Por si fuera poco difícil predecir terremotos...

01/01/2017 0 comentarios
Menear

Ahora unos investigadores sugieren que hay que revisar las supuestas correlaciones encontradas en las réplicas

Durante el año 2016, como era de esperar, se han producido diversos seísmos a lo largo y ancho del mundo: el de Canterbury (Nueva Zelanda), en noviembre; los de Norcia y Viso (en el centro de Italia) en octubre, y el de Amatrice (también en Italia) en agosto; varios en Esmeraldas y alrededores (Ecuador), y otros muchos más. En total, causaron más de 1000 muertos.

El 14 de noviembre de 2016 un poderoso terremoto de 7,8 grados de magnitud mató a dos personas y causó daños masivos a la infraestructura en Nueva Zelanda. [AFP / NUEVA ZELANDA AGENCIA DE TRANSPORTE]

¿Dije como era de esperar?

La predicción de terremotos es notablemente difícil. La relación entre la magnitud de los temblores de tierra y la frecuencia con la que tienen lugar se conoce desde mediados del siglo pasado y se denomina ley de Gutenberg-Richter. Es una ley de potencias: la relación entre el número N y la magnitud M de los terremotos es del tipo ~ 10 - b M , es decir, una potencia de M (el símbolo ~ se puede leer "proporcional a"). Y lo peor es que b puede ser tan pequeño que dé lugar a una distribución probabilística en la que calcular promedios resulte traicionero. Por ejemplo: la magnitud promedio de los terremotos que se producen en una determinada región puede llegar a depender... ¡del tiempo durante el cual se registren los terremotos!

El tiempo que transcurre entre un seísmo y el siguiente de la misma magnitud también se conoce: se trata de la ley de Omori. Y de nuevo es problemática desde el punto de vista estadístico. La conclusión es que proporcionar un intervalo de confianza con ciertas garantías de que durante cierto tiempo largo en cierta región el terremoto de máxima magnitud no excederá un determinado valor puede resultar poco menos que imposible. Por supuesto, en algunas regiones la probabilidad es más elevada que en otras, y los códigos de construcción incorporan regulaciones con las que hacer frente a la mayor o menor seismicidad. Pero la predicción de la magnitud y el momento del próximo terremoto, por ahora, no está a nuestro alcance.

Hay cierta esperanza de que algunos precursores puedan proporcionar una alerta previa al seísmo. Por ejemplo, parece que en algunos casos se ha detectado una emisión anómala de radón (un gas noble). Pero no se trata de resultados concluyentes y los especialistas todavía estudian con ahínco si se puede llegar a utilizar en la práctica.

Pues así las cosas, un grupo de científicos ha publicado en Physical Review Letters que incluso algunas correlaciones que se creía intuir entre las réplicas pueden ser espurias. Las "avalanchas" de terremotos, según su investigación, puede deberse simplemente al umbral de detección empleado al registrar seísmos (se suelen procesar los datos para descartar el "ruido de fondo"). Demuestran con un experimento de laboratorio y con simulaciones por ordenador que esa técnica puede dar lugar a correlaciones entre sucesos que en realidad no guardan vínculos entre sí. De modo que esas salvas de terremotos y sus réplicas pueden tener la misma complejidad estadística de la seismología en general.

Habrá que seguir buscando una manera fiable de predecir temblores de tierra. Por el momento, no hay un camino claro.