El hombre que quiso cantar

06/02/2017 0 comentarios
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¿Es la amusia congénita incompatible con la musicofilia? Tim Falconer, un amúsico de 54 años, se enfrentó al reto de "aprender a cantar" con un entrenamiento vocal de 18 meses.  

Muchas veces damos nuestras capacidades por sentado. Y por capacidades me refiero, por ejemplo, a la percepción fina de sonidos que es esencial para la música. En términos generales, la música podría definirse como una serie de notas o tonos que se suceden en el tiempo. Estos tonos, cuando son puros, tienen una frecuencia determinada o altura ("pitch" en la terminología anglosajona). Si pensamos en un piano, la nota "La" por encima del do central tiene una frecuencia de 440 Hz, es decir, la onda sonora correspondiente oscila a razón de 440 veces por segundo y es esta frecuencia la que llega a las células ciliadas de nuestro oído interno que transducen la señal y la envían, pasando por una serie de estaciones intermedias, hasta el córtex auditivo primario. Aunque no tengamos oído absoluto, nuestro "hardware" cerebral suele estar en buenas condiciones como para percibir si un tono es más alto o más bajo que otro. Sin embargo, en un tipo concreto de amusia ("tone deafness"), la amusia perceptiva, este hardware no es lo suficientemente eficaz. De hecho, una de las participantes de la Dra. Isabelle Peretz1 reconoció que, para ella, escuchar música era como escuchar el estrépito de una batería completa de ollas de cocina cayendo al suelo, ¡menuda experiencia musical más espantosa! No resulta de extrañar, por ende, que aproximadamente el 59 % de las personas con amusia suela abstenerse de cualquier relación con la música. No tanto es así el caso del señor Tim Falconer, un excepcional amúsico musicófilo que ha escrito un libro sobre la amusia congénita [1], algo que le ocurría a gran parte de su familia (es hereditaria) y que tiene una prevalencia de alrededor de un 4 % (aunque estudios recientes indican que podría ser menor) [2]. En cualquier caso, Tim se presentó en el laboratorio como conejillo de indias dispuesto a "aprender a cantar". Ni qué decir tiene que fue recibido con las puertas abiertas tanto por la Dra. Peretz como por el Dr. Russo de la Universidad Ryerson en Toronto. ¿Sería Tim capaz de superar su trastorno de percepción musical y convertirse tal vez en un cantante famoso?

Detalle de la portada del libro de Tim Falconer sobre la amusia.
La respuesta la encontramos en un artículo publicado recientemente por la revista Neurocase [3]. Obviamiente, cuando se va a aplicar un tratamiento es de gran utilidad tomar medidas psicométricas y conductuales antes y después del tratamiento (en este caso, 18 meses de clases de canto). En este estudio, compararon los resultados de Tim con los de un grupo control y un grupo de amúsicos. Como se trata de una colaboración entre la Universidad de Montreal y la de Toronto, parte las pruebas se hicieron en los laboratorios del BRAMS y el resto en la Universidad de Ryerson. En primer lugar, era necesario verificar que las capacidades perceptivas de Tim correspondían a las de su declarada amusia y, por otro lado, someterlo a un entrenamiento de canto y comprobar cómo mejoraba su producción vocal. Para lo primero, se le administraron (entre otros) dos tests: el MBEA ("Montreal Battery for Evaluation of Amusia") [4] y el BAT ("Beat Alignment test") [5]. El MBEA es una batería dividida en seis partes en las que suena un par de melodías y tienes que decir si te parecen iguales o no. En cada módulo se varía un aspecto (o no, si son iguales): la escala, el intervalo, el contorno melódico, el ritmo y el metro; en el último módulo, se mide la memoria según recuerdas haber escuchado la melodía en los módulos anteriores. En el BAT, por su parte, se presentan extractos musicales con una pulsación que puede coincidir con la del extracto, contener un cambio de tempo (más o menos rápido que el extracto) o de frase (desalineada respecto del extracto). Efectivamente, antes de las clases de canto, Tim puntuó por debajo del promedio en casi todos los módulos del MBEA excepto el ritmo. Con las clases, mejoró su percepción métrica en el MBEA y su puntuación en todas las subescalas del BAT fue normal. En cuanto a las tareas de producción musical (me centraré en dos de las que se citan en el artículo), Tim tenía que reproducir un intervalo y cantar "Cumpleaños feliz" con palabras o utilizando la sílaba "La". En la tarea de intervalos, Tim mejoró sobre todo coincidiendo con los meses de alta intensidad práctica y algo similar pasó con la ejecución de "Cumpleaños feliz", mejorando especialmente el contorno melódico cuando lo hacía con la sílaba "La". A pesar de estas pequeñas mejoras, los resultados parecen tener carácter transitorio ya que coincidieron con períodos de máxima práctica y, en cualquier caso, a pesar de una ligera mejora en producción tonal cuando cantaba "Cumpleaños feliz", los progresos parecen estar relacionados sobre todo con el ritmo y no con la percepción de tonos.

