Homo floresiensis y la insularización

08/05/2009 12 comentarios
Menear

En ausencia de predadores y con recursos limitados de comida un menor tamaño corporal tiene más probabilidades de sobrevivir. Cuando no hay agricultura, las selvas tropicales ofrecen un suministro muy limitado de calorías para un homínido, de manera que la selección natural favorecerá los individuos de menor volumen ya que requieren menos energía. La isla Flores, en le sudeste asiático, es una isla relativamente pequeña; en ella escasean los recursos alimenticios, de modo que resulta prácticamente imposible mantener una población de grandes predadores. En consecuencia los grandes herbívoros ya no necesitan cuerpos muy voluminosos como mecanismo de defensa, pues su alto coste energético haría inviable la supervivencia en entornos de escasos recursos. La selección natural favorece entonces la supervivencia de aquellos herbívoros que reducen su volumen corporal, con lo que la especie puede aprovechar mejor los alimentos, posibilitando así su viabilidad.

 

Por lo general en las islas al oeste de la Línea Wallace, como Java, se mantiene el tamaño grande de los animales. En cambio en la isla de Flores los animales experimentaron el efecto de insularización: los de mayor tamaño que un conejo disminuyen y los de menor tamaño que el conejo aumentan porque tienen suficiente comida y no hay predadores. Flores, con recursos más limitados y sin predadores es un buen ejemplo de esta regla y explica bien la variante pigmea del elefante prehistórico Stegodon por una parte, así como el aumento de tamaño de especies pequeñas como el lagarto gigante Kómodo y la rata gigante de Flores (Papagomys), por otro.

 

En 2004 se dio a conocer una especie extinguida, Homo floresiensis, humanos enanos asociados a un proceso de insularización que se dio en la isla de Flores, en el Sudeste asiático, y que afectó a muchas otras especies.


El hecho de ser casos de enanismo --individuos de tan sólo un metro de estatura y 30 kg. de peso--, originado por el propio proceso evolutivo despertó no pocas suspicacias. Hubo quien lo atribuyó a un grupo patológico; pero ello casaba mal con tres tipos de datos. La diversidad de individuos; hasta trece individuos descubiertos en distintos lugares. La antigüedad de las dataciones, entre 17,000 y 95,000 años. Y los miles de herramientas de piedra trabajadas con técnicas del Paleolítico Superior con las cuales H. floresiensis cazaba elefantes enanos y otras especies.

 

La revista Nature ha publicado, en su número 450, de 7 de mayo de 2009, nuevos datos que apuntan a que H. floresiensis se trata de una auténtica especie fósil y, más importante aún, obligan a replantear las relaciones de parentesco atribuidas por los investigadores entre especies anteriores. Los restos del esqueleto de floresiensis presentan muchos rasgos normales pero, en cambio, el pie es sorprendentemente largo para su estatura, 20 cm, y su morfología no coincide con la de fósiles modernos eurosiáticos y africanos.

 

Por otra parte Nature publica, en el mismo número, datos de reducción del cerebro de los hipopótamos de Madagascar, otro ejemplo reducción evolutiva por insularización. Un serio obstáculo para la aceptación de H. floresiensis era el reducidísimo tamaño de su cerebro, cuya relación con la masa corporal, es completamente anormal respecto a lo esperado en el linaje humano, en el conjunto de mamíferos. Pero los datos reducción del cerebro en los hipopótamos malgaches han desmentido el modelo predictivo. Y, ahora, puede explicarse la gran reducción cerebral  de H. floresiensis no como una anomalía patológica sino como una regulación de la expresión génica. Una vez más, se evidencia la necesidad de conocer lo que la emergente Genética del Desarrollo –la evo-devo--, nos enseña sobre las variaciones en el proceso evolutivo.