El “fonendo” y nuestra banda sonora interior

10/08/2014 0 comentarios
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El símbolo e instrumento médico por excelencia, analizado desde el punto de vista ingeniero, histórico... y musical.

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Además de la foto de orla de cuando los médicos se licencian (ahora, "gradúan"), la foto siguiente que todo médico tiene es con bata y con un fonendoscopio colgando del cuello o metido en el bolsillo de la misma. La profesión está orgullosa de llevar este sencillo dispositivo. Y no es para menos porque, en palabras de algunos de ellos, "muchas de las dolencias cotidianas se diagnostican simplemente escuchando al cuerpo".

Qué bonita expresión: "escuchar al cuerpo". Cada vez que me introduzco a mirar todo lo que se está haciendo para mejorar nuestra salud, me doy cuenta de que de lo que se trata es de "escuchar al cuerpo". En este caso, los médicos usan el "fonendo" para escuchar el interior del cuerpo humano como si de una banda sonora se tratara. Nuestro organismo posee una melodía biológica, cuyos sonidos provienen desde su interior. Además, dependiendo de la constitución de cada uno de nosotros, las melodías tienen toques más agudos o más graves. Más breves o más intensos. Pero todos interpretan la misma canción durante toda nuestra vida. Y afortunadamente, por cierto. Se suele decir que dependiendo de qué estilos musicales, es mejor que tengan variaciones bruscas. La banda sonora del cuerpo humano es, en media, muy similar entre todos nosotros. En el momento en que tenemos notas que se salen fuera de lo normal, empieza otro tipo de espectáculo. Pero no musical, precisamente.

¿Recordáis el "Canon de Pachelbel"? Os invito a darle al play a esta dirección/vídeo de youtube, a la vez que leéis esta entrada. En ella se representa este clásico de la música de orquesta, en una de las mejores versiones que he podido escuchar hasta la fecha.

 

Fijáos en los primeros acordes. Son los más graves, y son la base sobre la que se superponen el resto de las melodías. Cuando los médicos nos auscultan por primera vez, buscan ese ritmo basal: el del corazón. A partir de ahí, siguen escuchando las melodías que el cuerpo les interpreta. El Canon de Pachelbel es fácilmente predecible, pues sus melodías son lentas, fijas y varían de forma continua en el tiempo. Pocas veces he escuchado el cuerpo humano con un fonendoscopio. Pero cuando lo he hecho, podría decir que hay una cierta continuidad en los ritmos. Tienes un ritmo principal, que es el del corazón, y luego, si afinas un poco más y te acercas a los órganos, puedes escuchar la respiración e incluso los intestinos, si bajas a la zona en cuestión. Obviamente, esto no es tan bonito y melódico como el clásico del músico alemán, pero sí que da una sensación de continuidad, y de que, cuando algo va mal, se nota.

Quería hacer este símil con una melodía, porque sí que parece que cuando existen ruidos que hacen que la música no sea perfecta aparecen los problemas. "El disco está rallado", diríamos en el caso de que se oyeran cosas raras en nuestro reproductor de música. El cuerpo humano también tiene ruidos (así se llaman en la jerga) que se saltan estos ritmos ya conocidos y que indican que no está bien. Así, por ejemplo, cuando las válvulas que separan las cavidades situadas en ambos lados del corazón no están en buenas condiciones, se puede escuchar un silbido que indica que se escapa flujo sanguíneo por ese lado. Esto implica que hay un problema hidráulico que es necesario reparar. Si estos silbidos, que pueden existir o no, son más cercanos a los pulmones, podrían ser indicativos de bronquitis, asma, neumonía y demás afecciones respiratorias. Y así sucesivamente.

