Motores mínimos: El motor de Franklin

23/12/2016 0 comentarios
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Un motor técnicamente fácil y con múltiples fuentes de energía para su puesta en marcha.

Este nuevo motor electrostático se inspiró en el que descubríamos en la última entrega de este blog. Recordemos que habíamos visto que las cargas electrostáticas tienden a escapar de los objetos puntiagudos y que ya en la época de Benjamín Franklin estaba bien establecido que las cargas de signo opuesto se atraen y que las del mismo signo se repelen. Estos fenómenos son precisamente los que activan el motor que traemos hoy aquí, el motor de Franklin.

Motor de Franklin: Eficiente y fácil de construir, este motor opera gracias a la acumulación de carga eléctrica en una de las escobillas y su transmisión al polo opuesto. El bajo rozamiento se consigue mediante un clavo bien afilado, apoyado sobre una varilla en cuyo extremo superior habremos practicado un fino agujero. [MARC BOADA FERRER]Miremos las fotografías. Queda claro que el rotor se encuentra entre dos terminales o escobillas conectadas a un manantial de alta tensión. Queda claro también que las láminas metálicas pegadas al vaso de plástico adquirirán la misma carga que las escobillas. Por tanto una vez cargadas las láminas experimentarán una cierta repulsión y el rotor empezará a girar.

A medida que lo hagan las láminas se irán acercando a la escobilla que tiene una carga opuesta y por tanto empezarán a notar una atracción que se sumará a la repulsión que experimentan otras que ahora están ante la escobilla de turno. Es por eso que este motor es mucho más eficiente que el de puntas. En realidad lo es tanto que puede servirnos para detectar cargas electrostática mínimas o residuales. Esto permite que podamos prescindir de una auténtica máquina electrostática para activar el motor y utilizar otros manantiales. Por ejemplo: tomemos un papel de aluminio o una tela metálica y forremos la pantalla de un televisor de rayos catódicos. Conectemos este forro a un terminal del motor y el otro a una toma de tierra. El rotor empezará a girar gracias a los electrones arrancados de la pantalla por el tubo de rayos catódicos.

Alguien podrá objetar que ya no tiene en casa ninguna televisión antigua, de acuerdo. Visitemos un bazar oriental. Encontraremos raquetas eléctricas para eliminar esas pesadas moscas que visitan nuestro hogar. Con unas pinzas de cocodrilo conectemos la tela metálica interior a un terminal y la exterior a otro. Al pulsar el botón de la pala matamoscas eléctrico el rotor empezará a funcionar.

De nuevo alguien podría aducir que eso no es un manantial residual de alta tensión, de nuevo de acuerdo. Tomemos un tubo de PVC, de 30 o 40 milímetros de diámetro. Frotemos enérgicamente con un papel de cocina, o un trozo de lana. Quedará electrizado. Si ahora tocamos uno de los terminales con el tubo y el otro lo conectamos a tierra, ¡el rotor de nuevo empezará a girar!

Y hay más posibilidades. Si fabricamos unos vasos de Leiden (unos condensadores primitivos) y los conectamos a los terminales podremos abrir el abanico de posibilidades. Ahora, por ejemplo, estoy ensayando la activación del motor de Franklin con generadores piezoeléctricos hechos con encendedores de cocina usados. ¿Alguien da más?