profesional de largo recorrido, sólo basándose en la lista de publicaciones.

Las consecuencias que tanta presión puede acarrear sobre los científicos, es algo que ya he intentado denunciar en otros artículos. Otras voces como la de Randy Schekman o Robert K. Merton también cuestionan la validez de la asociación premio/publicación = mérito = valía. Pero, el objeto de este artículo es otro: ¿qué otras cualidades, aparte del citado p4, definen al buen científico?

Científicos en plena discusión e intercambio de ideas tras un descubrimiento científico (fuente: mars_discovery_district via flickr.com, licencia: creative commons 2.0).

Científicos del futuro: ¿servirá el modelo actual?

Según un estudio del Instituto para el Futuro (IFTF), una entidad sin ánimo de lucro con sede en la Universidad de Phoenix en California, éstas serán algunas de las cualidades de los trabajadores más apreciadas en el futuro: inteligencia social, pensamiento adaptativo, competencia intercultural, pensamiento computacional, alfabetización en los nuevos medios, la transdisciplinaridad, gestión de la carga cognitiva y la colaboración virtual.

Pero, ¿puede esto ser también válido para los científicos? Algunos creen que sí. Según un artículo de Colin MacIlwain publicado en Nature en 2010 "Hay una escasez de hombres o mujeres que pueden combinar el carisma de los líderes científicos, con las nuevas habilidades requeridas hoy en día".

Otro estudio, basado en entrevistas a 100 investigadores del Reino Unido, identifica las mayores deficiencias entre los investigadores, reconocidas por ellos mismos: falta de comunicación, difusión pública de sus resutados, participación en eventos sociales y comportamiento colegial.

¿Entonces, qué define a un buen científico?

Como comentaba anteriormente, la respuesta dependerá del interlocutor. Pero, si me preguntan a mí, la definición del "buen científico" debería ser, desde un punto de vista estricto, la siguiente: aquel que aplica de manera correcta el método científico. Pero todavía hay algo más. Un buen científico, creo, debería ser alguien que comparte su conocimiento con todos, no sólo con los científicos. Alguien que cree que la educación y la ciencia son importantes para la sociedad, y viceversa. Debería ser una persona modesta, porque es consciente de lo que sabe, pero también de todo aquello que todavía ignora. El buen científico es alguien que siempre mantiene un punto de vista crítico, y se atreve incluso a plantear preguntas como ¿quién gobierna la ciencia? Alguien que acepta que equivocarse es humano. Y, lo más importante, debería ser alguien consciente de que la lista de publicaciones no puede ser el criterio máximo que defina al "buen científico".

Nota del autor: este artículo es una traducción y adaptación del artículo originalmente publicado en inglés en EuroScientist, bajo el título "The good scientist".

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