¿Quienes son más inteligentes, los hombres o las mujeres?

31/10/2017 0 comentarios
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Ningún estudio científico riguroso ha podido demostrar que los hombres sean más inteligentes que las mujeres o que éstas sean más inteligentes que los hombres.

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La pregunta de si un determinado grupo humano es superior a otro puede concretarse de muchas maneras. ¿Son los blancos superiores a los negros, los judíos a los palestinos, los ricos a los pobres o los hombres a las mujeres? En cualquiera de estos casos podríamos plantearnos si esa superioridad de verdad existe y, si así fuera, deberíamos explicar si es heredada o adquirida, es decir, si viene determinada por la carga genética de cada grupo humano o si lo que la determina es el ambiente, la educación, o ambos, que ha recibido cada uno de ellos. Aquí nos limitaremos a considerar las diferencias entre mujeres y hombres, aunque mucho de lo que decimos puede también aplicarse a las diferencias entre los demás grupos humanos mencionados.

Ningún estudio científico riguroso ha podido demostrar que los hombres sean más inteligentes que las mujeres o que éstas sean más inteligentes que los hombres. Por supuesto, hay mujeres más inteligentes que hombres y hombres más inteligentes que mujeres, pero, considerados globalmente, no podemos constatar la superioridad intelectual de ninguno de ellos sobre el otro. Otra cosa son las capacidades específicas de cada sexo. Por término medio, los hombres superan a las mujeres en razonamiento lógico-matemático, en resolución de problemas, en destrezas motoras como interceptar una pelota en el aire, y en tareas espaciales, particularmente las que requieren orientación o percepción mental de figuras espacialmente rotadas. Las mujeres, por su parte, superan a los hombres en fluidez y memoria verbal, en comunicación emocional, en movimientos finos y precisos de manos y dedos y en velocidad y precisión perceptiva, como la que consiste en localizar un objeto o persona en un conjunto, entre otras habilidades menos estudiadas. Los hombres en general superan a las mujeres en la percepción del todo, del conjunto, mientras que las mujeres son mejores para apreciar el detalle. De ese modo, los hombres se orientan mejor y más rápidamente cuando transitan hacia un determinado lugar en las calles de una ciudad y las mujeres encuentran más rápidamente su vuelo en el panel luminoso de un aeropuerto.

En sus respectivos cerebros también hayamos diferencias. El masculino pesa por término medio cien gramos más que el femenino. Las mujeres tienen conexiones más abundantes entre ambos hemisferios cerebrales, el derecho y el izquierdo, y los hombres tienen mejores conexiones dentro de cada hemisferio. Sin embargo, todavía no hemos podido demostrar que ninguna de esas diferencias cerebrales sea la causa de sus diferentes capacidades mentales o conductuales. Las diferencias genéticas entre hombres y mujeres existen, pero en lo que se refiere a sus capacidades mentales sólo originan inclinaciones que no tienen por qué ser decisivas para determinar sus respectivos comportamientos.

Lo decisivo muchas veces puede ser el ambiente y la educación, como muy bien refleja la bella metáfora de Lewontin: "Si en dos tiestos diferentes del mismo jardín cultivamos varias semillas de una misma planta y un tiesto lo abonamos más que el otro, cuando crezcan veremos que en cada tiesto hay plantas de diferente altura, expresión de los diferentes genes de cada semilla. Pero las del tiesto abonado crecen más en conjunto que las del tiesto no abonado, expresando diferencias debidas, no a los genes que tenían sus semillas, sino a la mayor cantidad de abono que recibieron". En la historia de la humanidad los hombres han recibido muchas veces mayor y mejor cantidad de "abono" que las mujeres y eso puede explicar mejor que sus genes la superioridad que a veces hayan podido manifestar.

Para saber más: Morgado, I. La fábrica de las ilusiones: Conocernos más para ser mejores. Barcelona: Ariel, 2015.