Destripando los bisturís

04/10/2014 0 comentarios
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No asustarse. No se trata de una novela de terror. Aunque los bisturís han dado para relatar historias de este tipo a lo largo de los tiempos... Una tenebrosa excusa para revisar su evolución.

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Hace 126 años, en las calles del Londres más pordiosero, la gente se horrorizaba al hablar de un tal Jack "El Destripador" ("Jack The Ripper", en inglés) por la crudeza de las imágenes que la policía difundía sobre las víctimas de este asesino en serie. Conforme ha ido pasando el tiempo, se ha descubierto que al menos 5 de las 10 prostitutas que en 1888 fallecieron en el barrio de Whitechapel fueron asesinadas y abiertas en canal por el mismo individuo. Sin embargo, a día de hoy aún hay controversias acerca de quién de los sospechosos que se barajaban en la época fue realmente el perpetrador de esta saga de asesinatos en serie.

Una de las hipótesis que se barajó en la época fue que el asesino era cirujano, dada su forma de proceder. Según las investigaciones más recientes, "El Destripador" abordaba gentilmente a sus víctimas, las camelaba y, en un momento determinado, mostraba su verdadero yo, asfixiándolas antes de proceder con su ritual psicótico. El uso de un cuchillo bastante afilado, la profundidad de los cortes así como el hecho de extraer determinados órganos vitales, hizo pensar que el asesino tenía conocimientos médicos y que actuaba con un bisturí.

 

Imágenes reales de las autopsias realizadas sobre los cuerpos de algunas de las víctimas de Jack.

Una novela recientemente publicada parece centrarse en un inmigrante polaco que ya fue sospechoso en su momento. La existencia de un supuesto chal de una de las víctimas, conseguido en una subasta, dio lugar a una investigación con pruebas de ADN que, de ser cierta, relacionaría a la víctima con su agresor. Sin embargo, hay muchas sombras acerca de esta teoría, ya que se cuestiona bastante que esta prenda se haya conservado en óptimas condiciones desde que ocurrieron los hechos. En cualquier caso, sí que podría servir para describir al asesino, su estilo de vida y cómo llevaba a cabo sus planes. A día de hoy se sabe que, aunque sí que usaba un cuchillo de determinadas características, no se trataba de un bisturí y tampoco se cree que se tratara de un cirujano o, incluso, un carnicero.

Jack "El Destripador" no es el único ejemplo de asesinatos con cuchillos e, incluso, con bisturís. Y es que es paradójico ver cómo un utensilio médico que se usa para curar, a la vez también ha servido para todo lo contrario. A veces, de forma consciente, como en ésta de 2010. En otras ocasiones, como ésta hace 2 años, ¿forzadas? por la situación.

El bisturí está incluído, también, en nuestro lenguaje. Cuando actualmente se dice que fulanito/a "ha pasado por el bisturí", nos referimos a que se ha hecho alguna operación de cirugía estética. Sin embargo, prácticamente cada intervención quirúrgica, sea de la naturaleza que sea, necesita de un bisturí. De un tipo o de otro, como veremos en esta entrada, pero para acceder al interior del cuerpo humano y curarlo (o para quitarle la vida, según en qué ocasiones) siempre hace falta un bisturí.

La localidad de Pistoia, en Italia, da nombre a este utensilio médico. Su traducción francesa es "Pistorí". De ahí salió el nombre que esta herramienta tiene hoy en día en Francia, que es "bistourí" y, posiblemente, de ahí pasó a España, recortando, para variar, una letra. Ya en el siglo XV, desde Pistoia se exportaban espadas, puñales, dagas e incluso prototipos de los entonces llamados "cuchillos cirujanos", para las diversas profesiones y/o clases sociales que los usaban.

Pero después de este recorrido histórico-tenebroso sobre el uso de utensilios cortantes para actuar buena o malamente sobre el ser humano, pasemos a ver cómo ha evolucionado esta tecnología. A diferencia del fonendoscopio, ese instrumento que los médicos usan para escuchar nuestra música interior, ningún médico aparece en su foto post-graduación con un bisturí. Y sin embargo, también es uno de los instrumentos que más usan, sobre todo si son especialistas.

El bisturí clásico, por tanto, es una herramienta de cirugía y esencialmente lo conforman dos partes. La primera es una hoja fija o desechable, fabricada con acero inoxidable generalmente, bien afilada plana y recta, aunque también puede ser ligeramente curvada para aumentar la precisión en el corte. La segunda es el mango, que habitualmente suele tener unos surcos para acomodar la mano y/o los dedos a la hora de cortar y puede estar hecho del mismo material que la hoja o cualquier otro material no contaminante. Además, existe una nomenclatura para los bisturís y una especialización de su silueta en función del tejido sobre el que se vaya a realizar la incisión. Se trata de "abrir con arte" la zona del cuerpo a tratar, de manera que se produzca el menor efecto secundario. No de cortar cachos de carne a placer, como hacía el asesino de Whitechapel.

