La realidad según O'Brien

19/07/2017 7 comentarios
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No confundir con la realidad según Orwell.

Se quejaba Umberto Eco (en su artículo Mentir y fingir, que se puede encontrar dentro de la recopilación De la estupidez a la locura, Editorial Lumen, página 382), de la incapacidad de algunas personas para entender correctamente una novela:

"Recuerdo que en mi novela El péndulo de Foucault el personaje de Diotallevi, para burlarse del amigo Belbo que usa obsesivamente el ordenador le dice en la página 37: "La Máquina existe, sí, pero no se inventó en tu valle de la silicona". Un colega que enseña asignaturas científicas observó con sarcasmo que Silicon Valley se traduce como Valle del Silicio. Le contesté que sabía perfectamente que los ordenadores se hacen con silicio (en inglés silicon), tanto es así que si miraba en la página 231 leería que, cuando el señor Garamond le dice a Belbo que incluya en la Historia de los metales también el ordenador porque está hecho con silicio, Belbo le contesta: "Pero el silicio no es un metal, sino un metaloide". También le dije que en la página 37, ante todo, no hablaba yo sino Diotallevi, que tenía su buen derecho a no saber ni ciencias ni inglés, y que, en segundo lugar, estaba claro que Diotallevi se estaba burlando de las malas traducciones del inglés, como uno que habla de un hot dog como de un perro en celo.

Mi colega (que desconfiaba de los humanistas) sonrió con escepticismo, considerando que mi explicación era una pobre escapatoria.

Ahí tienen el caso de un lector que, aun instruido, no sabía leer una novela como un conjunto, vinculando sus diferentes partes; también era impermeable a la ironía y, por último, no distinguía entre las opiniones del autor y las opiniones de los personajes. A un no humanista de este tipo el concepto de "fingir" le resultaba desconocido."

Me acuerdo de esto mientras hojeo un reciente libro de divulgación sobre física cuántica, escrito por un "colega que enseña asignaturas científicas". El autor intenta poner de pie una interpretación según la cual la física cuántica demostraría que no existe la realidad objetiva. A mí esta opinión me resulta sorprendente, ya que la realidad objetiva es el único lugar que conozco donde se pueden cobrar derechos de autor (si me permiten parafrasear a Woody Allen). Pero más sorprendente aún es llegar a la página 42 y encontrarse con un subcapítulo titulado "La realidad según Orwell", y ver cómo el autor le atribuye al pobre George Orwell la siguiente opinión:

"La realidad existe en la mente humana y en ningún otro sitio. No en la mente individual, que puede cometer errores, y que, en todo caso, perece pronto. Sólo la mente del Partido, que es colectiva e inmortal, puede captar la realidad. Lo que el Partido sostiene que es verdad, es efectivamente verdad. Es imposible ver la realidad sino a través de los ojos del Partido."

Esto, naturalmente, está extraído de la momunental novela 1984 (Ediciones Destino, página 263). Pero no es una opinión de Orwell, sino del "malo" de la novela, es decir, el personaje de O'Brien, empeñado en demostrarle a Winston que dos y dos suman cinco. De hecho, no sólo no debemos atribuirle esa opinión a Orwell, sino que es evidente que su opinión era exactamente la contraria: la novela (como él mismo aclaró varias veces en prólogos a distintas ediciones) y prácticamente toda su obra narrativa, periodística y ensayística (por no decir su vida) está dedicada a combatir esa manera de pensar y, por tanto, a defender la existencia de una verdad objetiva, frente al totalitarismo de los O'Brien de su tiempo. 

O'Brien (Richard Burton) "reeducando" a Winston (John Hurt) en la adaptación al cine de 1984. (How many fingers, Winston?)

No hay duda de que a Orwell le caía mejor Winston. Y a mí, ¿qué quieren que les diga? también: "No puedo evitarlo —balbuceó Winston— ¿Cómo puedo evitar ver lo que tengo ante los ojos si no los cierro? Dos y dos son cuatro."