Pliobates cataloniae: el pequeño primate que revoluciona el origen de los hominoideos

29/10/2015 2 comentarios
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Un nuevo primate irrumpe en el debate sobre el origen de los hominoideos, grupo al que pertenecen los humanos, chimpancés, gorilas, orangutanes y gibones actuales. Pese a no ser el ancestro directo de ninguno de ellos, el hallazgo de esta nueva especie rompe con algunas de las ideas preconcebidas acerca de cómo sería probablemente el último ancestro común compartido entre todos estos primates actuales.

El escenario

Pliobates ha tenido la gran fortuna de ser hallado en unos estratos sedimentarios cercanos al tránsito entre el Mioceno medio y superior, un momento considerado de gran interés en la diversificación de los hominoideos. La divergencia entre los hilobátidos (gibones) y los homínidos (grandes antropomorfos y humanos) se estima en algún momento cercano a los 17 millones de años atrás, y los 11,6 millones de años de antigüedad de los sedimentos donde se encontró el fósil suponen más de 5 millones de años de diferencia. Esto es tiempo suficiente como para permitir dispersiones geográficas y cambios evolutivos morfológicamente evidentes.

El lugar del hallazgo, al sur de Europa, tampoco es casual. Durante el Mioceno (entre 23 y 6 millones de años atrás) la evolución de los hominoideos es confusa, con varios ejemplares de primates fósiles dispersos por la geografía africana, europea y asiática. De hecho, uno de los debates paralelos reside en si los primates debieron alternar sus lugares de residencia a nivel continental o si todas estas áreas fueron apropiadas al mismo tiempo para diferentes especies durante todo este tiempo. Esto a su vez liga con la influencia que los cambios climáticos puedan jugar en referencia a la viabilidad de poblaciones animales y vegetales en latitudes intermedias.

Por algún motivo que desconocemos, pero que muy probablemente esté ligado a las condiciones ambientales del momento, la cuenca del Vallès-Penedès albergó distintas especies de primates entre los 13 y los 8 millones de años atrás. Es muy probable que algunas de ellas fueran coetáneas. Lo que sí se sabe con certeza es que a finales del Mioceno, en Europa ya no quedaba ninguna especie de hominoideo viva, y hay que recurrir al continente africano para encontrar a los representantes más antiguos de la rama evolutiva de nuestra peculiar especie. Lo mismo pasa en Asia para seguir los rastros que llevan hasta los gibones y los orangutanes respectivamente.

¿"Qué" es Pliobates?

Pliobates cataloniae se ha descrito en base a un único ejemplar que, aunque fragmentado, conserva partes del cráneo y las extremidades que resultan claves para deducir su posición filogenética, su dieta y su locomoción (Figura 1). Se ha determinado que corresponde a una hembra y se le estima una masa corporal de unos 4-5 kilogramos, lo que supone un tamaño muy reducido dentro del grupo de los hominoideos. Su capacidad craneal se ha calculado en unos 70 centímetros cúbicos aproximadamente, mostrando un grado de encefalización (relación entre el volumen cerebral y el volumen corporal) ligeramente inferior al promedio de los gibones. Los dientes de corona baja y sus marcas dentales indican que esta especie se alimentaba principalmente de frutas maduras, con la esporádica ingesta de elementos algo más duros. Además, la construcción de sus extremidades y dedos permite deducir una capacidad para trepar que (por su forma) es desconocida hasta ahora en ninguna otra especie, con una cierta reminiscencia de cuadrupedismo arbóreo (caminar a cuatro patas a lo largo de las ramas) y una incipiente capacidad suspensora (colgarse bajo las mismas ramas). Sólo tupidos ambientes subtropicales debieron ser capaces de proporcionar el alimento y los sustratos apropiados a una especie como ésta, confirmando así idea que se tenía del ecosistema en las inmediaciones hace 11,6 millones de años.

Figura 1. Reconstrucción del aspecto externo de <em>P. cataloniae</em> (Ilustración: Marta Palmero. Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont)

Pero quizá lo más destacable es que Pliobates muestra una combinación de características que impide clasificarlo dentro de ninguna de las familias de hominoideos descrita hasta la fecha. Ha sido necesario crear una nueva familia (Pliobatidae) para posicionarlo adecuadamente entre los hominoideos. Es decir, que siendo un hominoideo "basal" y manteniendo unas características primitivas dentro del grupo, Pliobates también muestra algunos rasgos derivados. Esto significa que no siguió ni la línea evolutiva de los gibones ni la de los humanos. La explosiva mezcla de caracteres induce a pensar que durante este período la evolución de los primates fue algo más compleja de lo que se creía. Un punto sorprendente ha sido su tamaño corporal, muy inferior a lo esperado para una especie con sus rasgos morfológicos. La comunidad científica esperaba que una especie relacionada con la base de la rama evolutiva en dirección a los humanos y grandes antropomorfos fuera de mayor envergadura. Pero no ha sido así. Y esto abre la puerta a reconsiderar el papel que debieron jugar otras especies bastante más primitivas de pequeño tamaño en el origen del grupo evolutivo que nos incluye.

Trabajo previo

Finalmente, resulta pertinente aprovechar la ocasión para destacar el gran trabajo que hay detrás de una publicación de alto impacto como la que se presenta hoy. Hágase notar que el fósil en cuestión fue hallado en 2011 en Hostalets de Pierola (provincia de Barcelona) y se publica oficialmente a fecha de 29 de Octubre de 2015, cuatro largos años después. Antes de ser publicado, el artículo debió ser redactado, enviado a la revista, y revisado y aprobado por especialistas en la materia. Pero antes de poder ser redactado, el fósil debió ser estudiado por cada unos de los especialistas que firman el trabajo. Y previo a poder ser estudiado por todos ellos, el ejemplar debió ser preparado, restaurado y reconstruido (en gran parte de manera virtual gracias a la modelización de sus tomografías axiales computerizadas de alta definición (Figura 2), algo que se llevó a cabo en el Museo de Historia Natural de Nueva York; así que añadan un viaje trans-Atlántico a todo este periplo). Y antes debió ser debidamente extraído, e identificado (aunque fuera preliminarmente) para darle la prioridad que merecía su proceso de restauración y estudio.

Figura 2. Reconstrucción infográfica del cráneo de <em>P. cataloniae</em> (Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont) 

Al repasar todo este trayecto, cuatro años parecen poco incluso, lo que demuestra el afán con el que mis compañeros han trabajado este último lustro (dicho sea de paso, en algún caso una vez vencido el contrato laboral temporal y sin remuneración). Como ya se destacó en un post previo (Ver El quinto cráneo de Dmanisi (II)), el trayecto entre el descubrimiento de un fósil y su correcta publicación es posiblemente el momento más delicado de todo hallazgo paleontológico destacado. Cualquier error o contratiempo puede echar a perder mucho esfuerzo y dinero invertido, sembrando así el desánimo generalizado entre el equipo técnico e investigador. Afortunadamente, los autores de este artículo y toda la gente involucrada en su procesado pueden respirar hoy ya tranquilos.

 

Referencia

Alba et al. 2015. Miocene small-bodied ape from Eurasia sheds light on hominoid evolution. Science (30 October 2015); Vol. 350 no. 6260; DOI: 10.1126/science.aab2625