El lenguaje del cuerpo

28/09/2015 4 comentarios
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El cuerpo no solo comunica informaciones, también las recibe, y nos ayuda a entenderlas.


El Hombre de Vitruvio (Leonardo da Vinci) extendiendo sus redes neurales a través de su cuerpo, medida de la realidad exterior (E. Bruner).El cuerpo es una parte activa del proceso cognitivo, siendo la interfaz entre nuestro cerebro y el mundo. Nuestra forma de pensar, nuestras experiencias, la activación de nuestras redes neurales, dependen en parte de nuestras sensaciones físicas y de informaciones recibidas, transmitidas, codificadas, y hasta almacenadas, en el cuerpo. Visto así, el cuerpo acaba siendo un componente fundamental y activo del proceso que llamamos "mente". Desde luego desconocemos los mecanismos que están detrás de esta interacción, y en qué medida realmente nuestro cuerpo genera y moldea nuestro pensamiento. Esta falta de conocimiento se debe sobre todo a la gran dificultad de analizar y cuantificar estos procesos en un contexto experimental, de laboratorio, donde poder controlar y medir cada factor y cada elemento.

El caso más sencillo, y por esto más estudiado, es la relación del cuerpo con los objetos, en particular la relación entre mano y herramientas. Pero el concepto de "embodiment", es decir de participación del cuerpo (con su sistema nervioso y sensorial) en el mecanismo cognitivo, se puede aplicar a cualquier elemento de nuestras complejas capacidades mentales, incluidas las emociones. Claro, cuanto más abstracto sea el concepto, más difícil resulta investigarlo en un laboratorio. Desafortunadamente estos límites han llevado a menudo a dos posiciones opuestas y extremas hacia estas perspectivas: el desarrollo puramente conceptual y teórico (en los campos más especulativos, afines a la filosofía) o el rechazo incondicional a sus conceptos (en los campos más reduccionistas, afines a la biología celular y molecular). Mientras tanto, hay quien intenta encontrar una perspectiva intermedia, hasta en procesos tan determinantes para la evolución de nuestra especie, como el lenguaje.

Desde siempre lenguaje y manualidad han sido relacionados a nivel evolutivo y funcional. Ambos se basan en secuencias de módulos motores: cambiando el orden de activación de bloques musculares (de los músculos de la mano o de la fonación), se obtienen diferentes combinaciones que llevan a diferentes resultados. Además hay una relación neuroanatómica: las áreas cerebrales del lenguaje son próximas y continuas con las áreas cerebrales de las manos. En fin, llevamos décadas especulando sobre cómo la manualidad y el lenguaje se pueden haber potenciado entre sí a lo largo de nuestra evolución biológica y cultural.

Hace unos años se descubrieron "neuronas espejo": cuando vemos hacer algo, estas neuronas se activan como si nuestro cuerpo estuviera haciendo (o intentando hacer) aquel mismo movimiento. Así, si vemos lanzar un objeto, nuestro cerebro activa las neuronas de lanzar el objeto, simulando la misma secuencia muscular. Evidentemente esta información no llega a los músculos y se queda como un ejercicio de imitación virtual, una "simulación motora". Es como si nuestro cerebro y nuestro cuerpo, observando, se entrenaran entre ellos para hacer la misma acción que están observando. Se supone que este mecanismo pueda ser fundamental en los procesos de aprendizaje, así como en las conexiones emocionales. Por esta razón yo, adicto milonguero al tango, siempre sugiero no mirar demasiado a los que bailan mal, que todo se pega, y al revés aconsejo invertir tiempo observando a los que bailan bien, porque mientras el ojo sigue los movimientos de un cuerpo ajeno, el cuerpo se entrena en silencio.

Resulta que también el lenguaje puede que pase por los mismos mecanismos. Cuando escuchamos una palabra, nuestras neuronas espejo asociadas con aquella palabra se activan, simulando acciones asociadas con aquella palabra. Si oigo "bolígrafo" las neuronas de mi mano simulan la posición de empuñar un bolígrafo. Ahora, parece que el tiempo entre la recepción de la palabra y la activación de estas neuronas es demasiado breve para poder ser interpretado como un efecto secundario y adicional, un eco de mi cuerpo que responde al estimulo sin más. De aquí la hipótesis: que la activación de mis neuronas corporales (las de agarrar el bolígrafo) sea necesaria para entender la palabra misma. En este caso entonces el papel del cuerpo y de su experiencia motora sería esencial para llevar a cabo el mecanismo de comprensión del lenguaje, y probablemente también de producción del mismo. Por ejemplo, la palabra "mocasín" puede activar solo las neuronas del pie, pero la palabra "zapato" puede activar las del pie y las de las manos, dado que incluye los lazos y toda una serie de comportamientos asociados al proceso de calzado. Pues se está evaluando si estas activaciones motoras puedan ser parte fundamental de la comprensión de palabras y conceptos, enlazando cerebro, cuerpo y lenguaje, en un único sistema.

Evidentemente es muy difícil analizar estos componentes en un laboratorio. Además de estudios neurofuncionales con estímulos y técnicas de imágenes cerebrales, puede ser muy interesante analizar variaciones cognitivas en personas que hayan sufrido la pérdida de partes del cuerpo. Si estas hipótesis están acertando sobre la existencia de estos procesos, os podéis imaginar cuál podrían ser las consecuencias, no solo a nivel teórico, sino también en campos aplicados como la educación o el tratamiento de patologías neurológicas, desde las que tienen un fuerte componente psicológico hasta aquellas con un claro componente orgánico. Al fin y al cabo se trata de saber escuchar a nuestro propio cuerpo, a sus mensajes, y de saber compartir con él los aspectos más profundos de nuestros comportamientos.

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Estos temas han sido tratados este mes en un seminario sobre evolución y neurociencia organizado en Roma por la Academia Pontificia Antonianum, que contaba con tres ponentes y tres días de debate: Giovanni Buccino ha presentado precisamente las pruebas del papel del cuerpo en la decodificación del lenguaje, Karl Zilles ha ofrecido una perspectiva sobre la estructura celular de las áreas parietales involucradas, y yo he presentado una síntesis sobre la evolución de los lóbulos parietales y de las funciones de integración visuo-espacial.