Existen, además, varios tipos de bisturís, dependiendo del efecto que se quiera conseguir sobre el tejido:

1. Bisturí de diamante. Principalmente usado en cirugía oftalmológica, se trata de un tipo de bisturí que realiza cortes ultrafinos. Dependiendo de qué tipo de tejidos y de su capacidad de recuperación, puede ser interesante usar este bisturí, ya que su biocompatibilidad es muy alta (diamante = red cristalina de átomos de carbono). Por cierto... Este bisturí NO ES lo que Luis Buñuel y Salvador Dalí nos enseñan en el corto "Un Perro Andaluz".

2. Electrobisturí. Para generar electricidad hacen falta electrodos, una corriente y algo que la conduzca. Ese algo, es el cuerpo humano. A día de hoy, tenemos electrobisturís monopolares o bipolares. Los monopolares se usan con el paciente tumbado sobre la mesa de operaciones, cuya superficie hace de electrodo pasivo y recibe la corriente que le llega atravesando el cuerpo del paciente. Los bipolares tienen ambos electrodos en el mismo dispositivo y aplican la corriente atravesando el tejido que haya entre los dos electrodos. Ambos trabajan con distintos parámetros en cuanto a la generación de la corriente que usan para su objetivo, pero la cuestión es que los monopolares cortan (destruyen) y los bipolares coagulan (hieren). En este sentido, parece lógico pensar que los primeros serán más puntiagudos y usaran corrientes muy fuertes en poco tiempo, para concentar el máximo de corriente en el tejido y destruirlo, mientras que los segundos usarán potencias más reducidas y varios ciclos, con el objetivo de provocar una herida que pueda ser reparable por el propio cuerpo.

El uso de este tipo de bisturís es variable, ya que prácticamente todos los tejidos son susceptibles de ser tratados con él. Concretamente, los vasos sanguíneos y los músculos necesitan menos potencia para ser cortados que la grasa o el tejido fibroso de los órganos internos.


 Ejemplo de coagulador al extraer un fragmento de encía.

3. Bisturí ultrasónico (o armónico). Se trata de un dispositivo bastante innovador, ya que se basa en el hecho de que a determinadas frecuencias acústicas (~55KHz), los tejidos blandos responden rompiéndose pero coagulándose a la vez, evitando además, daños en los tejidos colindantes. Por ello, se centra su uso en vísceras y vasos sanguíneos, principalmente.

 Biopsia de hígado en un cerdo.

4. Bisturí láser. Lo característico de los rayos láser es que no profundizan, ya que la luz visible no penetra tanto como la electricidad en el cuerpo humano. No obstante, cada tejido tiene su resistencia a la potencia del láser que se esté aplicando. Principalmente se usa en oftalmología y dermatología (manchas, lunares, tatuajes,...) o en foto terapia.

 Cirugía de cataratas con láser

5. Bisturí de rayos gamma. Este es un "bisturí" de nueva introducción en el mundo médico, especialmente usada para contratiempos, malformaciones o tumores cerebrales. Se trata de realizar una radioterapia de alta dosis durante poco tiempo y concentrando la máxima potencia en el tejido a eliminar. Para ello, el paciente se coloca un inmovilizador en la cabeza, de manera que se evite radiar zonas sanas. Partiendo de las pruebas diagnósticas, se realiza un modelado 3D del problema y se crea un protocolo de actuación sobre la malformación, para irla tratando por rayos gamma.

 Sistema de gammaterapia

Como habréis podido comprobar, el concepto de bisturí se ha ampliado un poco más allá de la simple hoja metálica que corta tejido. Afortunadamente, las diferentes técnicas sirven para evitar sangrados masivos o cirugías abiertas. El objetivo es operar/tratar, pero evitando el daño al paciente y un post-operatorio más allá de un tiempo razonable. Eso sí, esperemos que estas nuevas tecnologías no sean objeto de obsesión por parte de psicópatas que hagan de "Destripadores" en pleno siglo XXI.

No obstante, como sé que es algo que habrá suscitado interés y, como mínimo, un poquillo de morbo, he aquí un par de enlaces a la historia con la que hemos comenzado en esta entrada.

Documental sobre Jack el destripador (Canal Odisea). Lo más cercano a la versión actual de la identificación: http://youtu.be/S3LxLymYZQ4

Enlace reciente sobre la novela que lo ha ¿identificado?: http://www.abc.es/archivo/20140930/abci-jack-destripador-genetica-identidad-201409291844.html