De sonrisas y risas

02/01/2013 2 comentarios
Menear

¿Sonreímos porque estamos alegres, o estamos alegres porque sonreímos?

En 1936, en España estallaba la guerra civil y Europa se encontraba al borde de la segunda guerra mundial. Probablemente hubiese pocas razones para sonreír. Fue en aquel año cuando se estrenó la película de Charles Chaplin Tiempos modernos, para cuya banda sonora el genial actor compuso un tema instrumental que casi dos décadas después, tras añadirle letra, se convertiría en un éxito de la música popular de la mano de Nat King Cole. El tema se titulaba Smile (Sonríe), y lo han cantado artistas tan dispares como Eric Clapton, Barbra Streisand, Diana Ross, Plácido Domingo e incluso Robert Downey, Jr. El gancho de la canción debe residir en su sencillo y enternecedor mensaje: aunque todo vaya mal, sonríe, y verás que la vida vale la pena. Además de permitirme recomendar al lector interesado la versión de Madeleine Peyroux, esta cancioncilla me recuerda uno de los problemas que han intrigado a los psicólogos y los neurocientíficos desde los tiempos de Charles Darwin y William James, a saber, ¿sonreímos porque estamos alegres, o estamos alegres porque sonreímos? (o en su versión más conocida, ¿corremos porque tenemos miedo del oso, o tenemos miedo porque corremos?) Indudablemente, reír nos hace sentir bien. Pero en general solemos reír en compañía. ¿Por qué?

La mayor parte del comportamiento de los mamíferos se orquesta en torno a nuestras necesidades afectivas. La risa, junto al llanto, es una forma de vocalización emocional no verbal, y algunos investigadores la han considerado el nexo de unión entre las vocalizaciones animales y el lenguaje humano: parece plausible que nuestros antepasados aprendiesen a reír antes que a hablar. De hecho, ya mamíferos como las ratas ríen: nos lo ha enseñado el grupo de Jaak Panksepp, uno de los investigadores más conocidos en neuropsicología emocional. Cuando los investigadores hacen cosquillas y juegan con ratas de laboratorio, éstas emiten vocalizaciones ultrasónicas específicas, con una frecuencia de alrededor de 50 kHz,distintas de las emitidas en otras situaciones. Nuestra risa, emitida por un tracto vocal considerablemente más grande, se sitúa entre los 0,3 y los 2,9 kHz. Algunos datos sugieren que su origen evolutivo se remonta al último ancestro común entre los humanos y los grandes simios, que vivió hace unos 10-16 millones de años.

La risa de los primates tiene como sustrato neural ciertas regiones de la corteza auditiva, pero también la amígdala, centro del cerebro emocional, la corteza insular, donde se integra la información sensorial y la visceral, y las cortezas pre-motora, motora y somatosensorial. Parece que la interacción entre percepción y expresión de la risa que ocurre en estos núcleos hace que ésta sea contagiosa: la ventaja de esto es que, cuando reímos, somos capaces de inducir en otros nuestro estado de ánimo,manipulando así su comportamiento. La risa no sólo es expresión de felicidad: quienes nos ven reír, nos pueden llegar a asociar con sentimientos placenteros, y así creamos una situación propicia a la interacción social. No podemos descartar que en el caso de las ratas operen los mismos mecanismos.

En esta línea, el conocido antropólogo Robin Dunbar, de la Universidad de Oxford, propone que la risa constituye un mecanismo de establecimiento de vínculos sociales, a la manera en que el acicalamiento mutuo hace estrecharse las relaciones entre los primates de un grupo. La ventaja de la risa sobre éste es que la risa permite la interacción entre más de dos individuos.

Para recabar datos que apoyaran esta hipótesis, en un reciente estudio, Dezecache y Dunbar acudieron a pubs de Oxford, París, Calais, Lille y Berlín (en el artículo no nos cuentan cuantas pintas de ale, copas de vino y cervezas de trigo hubieron de consumir durante el trabajo de campo) y observaron disimuladamente, a una distancia discreta, a los grupos de personas que allí se reunían. Cuantificaron los grupos, y dentro de ellos, los subgrupos que mantenían conversaciones y los que reían a la vez. Además de replicar resultados de anteriores estudios (a saber, que hay un límite para mantener una conversación en dichas condiciones experimentales de unas 4 personas), descubrieron que los subgrupos de personas que compartían risas, dentro de grupos mayores o en grupos aislados,  constan de alrededor de 3 individuos. La risa en grupo, nos dicen los autores, es tres veces más eficaz que el acicalamiento mutuo: mientras que durante éste, sólo el que recibe las atenciones se beneficia de una liberación de endorfinas, la risa provoca que todos los que ríen veanincrementados sus niveles de estos placenteros neurotransmisores, muy importantes para la consolidación de vínculos afectivos.

Dicho todo esto, yo les invito a reír mucho, junto a los suyos, en el año que empieza, aunque todo vaya de mal en peor. Es una de las pocas actividades gratuitas (por el momento) que nos hacen sentir bien.

Referencias

Davila Ross M, et al. Reconstructing the evolution of laughter in great apes and humans. Current Biology. 2009, 19(13):1106-11.

Dezecache,  G.  and  Dunbar,  R.I.M.  Sharing  the  joke:  the  size  of natural  laughter  groups.  Evolution and  Human  Behaviour. 2012, 33:775–779

Meyer M, el al. How the brain laughs. Comparative evidence from behavioral, electrophysiological and neuroimaging studies in human  and monkey. Behavioural Brain Research. 2007, 182(2):245-60.

Panksepp J. Beyond a joke: from animal laughter to human joy? Science. 2005, 308(5718):62-3.

Panksepp J. Neuroevolutionary sources of laughter and social joy: modeling primal human laughter in laboratory rats. Behavioural Brain Research. 2007,182(2):231-44.

-------------------------------------------------------------------------------------------------

PS. En 1936, Rita Levi Montalcini se licenció en Medicina. Trabajó como históloga en la Università di Torino hasta 1938, año en que Benito Mussolini publicó el Manifesto per la Difesa della Razza que prohibía a los judíos ejercer cualquier carrera académica o profesional. Además de la frase que acompaña este blog, me quedo con unas declaraciones de esta gran científica, que nos advierten sobre el poder de enfrentarse con una gran fuerza y una sonrisa a las situaciones desesperadas: "Agradezco profundamente a Hitler y Mussolini que me considerasen una persona inferior. Gracias a ello, tuve el privilegio de trabajar directamente en mi habitación". Nos ha dejado, pero nunca olvidaremos todo lo que nos enseñó durante su larga vida.