Volviendo a la analogía del principio, podría tratarse de un problema de hardware. En efecto, el cerebro de Tim fue escaneado con una secuencia de neuroimagen de tensor de difusión, que permite medir la difusión de las moléculas agua y, a través de un modelo, conocer las propiedades de los tractos (o autopistas, por seguir con analogías) de sustancia blanca entre distintas regiones cerebrales. El tracto que se ha visto afectado en amusia se conoce como fascículo arqueado (AF, del latín Arcuate fasciculus) que está conectando el córtex auditivo en el lóbulo temporal con el giro inferior frontal. La disección virtual del AF de Tim reveló que tenía un volumen comparable al del grupo de amúsicos en el hemisferio derecho (especializado en la percepción fina de tonos) y, en el izquierdo, era igual al del grupo de amúsicos y el control. Otro parámetro que es bastante informativo en estos casos es la anisotropía fraccional (nunca lo he visto traducido, en inglés es Fractional Anisotropy) y que en el AF derecho de Tim era menor incluso que en el grupo de amúsicos. Todo parece indicar que la conectividad fronto-temporal reducida de Tim podría explicar el bajo impacto que tuvo en él los 18 meses de entrenamiento vocal aunque, alternativamente, podría ser que necesitase más clases. Sea como fuere, Tim continúa siendo un caso sorprendente en el campo de la amusia congénita, haciéndonos reflexionar sobre la necesidad de explorar todos los aspectos que pueden influir en el hecho de que sintamos placer con la música.

Arcuate Fasciculus derecho de Tim Falconer (rojo) y de un sujeto control represetativo (azul). Adaptado de Russo et al. (2008).


Para aquellos lectores que quieran profundizar en la historia de Tim y en el especial valor que atribuye al timbre, aquí tenéis el vídeo en el que es entrevistado con el Dr. Russo para el programa The agenda with Steve Paikin.



Referencias


1. Falconer, T. (2016). Bad singer: the surprising science of tone deafness and how we hear music (House of Anansi Press).
2. Peretz, I., and Vuvan, D. (2016). Prevalence of Congenital Amusia. bioRxiv, 70961.
3. Wilbiks, J.M.P., Vuvan, D.T., Girard, P.-Y., Peretz, I., and Russo, F.A. (2016). Effects of vocal training in a musicophile with congenital amusia. Neurocase 22, 526–537.
4. Peretz, I., Champod, A.S., and Hyde, K. (2003). Varieties of musical disorders. The Montreal Battery of Evaluation of Amusia. Ann. N. Y. Acad. Sci. 999, 58–75.
5. Iversen, J.R., and Patel, A.D. (2008). The beat alignment test (BAT): Surveying beat processing abilities in the general population. In Proceedings of the 10th International Conference on Music Perception & Cognition (ICMPC10)., K. 'ichi Miyazaki, Y. Hiraga, M. Adachi, Y. Nakajima, and M. Tsuzaki, eds. (Sapporo: Adelaide: Casual Productions).

Nota al pie

1 Profesora de la universidad de Montreal, pionera en el estudio de la amusia y codirectora del BRAMS (International Laboratory for Brain, Music and Sound research)