Enfermedad de Alzheimer y dificultad de ejecución de tareas cotidianas

06/05/2017 0 comentarios
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Un síntoma de la etapa inicial en el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer es que empiezan a aparecer dificultades en la ejecución de tareas cotidianas que implican una cierta complejidad; por ejemplo, en labores de cocina, tal y como atestiguan los resultados procedentes de la aplicación del test de tareas de cocina (KTA) de Baum y Edwards (1993).

Primera lámina del Test de las fotos del Dr. Cristóbal Carneiro

http://www.fototest.es

La actividad seleccionada consistió en preparar un pudding que requería hasta el cumplimiento de 16 subtareas para su realización. Baum y Edwards encontraron que en un estadio de demencia ligera, los sujetos encontraban alguna dificultad en ejecutar la tarea y que gracias a las pistas verbales proporcionadas por los cuidadores, aquellos podían continuar la actividad y completarla adecuadamente. El promedio de errores cometidos fue de 1,75 frente a los 13,88 que cometían los individuos con demencia severa.

Los seres humanos somos capaces de ejecutar más de una tarea a la vez. Según Della Sala y Logie (2001), diversos estudios atestiguan la existencia de una función cognitiva responsable de coordinar la ejecución de múltiples tareas y, en concreto, de tareas duales. Hace más de dos décadas, ya Baddeley y colaboradores (1986) dieron cuenta del fracaso de esta función coordinadora en enfermos de alzhéimer y en el contexto del modelo de la memoria operativa. Posteriores estudios se han ido sucediendo (por ejemplo, Della Sala et al., 1995), constatándose que, en el estadio inicial de la enfermedad, los pacientes muestran un notable déficit en la ejecución de tareas duales, o ejecución simultánea de dos tareas como, por ejemplo, responder manualmente a la presentación de una figura y a la audición de un tono. Baddeley y colaboradores (2001) han demostrado que el incrementar las exigencias en una tarea simple no causa un mayor impacto en pacientes de alzhéimer que en sujetos control sanos, lo que lleva a suponer que los sujetos afectados por la dolencia han de tener alguna dificultad específica por lo que se refiere a la realización de la tarea dual y no tanto un problema general de demanda cognitiva. También se ha verificado que, en la medida en que la enfermedad progresa, el déficit va siendo mucho mayor en tareas duales que en tareas individuales.

La toma de decisiones también se ve afectada por el desarrollo inicial de la enfermedad, especialmente por lo que se refiere a la respuesta ante situaciones de emergencia, como un incendio en casa. Según Yu y Dayan (2005), la acetilcolina y la norepinefrina desempeñan un importante papel a la hora de afrontar situaciones inesperadas. Ambos neurotransmisores suprimen selectivamente la transmisión sináptica intracortical y promueven el procesamiento talámico-cortical (Hasselmo et al. 1996). La acetilcolina y la norepinefrina actúan de manera sinérgica en el neocórtex y en el hipocampo permitiendo la revisión de las representaciones internas basadas en las nuevas experiencias que van surgiendo. Cuando faltan estos neurotransmisores o desciende su concentración, se ha observado que disminuye la plasticidad dependiente de la experiencia (Baskerville et al., 1997), mientras que cuando se produce su incremento, parece existir una reorganización cortical. Evidentemente, el hipocampo es una de las primeras zonas del cerebro en sufrir daño en la enfermedad de Alzheimer, originándose un desequilibrio en la distribución de estos neurotransmisores y afectando a la rápida y efectiva toma de decisiones en circunstancias de urgencia. A su vez, no es de extrañar que ya en las fases iniciales del mal se vean perjudicadas las capacidades de orientación espacial, tales como el seguimiento de un mapa o el cálculo de las distancias entre objetos al conducir un automóvil.

Para finalizar este recorrido, es imposible no tener en cuenta como factor de diagnóstico, el impacto de los trastornos de comportamiento tales como la irritabilidad, el alejamiento de las relaciones sociales, la ansiedad, las alteraciones del sueño y la depresión y apatía. Muchas veces, el tratamiento farmacológico, especialmente de la ansiedad y del insomnio, entre los sujetos más jóvenes, enmascara la progresión de una demencia por enfermedad de Alzheimer.