Homeopatía y homo-empatía: cuando la razón no es suficiente para comunicar ciencia

07/12/2015 35 comentarios
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En el fragor de la 'batalla dialéctica' que muchos científicos hemos emprendido en contra de algunas 'terapias alternativas', el autor intenta hacer autocrítica y se pregunta si no estaremos utilizando estrategias erróneas a la hora de aplicar y comunicar los principios de la ciencia y sus hallazgos.

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16111483775_591278914e_o.jpgRosenfield Media

Si hace poco, yo mismo alertaba sobre la posible ineficacia terapéutica y potencial riesgo para la salud de la ingesta de plata coloidal, el tema de hoy parece todavía más claro: la gran mayoría de las pastillas homeopáticas son puro placebo. Esto es algo que hoy en día acepta la mayoría de los científicos, incluso algunos que las prescribieron durante años. Este es el caso del profesor Edzard Ernst quien, tras estudiar la homeopatía durante dos décadas y publicar un centenar de artículos científicos al respecto, escribía en The Guardian recientemente: «El debate está cerrado, los preparados homeopáticos son puro placebo, debido a su elevado grado de dilución.»

Este hecho, demostrable tanto matemática como empíricamente para la mayoría de los preparados homeopáticos, es la base de la argumentación de muchos científicos, divulgadores y periodistas en contra de esta 'medicina alternativa': la homeopatía no funciona mejor que el agua con azúcar.
Pero, ¿es la argumentación basada en la falta de principio activo en los denominado globuli, suficiente para asegurar la ineficacia de la homeopatía? Según el profesor Ernst, quien se ha planteado la cuestión en profundidad, habría otros aspectos aparte de la composición de los preparados, a considerar a la hora de evaluar a la homeopatía, por ejemplo si el tiempo de consulta de los 'médicos homeopáticos' es mayor en relación con los de 'medicina tradicional'. Pese a aceptar que esto podría tener algún efecto positivo en los pacientes, Ernst considera (al igual que probablemente muchos científicos y médicos) que, de todos modos, no es ético recetar preparados que se saben de antemano carentes de principios activos. Aunque pueda parecer contradictorio, Ernst ha publicado también algunos meta-estudios alertando de posibles efectos secundarios perniciosos del consumo de homeopatía, cuando los globuli no se preparaban bajo rigurosidad y se utilizaban plantas tan venenosas como Rhus toxidendron.

Dejando aparte estos casos concretos, Ernst, así como muchos otros expertos, considera que el mayor peligro de la homeopatía no son sus efectos secundarios, sino, precisamente, su falta de efectos, lo que se conoce como eficacia terapéutica. El peligro más flagrante de la homeopatía viene, por tanto, cuando ésta se utiliza como sustituto de tratamientos eficaces para tratar a pacientes con dolencias graves como, por ejemplo, la leucemia.

Tubos de globuli homeopáticos. Fuente: Boiron Groupe.

Sin embargo, aun aceptando que el debate sobre la homeopatía está realmente cerrado desde el punto de vista científico, lo que yo me pregunto hoy aquí es lo siguiente: ¿son suficientes este tipo de argumentos para convencer a los consumidores de remedios homeopáticos de que no deberían confiar en ellos?

La clave la podríamos hallar en las palabras de Arcadi Navarro, investigador en biología evolutiva y director del departamento de ciencias experimentales y de la salud de la UPF: "Hace relativamente poco que se ha tomado consciencia de la naturaleza no racional del ser humano".

Es decir, que tal vez la clave para dialogar de forma eficaz con personas que creen en la homeopatía o en otras pseudo-ciencias (aplíquese también a los negacionistas del cambio climático), sea el ser consciente de que la pura razón y el método científico no siempre bastan para crear un diálogo enriquecedor.

