Musicofilia a través de los ojos de Oliver Sacks

27/03/2017 2 comentarios
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Reseña del libro Musicofilia en que el neurólogo Oliver Sacks nos retrata casos clínicos en el contexto de la neurociencia cognitiva de la música. 

Empezaré diciendo que esta entrada es mi opinión personal sobre el libro Musicofilia (Musicophilia en inglés) de Oliver Sacks. Me ha parecido oportuno incluirla aquí este mes porque hasta ahora había tratado temas como la anhedonia musical y la amusia y, por tanto, para completar la historia, se hacía necesario aludir a un fenómeno que se sitúa en el otro extremo del espectro: la musicofilia. Por eso, la reseña del libro homónimo del Dr. Sacks me pareció una buena excusa para dar unas pinceladas sobre el tema.

En primer lugar, soy una gran admiradora de Oliver Sacks. Mi primer contacto con este neurólogo-escritor (en su caso creo que es un binomio inseparable) fue El hombre que confundió a su mujer con un sombrero. Se trataba de una lectura voluntaria durante la carrera de ciencias biológicas en la Universidad de Valencia. Me sorprendió sobre todo el estilo fresco y la pasión contagiosa con que el autor desgranaba la singularidad de cada uno de sus pacientes; su habilidad para contarnos la historia de un ser humano que lucha por convivir, reconciliarse o superar cierto accidente, enfermedad o síndrome que pone limitaciones, a veces de forma súbita, a su existencia. Lo extraordinario de la narrativa de Oliver Sacks, como supongo estarán de acuerdo muchos de sus lectores, es el hallarse en un género fronterizo entre la divulgación científica, la autobiografía y el relato. Y es esto precisamente lo que convierte a cada uno de sus libros en un viaje maravilloso en los que, al hilo conductor de un determinado caso clínico, observamos y reflexionamos sobre lo fascinante (y desconocido aún) que es el sistema nervioso. A pesar de los efectos devastadores de ciertos casos, Oliver Sacks tiene la buena costumbre de aligerarlo con un filtro humorístico que no elude la comicidad de ciertas situaciones —¿o acaso el pensar en un hombre que confunde a su mujer con un sombrero no nos mueve instantáneamente a la risa?.

Portada del libroTodas estas cualidades están presentes también en su libro Musicofilia. Un punto a destacar quizá respecto a otros libros suyos que he leído es la gran coherencia unitaria de la estructura, aprovechando lo bien que el tema se presta a ello. En Musicofilia, Oliver Sacks organiza su experiencia con pacientes clínicos en el contexto de la música en cuatro grandes secciones: «Embrujado por la música» (traducido del inglés Haunted by music); «Un rango de musicalidad»; «Memoria, movimiento y música»; «Emoción, identidad y música». La primera trata de cómo la música puede llegar a resultar patológica. Por ejemplo, se describen casos en los que el estímulo musical induce una actividad anormal en el lóbulo temporal de personas con epilepsia que acaba desembocando en una crisis. La segunda parte, reúne una serie de capítulos sobre alteraciones en la percepción musical, desde la amusia congénita hasta casos de sinestesia (cuando varias modalidades sensoriales se fusionan y, en la esfera musical, a una tonalidad le corresponde un color o sabor determinados). La tercera aporta testimonios de cómo la música puede servir de conexión con la realidad en pacientes con amnesia severa (ilustrado a través del caso de Clive Wearing, podéis verlo en el documental The man with the seven second memory disponible en Youtube) o como terapia motora en la enfermedad de Parkinson (¿recordáis la película Despertares con Robin Williams interpretando a Oliver Sacks?). Finalmente, los últimos capítulos versan sobre el estrecho vínculo entre música y emociones, desde aquellos que son indiferentes a la música (anhedónicos musicales) hasta personas con el síndrome de Williams con un carácter marcadamente hipermusical.

Los capítulos que guardan una relación más directa con la musicofilia son el 1 y el 27. Cuando leí el primer capítulo pensé: "Qué bien que Oliver Sacks incluya estos casos en el libro". Básicamente, empieza con la historia de un cirujano ortopédico, Tony Cicoria, quien, tras caerle un rayo, desarrolló una compulsión por tocar el piano hasta el punto de aprender a leer, componer y actuar en público (para más detalles véase el documental de la BBC One: Imagine. Oliver Sacks: Tales of Music and the Brain). Además, este capítulo incluye el caso de una mujer con epilepsia a la que se administró un anticonvulsivo llamado lamotrigina. Tras el tratamiento, no sólo sus crisis epilépticas quedaron bajo control sino que también se había operado en ella un cambio extraordinario: de cerrar la puerta para evitar escuchar a su marido tocando el piano había pasado a desarrollar una extrema apreciación de la música, buscando activamente programas de música clásica en la radio y asistiendo a conciertos. Desde un punto de vista científico, lo más interesante de este caso, publicado originalmente por Rohrer y colegas [1] es, como los propios autores apuntan, que podría deberse a que durante los años de actividad epiléptica incontrolada se hubiera intensificado la conectividad funcional entre los sistemas perceptuales de la música en el lóbulo temporal con los sistemas límbicos relacionados con las emociones. Una teoría que encaja bastante bien con lo que hemos visto recientemente en nuestro laboratorio en anhedónicos musicales, que precisamente muestran una conectividad funcional reducida [2]. Otra referencia directa a la musicofilia es la del capítulo 27 y los casos de demencia frontotemporal que, en algunas variantes (sobre todo las de demencia semántica), cursan con un fenotipo auditivo caracterizado por una tendencia musical excesiva. En concreto, los pacientes que retrata Oliver Sacks presentan una predisposición exacerbada al canto, de manera que es imposible sostener una conversación normal sin que emerja de vez en cuando algún animado canturreo. Pensándolo retrospectivamente, creo que algo similar le sucedió a mi abuela en los últimos años de su vida, cuando sin ton ni son nos deleitaba con cancioncillas que había aprendido en sus tiempos mozos, un recital que podía prolongarse durante horas o incluso el día entero. La pregunta es si habríamos encontrado algún correlato de esta musicofilia en su cerebro. En 2013, Fletcher y colegas [3] publicaron un estudio en el que veían que la musicofilia estaba relacionada con un incremento de la sustancia gris en el hipocampo izquierdo y preservación de la misma en algunas regiones de los lóbulos temporales y prefrontales. Sin embargo, se trata de poblaciones con perfiles muy complejos y las bases neurales de la musicofilia en demencia frontotemporal todavía no están del todo establecidas.

Para concluir, me gustaría recomendar el libro de Musicofilia a todos los lectores que estén interesados en el impacto que puede tener la música en el cerebro. Porque como dice el propio Oliver Sacks: «Music is part of being human». («La música es parte de ser humano»).


Referencias
1. Rohrer, J.D., Smith, S.J., and Warren, J.D. (2006). Craving for music after treatment for partial epilepsy. Epilepsia 47, 939–940.
2. Martínez-Molina, N., Mas-Herrero, E., Rodríguez-Fornells, A., Zatorre, R.J., and Marco-Pallarés, J. (2016). Neural correlates of specific musical anhedonia. Proc. Natl. Acad. Sci., 201611211.
3. Fletcher, P.D., Downey, L.E., Witoonpanich, P., and Warren, J.D. (2013). The brain basis of musicophilia: evidence from frontotemporal lobar degeneration. Front. Psychol. 4, 347–347.