Las macroalgas, al fin

29/12/2013 1 comentario
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    Durante años, los aficionados españoles a la naturaleza tuvimos que conformarnos con  traducciones de obras europeas. Títulos como "Las aves de España y Europa" o "Flores de Europa" no lograban ocultar la verdadera naturaleza de aquellas obras, nacidas en el Reino Unido, Francia o Alemania y en las cuales las singularidades propias de la fauna y flora de la Península Ibérica, por no hablar de los archipiélagos balear y canario, quedaban totalmente difuminadas. Incluso los biólogos profesionales se enfrentaban a serios problemas a la hora de utilizarlas para identificar especies de grupos ajenos a su especialidad, lo que generaba no pocos problemas e incertidumbres.

     La situación mejoró radicalmente durante la década de 1990, cuando se publicaron diversas guías y manuales de identificación de todos los grupos de vertebrados y de las plantas vasculares de diversas regiones. Las guías para la identificación de diversos grupos de invertebrados, tanto terrestres como marinos, aparecieron algo más tarde, pero algunos grupos parecían haber quedado al margen de este proceso. Las macroalgas marinas eran uno de ellos, pues sólo se les dedicaban unas pocas páginas en guías generales de organismos marinos.

     Para la mayor parte de la gente, las macroalgas constituyen más una molestia que un objeto de curiosidad. La mayoría no tiene reparos en correr descalzo por el césped, pero sólo unos pocos se atreven a tocar con el pie desnudo las algas que crecen sobre las rocas de la orilla, no vayan a resbalar o a pincharse con un erizo. La presencia en la playa de algas de arribazón orilla sólo desencadena las quejas de los bañistas, molestos por su olor y aspecto. Y la preocupación ciudadana por los problemas de conservación de las algas fucales resulta inexistente.

     Tampoco entre los estudiantes universitarios despiertan las macroalgas demasiado interés. Para empezar, la botánica clásica centra toda su atención en las fanerógamas, pues al fin y al cabo, las algas no dejan de ser plantas inferiores, carentes de verdaderos tejidos y de órganos. Se habla de ellas durante las primeras semanas de cualquier curso universitario de introducción a la botánica porque están en el temario, pero con poca convicción y siempre desde la perspectiva de la evolución de las fanerógamas. La dificultad del trabajo en el mar, las limitaciones tradicionales de la fotografía submarina  y el aspecto de muchas especies de algas en los pliegos de herbario no son ajenos al desinterés de la mayoría de los alumnos por ellas.

     No obstante, la complejidad de los ciclos biológicos de muchas macroalgas, su gran relevancia ecológica en los ecosistemas marinos y, también, su belleza bajo el agua, siempre logran atraer a algunos alumnos. Con el tiempo han aparecido en España importantes equipos de investigación sobre ficología y el resultado ha sido una notable mejora sobre el conocimiento de las macroalgas de las aguas españolas. Este conocimiento se ha plasmado en numerosos artículos científicos y, también, en una guía publicada por Omega en 2013.

     Es curioso que sólo siete años antes, la misma editorial hubiera publicado una guía para la identificación de algas del Atlántico y del Mediterráneo preparada por autores franceses y publicada originalemente en 1995. La traducción de aquel trabajo contribuyó a llenar un hueco importante en la bibliografía publicada en castellano, pero hacía falta más, por ejemplo micrografías del talo y una bibliografía más extensa. El trabajo de Conxi Rodrígue-Prieto, Enric Ballesteros, Fernando Boisset y Julio Afonso-Carrillo llena con creces este hueco y proporciona una herramienta extraordinariamente útil para la identificación de las macroalgas del Mediterráneo occidental. Es, además, un libro bonito, gracias a la cuidada selección de las fotografías, capaces de mostrar en todo su esplendor la belleza de las macroalgas marinas, perdida cuando se las fotografía fuera del agua o cuando se conservan en pliegos de herbario. Lástima de algunas decisiones ortotipográficas como el empleo de una letra de palo seco y el no sangrado de los párrafos, que en ocasiones dificultan la lectura y confieren al texto un aspecto extraño, máxime cuando en la guía de 2006 se adoptó un enfoque ortotipográfico más efectivo.

     En cualquier caso, la publicación de un libro como este sólo puede valorarse como algo muy positivo. No sólo porque constata la existencia de un grupo de investigadores de excelente nivel dedicados a sacrificar una parte importante de su tiempo en poner su conocimiento al alcance del resto de los ciudadanos. También, por la existencia de una editorial decidida a apostar por libros dirigidos necesariamente a un público minoritario. Y finalmente, porque supone la existencia de ciudadanos con suficiente interés por la biología marina como para hacer el esfuerzo de comprar un libro como este y utilizarlo. Vista la situación actual de la investigación en España, la publicación de esta guía podría verse como uno de los últimos réditos del esfuerzo realizado durante las últimas tres década para situarnos al nivel de los países desarrollados. En el otro lado de la balanza, constata la voluntad de resistencia y hace albergar alguna esperanza sobre el futuro.

 

Bibliografía

Cabioc'h, J., Floc'h, J.-Y., Le Toquin, A., Boudouresque, C.-F., Meinesz, A., Verlaque, M. 2006. Guía de las algas del Atlántico y del Mediterráneo. Omega.

Rodríguez-Prieto, C., Ballesteros, E., Boisset, F., Afonso-Carrillo, J. 2013. Guía de las macroalgas y fanerógamas marinas del Mediterráneo Occidental. Omega.