Creo que los científicos que divulgamos o comunicamos ciencia necesitamos entender mejor la raíz de estas creencias, poniéndonos en el lugar de esas personas. Y una posible forma de hacerlo sería no dejando de hacernos preguntas (lo que, por otra parte, es casi una obligación del buen científico), por ejemplo: ¿Por qué hay tanta gente que defiende y utiliza la homeopatía? ¿Es posible que realmente los homeópatas dediquen más tiempo a sus pacientes que los médicos tradicionales, conllevando esto cierta mejora del paciente por motivos psicosomáticos? Más aún ¿por qué hay tantas personas que desconfían de la medicina tradicional? ¿Por qué existe  una animadversión frente a las 'pastillas químicas' convencionales?

Y todavía más, con todos mis respetos para los científicos, divulgadores y periodistas que tratan de concienciar sobre el valor de la ciencia frente a las pseudo-ciencias, creo que estamos haciendo un flaco favor, precisamente a la ciencia, cuando no somos autocríticos y respondemos a algunas preguntas con respuestas fuera de tono: «El uso de productos homeopáticos puede matar» o «la homeopatía es una absurdez... hay gente que confía en la pseudomedicina por actitud ideológica, por puro y simple postureo». Con frases así, estamos etiquetando de forma categórica, poco rigurosa y generalista a esta 'terapia alternativa' y a sus consumidores, lo cual puede deslegitimar nuestros propios argumentos científicos y, a la postre, alejarnos también de un diálogo constructivo.

Adónde quiero llegar: mi opinión es que va a ser difícil convencer a las personas que creen en terapias como la homeopatía, de que éstas no tienen base científica ni son probablemente eficaces, si los que comunicamos ciencia no conseguimos librarnos antes de tres cosas:

- Primera: no argumentar en contra de una creencia sacando constantemente a colación el mismo argumento (en este caso la falta de principio activo de los globuli), puesto que eso podría llevar al equívoco de que no nos hemos planteado la cuestión con suficiente profundidad, ergo, rigor científico. Al no dejar de hacernos preguntas como las que comentaba antes podremos, además, entender mejor a nuestro interlocutor y mostrar que nos interesamos por la cuestión también desde su punto de vista, mostrando y generando empatía para un mejor vínculo comunicativo.

- Segunda: ser conscientes de que el conocimiento científico es solamente probable, nunca definitivo, irrefutable o imperecedero. Aceptando ante nuestro interlocutor que el conocimiento científico no es infalible, demostramos que nuestra intención no es tener razón, sino tratar de acercarnos a la verdad.

- Y tercera, y más relevante para lo que trato de explicarles hoy: los científicos no deberíamos estigmatizar a las personas que creen en cosas que van en contra del conocimiento científico que poseemos. Porque a las personas no se las convence solamente con razón y argumentos, a veces hace falta ponerse en su lugar, ser más empáticos.

En resumen, como dice el título de este artículo, hay razones objetivas para argumentar que la mayor parte de la homeopatía no es mucho más eficaz que el agua con azúcar pero, tal vez, para convencer a otros de tal cosa necesitemos un poco más de 'homo-empatía' y, como siempre, más ciencia. Porque la ciencia nunca se detiene.

 

Literatura científica:

- E. Ernst. A systematic review of systematic reviews of homeopathy, Br J Clin Pharmacol. 54(6): 577–582, 2002.

- A. Shang et al. Are the clinical effects of homoeopathy placebo effects? Comparative study of placebo-controlled trials of homoeopathy and allopathy, The Lancet 366 (9487): 726–732, 2005.

-K.  Linde et al. Are the clinical effects of homoeopathy placebo effects? A meta-analysis of placebo-controlled trials. The Lancet 350 (9081): 834–43, 1997.

- P. Posadzki, A. Alotaibi, E. Ernst. Adverse effects of homeopathy: a systematic review of published case reports and case series. Int J Clin Pract. 66(12):1178-88, 2012.

Los enlaces a otros artículos sobre homeopatía pueden ser consultados en PubMed.