Lecciones desde Hawái

22/04/2017 1 comentario
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El Mediterráneo oriental, el Caribe y las islas Hawái comparten la presencia simultánea de tortugas verdes (Chelonia mydas) y focas monje (Monachus spp.). Las dos han sido históricamente explotadas en las tres regiones y actualmente se hallan legalmente protegidas, pero sólo en Hawái se ha logrado una mejoría notable de sus poblaciones.

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Macho de tortuga verde en una playa de Hawái. Las tortugas verdes sólo salen del agua fuera de la época de puesta en las islas Hawái y en las Galápagos. [Foto: Luis Cardona]

La tortuga verde está presente en los trópicos de todo el planeta. El Mediterráneo es la única región de clima templado donde se reproduce, aunque sólo lo hace en Chipre y en la franja comprendida entre el sudeste de Turquía e Israel. Desconocemos su distribución y abundancia en tiempos históricos, pero los datos climáticos sugieren un área de nidificación similar, aunque la población debía de ser muy superior a la actual. En Turquía, la población nidificante habría pasado de 3500 hembras a finales del siglo XIX a unas 230 cien años más tarde. Y en Israel, donde hoy sólo nidifican unas decenas de hembras, hace un siglo se cazaban anualmente 2000 tortugas verdes para la exportación.

Un declive similar se produjo en el Caribe y las islas Hawái. A tenor de las crónicas sobre el descubrimiento de América, las tortugas verdes se contaban por millones a principios del siglo XVI. No parecen haber sido tan abundantes en las islas Hawái, pero el registro zooarqueológico indica la presencia de playas de nidificación en la mayor parte del archipiélago antes de la llegada de los europeos. En ambas regiones, el incremento de la presión humana tras la colonización occidental hizo declinar las poblaciones de tortuga verde. En Hawái, durante el siglo XIX la tortuga verde ya sólo se reproducía en cuatro playas, todas ellas situadas en las inaccesibles y hostiles islas noroccidentales. El declive fue menos intenso en el Caribe, donde la tortuga verde continuó nidificando en la mayor parte de las islas, aunque generalmente en bajo número.

La historia de las focas monje en las tres regiones fue similar. Los datos históricos sugieren que el área de distribución original de la foca monje mediterránea (Monachus monachus) se extendía desde Cabo Verde hasta Azores en el Atlántico y por todo el Mediterráneo hasta el Mar Negro. Al parecer, el declive de la foca monje mediterránea se inició durante el Imperio Romano, pero durante el siglo XIX la especie aún era común en la mayor parte de la cuenca. Fue durante la segunda mitad del siglo XX cuando desapareció de la mayor parte del Mediterráneo occidental y de la costa africana, quedando en Grecia y Turquía, en el Mediterráneo, y en Madeira y un pequeño sector de Mauritania en el Atlántico.

La foca monje del Caribe (Monachus tropicalis) tenía un área de distribución menor, hallándose circunscrita a dicho mar y sin adentrarse apenas en el golfo de México. A principios del siglo XIX, tras doscientos años de explotación europea, ya había desaparecido de las islas principales y del continente americano, quedando relegada a pequeños islotes coralinos. Durante la primera mitad del siglo XX desapareció también de la parte oriental la cuenca y en la década de 1950 se produjeron los últimos avistamientos. Hoy la especie está catalogada oficialmente como extinta.

Finalmente, la foca monje de Hawái (Neomonachus schauinslandi) siempre ha estado relegada al archipiélago, pero la colonización polinesia provocó su desaparición de las islas principales. Hasta hace pocos años, la especie ha sobrevivido únicamente en los islotes del noroeste del archipiélago.

Esta historia de persecución y declive empezó a cambiar en 1973, cuando los Estados Unidos de América declararon protegidas tanto a la tortuga verde y como a la foca monje de Hawái. En aquella época, la población hawaiana de la tortuga verde parecía condenada a la extinción, con sólo unas pocas decenas de puestas anuales en el atolón de French Frigate Shoals, último reducto de la especie en el archipiélago. La protección legal implicó el cese de la recogida de huevos y de la captura de ejemplares adultos. Hoy, el número medio de puestas de tortugas verdes en French Frigate Shoals es de 500 nidos anuales y si bien no se ha recuperado la distribución histórica de las playas de puesta en el conjunto del archipiélago, actualmente es posible ver tortugas verdes por todas partes. En ciertas zonas de alimentación de las islas principales, la población incluso parece haber alcanzado la capacidad de carga del ecosistema. Algo similar ha sucedido con la foca monje de Hawái. Tras décadas de declive continuado, la población se encuentra estabilizada e incluso ha recolonizado las ocho islas principales, de las que estaba ausente desde la llegada de los polinesios.

Desde hace tres décadas, la tortuga verde también está protegida en numerosos estados del Caribe y los mismo sucede en el Mediterráneo con ella y la foca monje. Los efectos de dicha protección empiezan a notarse, pero de forma muy lenta. El número de nidos de tortuga verde está aumentado tanto en Tortuguero (Costa Rica) como en Chipre, pero el ritmo de la recuperación ha sido inferior al observado de Hawái. En cuanto a la foca monje del Mediterráneo, la pequeña población de Madeira parece estar creciendo gracias a la prohibición de pescar con trasmallos. También parece aumentar el número de avistamientos fuera de Grecia y Turquía y se podría estar produciendo una ligera recuperación en Mauritania. Pero de momento, no ha logrado recolonizar ninguna de las zonas de las que desapareció. ¿Por qué la conservación de estas especies ha tenido tanto éxito en Hawái y sólo resultados modestos, en el mejor de los casos, en el Caribe y el Mediterráneo?

La respuesta es tan simple como demoledora. Las islas Hawái pertenecen a los Estados Unidos de América y sus poblaciones de tortuga verde y focas monje no emigran a otras zonas. Por el contrario, la mayor parte de las tortugas verdes que nidifican en Chipre se alimentan en Egipto y Libia, dos países donde hace una década aún era posible encontrar huevos y carne de tortuga en el mercado y donde hoy nadie sabe qué sucede como resultado de la inestabilidad política. Conservar las playas de nidificación de Chipre y Turquía es necesario, pero insuficiente si las zonas de alimentación no lo están. Lo mismo sucede en el Caribe, donde las tortugas verdes que nidifican en Tortuguero son luego pescadas en las extensas praderas de fanerógamas situadas frente a Nicaragua. La situación es peor para la foca monje mediterránea, aún odiada y perseguida por todos los pescadores del Mediterráneo por igual, poco dados a permitir la recolonización de las zonas de donde lograron expulsarla.

Y por si fuera poco, ni en el Mediterráneo ni en el Caribe existe la posibilidad de crear un área marina protegida tan extensa como el Monumento Nacional Marino Papahanaumokuakea: 1,5 millones de kilómetros cuadrado. Es allí donde se reproducen la mayor parte de las tortugas verdes y de las focas monje de Hawái, libres de cualquier presión humana directa. La densidad humana y la fragmentación política del Mediterráneo y del Caribe hacen imposible la creación de un santuario de tal magnitud. En estas condiciones, resulta imposible sacar a las poblaciones de tortuga verde y foca monje de la situación crítica en que se encuentran en el Mediterráneo. En el Caribe ya sólo tienen que preocuparse por la tortuga verde.

 

Bibliografía
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