El mar me ha rechazado

09/05/2016 2 comentarios
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Homenaje a Ettore Majorana.

Cuentan que, de niño, Ettore tenía una gran capacidad para el cálculo mental. Su habilidad atraía a los familiares y amigos, que le proponían operaciones cada vez más complicadas. El niño Majorana se escondía debajo de la mesa, y salía a los pocos segundos con la respuesta correcta.

Muchos años más tarde, en las reuniones del gabinete de crisis del Proyecto Manhattan, cuando surgían dificultades que parecían irresolubles, Enrico Fermi se volvía hacia Eugene Wigner y le decía: "If only Ettore were here" o "This calls for Ettore". Pero ¿dónde estaba Ettore?

Según los testimonios autorizados de Emilio Segré y Giancarlo Wick, Majorana fue capaz de interpretar correctamente que los trabajos de Irène Curie y Fredéric Joliot demostraban la existencia de partículas entonces desconocidas llamadas neutrones antes de que fueran descubiertas por el experimento de Chadwick. Fermi -entonces director del Instituto de Física en Roma, donde trabajaba Majorana- le pidió que publicara sus ideas, pero Ettore no lo hizo. Lo mismo ocurrió con la teoría de las fuerzas nucleares entre protones y neutrones: Majorana se la explicó de palabra a sus colegas de Roma dos años antes de que Heisenberg la publicara. Afortunadamente, en ocasiones Fermi era capaz de convencerle de que enviara algunos resultados para su publicación. Se dice que en una ocasión él mismo tuvo que redactar el artículo en nombre de su discípulo, a partir de unos papeles que Ettore había sacado de un cajón. Esos papeles contenían la teoría de lo que después se ha llamado "fermión de Majorana", teoría que aún hoy espera confirmación o refutación definitiva en varios grandes experimentos a lo largo del mundo. Majorana dejó una obra publicada de sólo nueve artículos, pero el impacto de alguno de ellos no deja de crecer, ocho décadas después.

En 1937, tras varios años en el Instituto de Física de Roma, Majorana se presentó a una oposición en la que se decidían tres cátedras de Física, aspirando a permanecer en Roma (probablemente para sustituir a Fermi, quien empezaba a pensar en escapar del régimen de Mussolini, como así hizo al año siguiente). Las tres plazas fueron para los indiscutibles Wick y Giulio Racah, junto con Giovanni Gentile Jr.: el hijo del senador y ex-ministro de Educación Giovanni Gentile. La decisión de Majorana (se dice que llevaba años sin prácticamente salir de su casa de Roma) de presentarse al concurso había sorprendido en el último momento al tribunal, y la papeleta se resolvió creando una plaza especial para él en Nápoles. 

Tras unos pocos meses como profesor en Nápoles, Majorana sacó todo su dinero del banco, viajó a Palermo y desde ahí mandó una carta a su colega Antonio Carelli, pidiéndole perdón porque había tomado la decisión de "desaparecer" ("la mia improvvisa scomparsa"). Sin embargo, al día siguiente envía un telegrama en el que dice que ha cambiado de opinión, con estas sublimes palabras: "el mar me ha rechazado, y mañana vuelvo al hotel Bolonia, viajando tal vez con estas líneas". Pero había decidido dejar de dar clase y le pedía a su amigo que no lo tomara por una "ragazza ibseniana". 

Nunca más volvieron a ver a Majorana en Nápoles, ni en Palermo, ni en Roma, a pesar de que en el barco su nombre figuraba como uno de los pasajeros que habían embarcado. Ettore Majorana había desaparecido. Tenía 32 años.

Fermi escribió a Mussolini para pedirle que pusiera todos los medios a su alcance para encontrarlo: "Hay algunos de alto nivel [..] Y luego están los genios, como Galileo y Newton. Pues bien, Ettore era uno de ellos. Majorana tenía algo que nadie más en el mundo tenía." 

El hecho de que hubiera sacado su dinero del banco abrió la puerta a todo tipo de especulaciones. El suicidio parecía lo más probable, pero su familia estaba convencida de que se había retirado a un monasterio, hipótesis que convenció al novelista Leonardo Sciascia y que desarrolló en su estupenda "La scomparsa di Majorana". Sin embargo, la viuda del Premio Nobel de Literatura Miguel Ángel Asturias y el físico Carlos Rivera aseguraban haber oído informes coherentes sobre la presencia de Majorana en Argentina en los años 60. Laura Fermi, la mujer de Enrico, decía que su marido pensaba que si Ettore había decidido desaparecer, era tan inteligente que nadie sería capaz de encontrarle.

En el año 2008, un Francesco Fasani llama por teléfono al programa de la RAI "Chi l'ha visto" (un programa equivalente al mítico "¿Quién sabe dónde" de Paco Lobatón). Asegura que en los años 50 conoció en Venezuela a un hombre que se hacía pasar por señor Bini, pero que un argentino llamado Carlo le había dicho que era en realidad Majorana. Andaba siempre sin dinero, cargando en su Studebaker amarillo un montón de papeles y de notas, llenas de "números y comas, barras". Tímido, callado, el señor Bini no quería que le hicieran fotografías, pero un día aceptó hacerse una con Fasani a cambio de 150 bolívares.

 Ettore Majorana de joven (izquierda) y Majorana-Bini en la foto con Fasani de 1955.

La fiscalía de Roma abrió el caso en 2011 y tras analizar con detalle las pruebas, en febrero de 2015 concluyó que Bini era efectivamente Majorana. La semejanza entre la foto venezolana y las fotos tanto del joven Ettore como de su padre en la cincuentena, fueron la prueba principal, así como la consistencia de la descripción del carácter del señor Bini aportada por Fasani. Así que Majorana estuvo en Venezuela entre 1955 y 1959, veinte años después de su desaparición, y si creemos al argentino Carlo, también habría estado en Argentina, donde se conocieron. Según la fiscalía romana, la "inercia" de las autoridades venezolanas a la hora de aportar más documentación impide seguirle la pista después del 59.

Así que Majorana lo había conseguido, al fin: esconderse debajo de la mesa para siempre, a resolver lo que sólo él sabía resolver. ¡Bravo, Ettore!