¿Conservar especies o servicios ecosistémicos?

30/09/2013 0 comentarios
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     En sus inicios, la conservación de la naturaleza se centró en las especies. Luego, el énfasis se desplazó hacia los ecosistemas, tras constatar que la alteración del hábitat era la principal causa de extinción de especies. En una tercera etapa, mucho más reciente, algunos empezaron a reclamar la necesidad de conservar no sólo las especies y los ecosistemas, sino también su funcionalidad. Para preservar los servicios que los ecosistemas prestaban a los humanos no bastaba con conservar todas las especies, se argumentaba; además se debía conservar todas y cada una de ellas a una densidad lo suficientemente elevada como para permitirles cumplir con su papel ecológico. Poner el énfasis en los servicios prestados por los ecosistemas permitía, además, colocar la pelota en el tejado de los desarrollistas, pues los beneficios económicos de conservar la biodiversidad eran tan enormes que no podrían rechazarse. La situación de la tortuga verde (Chelonia mydas) en el Caribe se ha utilizado desde entonces como ejemplo de la ineficacia de los enfoques clásicos y de la necesidad de centrar la discusión en los servicios ecosistémicos.

   A partir de una cierta edad, las tortugas verdes son básicamente herbívoras y en el Caribe se alimentan principalmente de la fanerógama Thalassia testudineum, denominada "pasto de tortuga" en inglés. Las tortugas de gran tamaño establecen territorios individuales en el seno las praderas y con su ramoneo crean unos céspedes de hojas muy cortas. A partir de estas observaciones se propuso que los problemas de degradación observados en las praderas de Florida y del Golfo de México a partir de la década de 1980 se debían a la escasez de tortugas. En ausencia de ramoneo, las hojas crecían demasiado, se acumulaba materia orgánica y proliferaban hongos que acababan matando a la planta. De este modo, las praderas entraban en regresión y eran substituidas por fondos blandos de menor complejidad estructural y menor capacidad de acogida para los juveniles de peces de interés comercial.

   Todo esto sucedía, se afirmaba, porque las tortugas verdes eran lo suficientemente abundante como para no considerarse extintas, pero en la práctica se hallaban funcionalmente extintas. Si las tortugas recuperaran su abundancia original, se argumentaba, estos problemas desaparecerían y se restablecería el buen funcionamiento de las praderas, recuperándose a así los servicios perdidos, entre los cuales se hallaba el servir de hábitat a juveniles de especies comerciales. Este razonamiento se extrapolaba a todas las praderas de fanerógamas marinas tropicales, que de forma natural deberían beneficiarse de un intenso ramoneo por parte de las tortugas verdes. Sin embargo, tres estudios recientes han revelado una realidad más compleja.

   Las islas Lakshadweep están formadas por una serie de atolones situados en el Océano Indico. Hasta hace poco, las tortugas verdes no eran muy abundantes y las lagunas de los atolones albergaban praderas dominadas por Thalassia hemprichii. Fruto de los esfuerzos de conservación regionales, la abundancia de tortugas ha aumentado notablemente en los atolones desde 2005, acercándose en algunos de ellos a la densidad que según algunos autores debería haber existido originalmente. En paralelo al incremento en la abundancia de tortugas verdes, se ha producido la substitución de Thalassia hemprichii por Cymodocea rotundata y también un declive en la captura de peces por parte de los pescadores locales. No sólo ha disminuido la abundancia de peces herbívoros de diferentes familias que se alimentan de las praderas, pues las tortugas compiten con ellos y consumen ahora el 60% de la producción de hojas. También han declinado algunas especies que sólo viven en las praderas durante los estadios juveniles y luego se desplazan al arrecife. Desde el punto de vista de los pescadores de las Lakshadweep,  las praderas de Thalassia hemprichii poco ramoneadas por las tortugas verdes prestaban mejores servicios que las praderas intensamente ramoneadas por las tortugas y dominadas por Cymodocea rotundata. Para ellos, restaurar el papel ecológico de las tortugas verdes no ha sido un buen negocio.

   ¿Qué hacer en este contexto? Si el objetivo es preservar los servicios de los ecosistemas, la respuesta en el caso de las Lakshadweep es sencilla: reducir la población de tortugas verdes para revertir los cambios inducidos por ellas y recuperar el rendimiento pesquero. Sin embargo, este planteamiento repugnará a todos aquellos interesados, básicamente, por la protección de las tortugas. Obviamente, se puede argumentar que si la densidad de tortugas verdes ha aumentado excesivamente ha sido porque la protección de las tortugas no ha sido acompañada de la paralela recuperación de las poblaciones de tiburones. De este modo, se ha eliminado el factor que de forma natural controlaba a las poblaciones de tortugas. Por lo tanto, bastaría con restaurar las poblaciones de tiburones para controlar la población de tortugas verdes y devolver las praderas de las Lakshadweep al estado que tenían hace quince años. Pero entonces, si el objetivo último es proteger los servicios ecosistémicos ¿por qué no controlamos directamente la población de tortugas mediante su caza? Se me olvidaba: las tortugas son especies icónicas y no nos gusta matarlas. Pero entonces, ¿por qué invocamos los servicios ecosistémicos si lo que de verdad queremos es conservar a las tortugas verdes?

   En mi opinión, este no es más que uno de los muchos ejemplos de la perversión de utilizar el enfoque funcional para argumentar la necesidad de conservar la biodiversidad. Algunas especies tienen un papel funcional y otras no. Algunos ecosistemas proporcionan más servicios en su estado original y otros no. Hay que evitar los maximalismos y ceñirse a una gestión realista. En un mundo habitado por más 6.500 millones de personas, con evitar el colapso de las poblaciones explotadas y la extinción del resto ya podemos estar contentos.

Bibliografía

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Bjorndal, K.A., Jackson, J.B.C. 2003. Roles of sea turtles in marine ecosystems: reconstructing the past. In: Lutz PL, Musick JA, Wyneken J (eds) The biology of sea turtles, Vol 2. CRC Press, Boca Raton, FL, p 259–273.

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