¿Dónde están las medusas?

29/11/2012 3 comentarios
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     Este verano no ha sido malo. Salvo en el sudeste ibérico, las medusas han sido más bien escasas. Algún enjambre aislado de Pelagia noctiluca a finales de agosto en Baleares, pero poca cosa. Nada que ver con  el período 2003-2008, cuando los servicios de salvamento se vieron obligados a inventarse una bandera para advertir de la presencia de medusas en las playas. La psicosis fue tal que  hasta llegaron a publicarse novelas sobre un mundo dominado por medusa. Y sin embargo, desde hace varios años, normalidad absoluta.   ¿Dónde está la diferencia? ¿Ha cambiado algo  en estos años? ¿Se tomó alguna medida útil? ¿Quizás los "pelícanos", esos extraños botes dotados de redes laterales y destinados a limpiar el mar de plásticos, han eliminado las medusa? ¿Ya no hay sobrepesca de grandes depredadores y el cambio climático se ha revertido? ¿Dónde han  ido a parar todas las hipótesis catastrofistas invocadas para explicar la "anormal"  profileración de medusas en las aguas españolas?

     En realidad, no ha sucedido nada anormal. Ni lo fue la proliferación de 2003-2008 ni lo ha sido la escasez actual. Desde hace tiempo sabemos que la abundancia de Pelagia noctiluca en aguas costeras del Mediterráneo, presenta ciclos interanuales con una periodicidad de 11 años. Son muy  irregulares, pero los suficientemente evidentes como para que todo adulto algo observador y en contacto regular con el mar pueda tener conciencia de los mismos. Y sin embargo, ninguno de mis amigos recordaba haber visto nada parecido en toda su vida. Todos habían olvidado los años de abundantes medusas de  finales de la década de 1970. Afortunadamente, quienes no fían el registro del pasado a la voluble memoria humana se han dedicado a anotar la presencia, o no, de medusas en el litoral francés durante casi 250 años, gracias a lo cual podemos documentar con rigor la existencia de fluctuaciones naturales de esta especie desde mucho antes de que los humanos tuviéramos capacidad para alterar profundamente el funcionamiento de los océanos.

     Sin embargo, entre 2003 y 2008, los medios de comunicación ofrecieron tres grandes hipótesis a modo de explicación para el aumento de la abundancia de medusas. Dejando de lado al cambio climático, chivo expiatorio que sirve para justificarlo todo, las otras dos fueron la sequía y la sobrepesca. Culpar a la sequía de todos los males es una arraigada tradición española y siempre resulta popular. En este caso, una disminución de la cantidad de agua dulce trasportada al mar por los ríos habría provocado el aumento de la salinidad de las aguas costeras y con ello la proliferación de medusas. En cuanto a la desaparición de los depredadores de medusa causada por la sobrepesca, habría permitido proliferar sin límite a estos gelatinosos animales, castigando así a los humanos responsables de esquilmar los mares. Mediáticamente suena bien, pero ¿qué hay de cierto en todo ello?

     Estudios recientes han demostrado la presencia de cantidades apreciables de Pelagia noctiluca en las aguas oceánicas del Mediterráneo occidental durante todo el año. La mayor abundancia se registraría a lo largo del frente salino que separa las aguas oceánicas, más saladas, de las aguas costeras, menos saladas. De ahí, que algunos investigadores aventuraran la hipótesis según la cual el aumento de la salinidad de las aguas costeras permitiría la llegada a la costa de aguas oceánicas cargadas de medusas durante los períodos de sequía. Sin embargo, esto no explica porqué los años en que las medusas abundan en  las aguas del litoral ibérico también lo hacen en el litoral de las Islas Baleares. En el archipiélago no existen ríos capaces de diluir las aguas costeras, cuya salinidad es similar a la oceánica, y sin embargo la abundancia de  Pelagia noctiluca también suele aumentar durante los años secos. Por lo tanto, la hipótesis de la sequía, aunque aparentemente elegante, no basta pera explicar la proliferación de medusas.

     En realidad, parece que la variación de la presencia de medusas en aguas costeras estaría relacionada con la Oscilación del Atlántico Norte (NAO), un fenómeno de gran importancia para el clima en toda Europa. En años de NAO positivo aumentaría el número de medusas, para disminuir en años de NAO negativo. La sequía en el Mediterráneo sería sólo una de los cambios asociados a los valores positivos del NAO, pero no necesariamente el fenómeno más importante para explicar la proliferación de medusas.

     ¿Y la sobrepesca? Gracias al uso de isótopos estables, ahora sabemos que además de las tortugas marinas, existen en el Mediterráneo otros consumidores de zooplancton gelatinoso. Se trata del pez luna (Mola mola), el atún rojo (Thunnus thynnus), la bacoreta (Euthynnus alletteratus), el pez espada (Xiphias gladius) y el marlín mediterráneo (Tetraptus belone). Según los datos del organismo internacional responsable de gestionar la pesquería de atún rojo en el Atlántico y el Mediterráneo (ICCAT), la biomasa de atún rojo en el Mediterráneo habría alcanzado su mínimo histórico precisamente en le período 2003-2008, recuperándose notablemente desde entonces. Sin embargo, establecer una relación causal entre ello y la proliferación de medusas observada entre 2003 y 2008 parece arriesgado, entre otras cosas porque  los modelos utilizados para reconstruir las dietas de los depredadores mediante la concentración de isótopos estables no discriminan bien entre Pelagia noctiluca y las salpas. En consecuencia, podemos afirmar que los atunes de menos de un metro comen grandes cantidades de zooplancton gelatinoso, pero no estamos seguros de si son medusas, salpas o ambas. Además, a finales de la década de 1970 se produjeron importantes proliferaciones de Pelagia noctiluca y la pesca industrial del atún en el Mediterráneo aun no había empezado.

     En resumidas cuentas, la abundancia de Pelagia noctiluca en aguas costeras varía de forma natural, seguramente en asociación a la Oscilación del Atlántico Norte aunque todavía no conocemos qué causa exactamente la proliferación de medusas en condiciones de NAO positivo. Es posible que una comunidad rica y diversa de depredadores pueda aminorar la magnitud de estas proliferaciones, pero la reducción de la abundancia de depredadores no parece capaz por sí sola de provocarlas si las condiciones oceanográficas no son las adecuadas. Dicho de otro modo, las medusas volverán antes o después, sin que sea culpa nuestra. Simplemente están ahí, aunque no siempre.

 

 

Bibliografía

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