¿Algún doctor en la sala?

28/07/2015 13 comentarios
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Mientras en otros países los doctores son ampliamente reconocidos por haber llevado a cabo una tesis doctoral, en España esa palabra está reservada el 99 % de los casos al oficio de médico debido al desconocimiento de los estudios de doctorado.

La frase la hemos podido oír en muchas películas o series y la respuesta casi siempre es la de un valiente médico dispuesto a salvar la vida de alguna persona en peligro. En relación a esto, una compañera de trabajo un día me comentó que algo similar le sucedió mientras estaba en un restaurante, bromeando sobre el gran impulso que sintió de decir que ella era doctora, aunque es doctora en física. Menos mal que no dijo nada, porque seguramente nadie habría entendido que luego no pudiera atender a la persona necesitada. 

¿Qué es un doctorado?

Con todo esto quiero mostrar que nuestra sociedad tiene un gran problema con el poco reconocimiento que tienen los estudios de doctorado. Y todo parece indicar que es debido a la desinformación acerca de tales estudios. La mejor manera de entender qué es un doctorado es a través de la clasificación de niveles de educación propuesta por la UNESCO, ISCED (International Standard Classification of Education).

Tabla con la clasificación de niveles educativos usado por la UNESCO. Fuente Wikipedia.

Como se puede ver en la tabla, los estudios de doctorado pertenecen al nivel 6 de la escala ISCED. Es decir, es el nivel más alto al que se puede llegar dentro del sistema educativo y para el cual previamente se ha de pasar por estudios superiores universitarios de Grado (antigua licenciatura), máster o ambos. Por tanto, en este sentido todo doctorando debe estar matriculado en un plan de estudios de doctorado oficial. Pero un doctorado no es sólo eso, es mucho más. Los doctorandos ya han pasado por la fase de pura adquisición de nuevos conceptos y habilidades típica de una carrera universitaria. Además de todo eso, a los doctorandos se les exige que produzcan nuevos conocimiento para la sociedad y en este sentido un doctorando es también un trabajador. El objetivo final de unos estudios de doctorado es el de la presentación de la tesis doctoral, que no es más que el resultado de un largo proyecto de investigación sobre un tema en concreto. Los resultados de la tesis doctoral pueden ser tanto sobre literatura medieval como sobre fuentes de energía renovables, pero en cualquier caso deben dar respuesta a un problema sin solución hasta la fecha. Por tanto, si nos ceñimos a la definición de la RAE sobre trabajar, veremos que los doctorandos son trabajadores. Y no hablemos del número medio de horas diarias que dedican a su trabajo, ¡que supera ampliamente la jornada laboral en la mayoría de los casos! Otra cosa muy distinta es si ese trabajo es también remunerado, cosa que por desgracia no ocurre de manera general. Para tener una remuneración del trabajo de investigación realizado, los doctorandos deben conseguir o bien una beca doctoral (que es un contrato con el gobierno y que cotiza en la seguridad social) o bien un contrato con la universidad. Los que no lo consiguen, deben lidiar con el pluriempleo consiguiente, lo que les impide dedicarse como les gustaría a su tesis doctoral y les dificulta mucho las cosas.

El día a día en un doctorado

En cuanto al tipo de trabajo llevado a cabo por los doctorandos, suele resumirse en tres fases: lectura de bibliografía, investigación y difusión de los resultados obtenidos, que puede ser tanto en forma de artículos en revistas especializadas como en conferencias. La tesis doctoral es un proyecto de gran dimensión que se divide en subtemas a ser investigados. Cada uno de esos subtemas pasa por las tres fases comentadas arriba. Cuando se tienen todas las piezas del rompecabezas, se juntan y se redacta la tesis doctoral. El mayor problema durante todo este proceso al que se enfrentan los doctorandos es el de la presión. Normalmente el objetivo de todo doctorando es el de seguir en el mundo académico o de investigación pero, debido al bajísimo número de convocatoria de plazas en las universidades y la limitación de recursos de los institutos de investigación, los doctorandos se ven obligados a tener una producción fuera de lo común para poder optar a alguna de estas plazas. Asimismo, las revistas especializadas en las que se publican los resultados obtenidos durante el proceso de investigación son medidas a través de su factor de impacto, que da una idea de la relevancia de los artículos que son publicados en ellas. Así, el objetivo de la mayoría de los doctorandos es el de publicar lo más sea posible y en revistas de mayor impacto posible. A todo esto hay que añadir las obligaciones docentes (que en España son especialmente importantes comparadas con otros países), la preparación de congresos, la asistencia a cursos de formación, etc. Los que consiguen sobrevivir al vendaval, en unos 4-5 años están preparados para presentar su tesis doctoral y obtener el título de doctor. Como podéis ver, uno puede perfectamente ser médico sin ser doctor, y éste suele ser el caso.

Espero que este post no se malinterprete: tengo un gran respeto por la profesión de médico. Los médicos resuelven nuestros problemas de salud de la mejor manera que pueden y conocen y normalmente hacen un gran esfuerzo de continuo aprendizaje para estar siempre al día en nuevas terapias. El problema es que la asociación que se hace en España al término doctor con el de médico me parece un gran indicativo del poco respeto que se le tiene a quienes dedican un gran esfuerzo en aportar nuevo conocimiento. Por ejemplo, en Alemania, cualquiera que tenga un doctorado es presentado en sociedad como Dr. No pido que ese sea el caso en España, pero sí que creo que esto dice mucho de cómo la sociedad alemana ve a los doctores y cómo valora el esfuerzo que dedican a aportar nuevos conocimientos y solucionar problemas a todos los niveles. Desde aquí os inivito a intentar cambiar un poco la situación ya que, aunque sólo sea una palabra, hay mucho más detrás.