Pero entremos en vereda. En primer lugar, ya que hablamos de sonidos y melodías corporales, se trata de poderlos oír lo mejor posible. Las ondas acústicas son mecánicas. Es decir, que se propagan mientras haya un medio por el que lo puedan hacer, mediante compresiones y expansiones del material que lo forman. Pero no lo hacen bien si los materiales son poco densos o la cantidad de ellos que hay es grande. Es por esto que, a la hora de auscultar el corazón o los pulmones, hay zonas específicas donde es mejor recoger los sonidos. Hay que escucharlos pegado a los puntos donde se sabe que podemos recogerlos con mayor cercanía, como puede ser en la parte anterior izquierda del tórax, para el corazón, o en la espalda, para los pulmones. El hueso es propicio para propagar el sonido con mayor claridad, y por ello es bueno hacerlo en esta zona, además de por cercanía.

Quizá por eso, originariamente, el mejor fonendoscopio creado fue el oído. Hasta hace menos de 2 siglos, el médico ponía directamente la oreja en el paciente, de manera que podía escuchar aquellos sonidos que eran suficientemente graves y consistentes. Pero, además de perderse los sonidos agudos, parecía una medida poco salubre, ya que si el paciente sufría de resfriados o cosas similares, o si era de piel grasienta o había sudado, por ejemplo, el pobre médico podría acabar contagiándose o manchándose fácilmente. No os lo imaginéis...

Tras ello parece que se decidió poner distancia entre paciente y médico, aunque el método venía a ser el mismo. El francés René Laënnec (1819) fue el primero en diseñar el fonendoscopio monoauricular: una caja resonante cilíndrica, de madera o metal, que ayudaba a recoger mejor los sonidos en su interior para enviarlos a la oreja.

Años más tarde, se puso de moda el experimento que hemos hecho todos de pequeños. Se cogen dos frascos de yogur y se unen con un hilo. Luego ponías uno de ellos en la pared y tratabas de escuchar a los del otro lado del muro, a ver si escuchabas algo. Si el ambiente era bastante silencioso, se podían escuchar sonidos que ni poniendo la oreja pegada a la pared. Bueno, pues si estos yogures los cambiáramos por una caja resonante metálica que concentrara el sonido progresivamente (en forma de megáfono) y lo enviara hacia un filamento delgado, parece que habrá menos riesgo de que la onda se dispersara, con lo que, mientras el sonido llegara al oído, el auricular podría ser del tamaño del agujero de la oreja (1855).

Pero es que, con el paso del tiempo, nos dimos cuenta de que, sin pérdida de mucha intensidad, era posible dividir el sonido en 2 conductos metálicos resonantes, de manera que pudiéramos escuchar el sonido por ambos oídos, e incluso alargar la distancia con el paciente, para evitar el contacto y transmitir o recibir gérmenes. Fue el nacimiento del estetoscopio biauricular. Si a esto añadimos que diferentes tamaños de cavidades debidamente diseñadas (con sus correspondientes membranas sensibles), podían recoger un espectro auditivo que abarcara tanto bajas frecuencias (corazón) como altas (silbidos), parece que se podrían diagnosticar más dolencias que las inicialmente previstas, o al menos, mejorar el diagnóstico precoz. Bueno pues este último diseño, que data de después de la 2ª guerra mundial, parece ser que es el que se ha impuesto desde entonces, y con el que más se trabaja.

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En definitiva, es el fonendoscopio o estetoscopio, el instrumento médico que se usa para escuchar ese "canon" humano que todos llevamos dentro interpretado. E insisto en que no es nada complicado. Como véis en la figura, hay 3 partes bien diferenciadas:

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1.- Un par de auriculares (olivas) de acero inoxidable cubiertos de silicona, para aislar sonidos exteriores y ajustarse ergonómicamente a la oreja del médico.

2.- Un tubo flexible de PVC de unos 60-70 cm, adecuadamente sellado para evitar la pérdida de sonido en su recorrido.

3.- Un receptor, también de acero inoxidable, formado por la "campana", que se usa para escuchar frecuencias altas, y una membrana ciertamente ligera pero tensa, que hace de tímpano exterior, amplificando los sonidos que le llegan.

Sobre este último modelo, además, parece que se ha intentado realizar alguna variante piezoeléctrica o con micrófonos, de manera que se consiga un fonendoscopio electrónico. Pero quizás es de las pocas cosas que no ha tenido éxito pasarla al mundo electrónico, ya que los médicos confían más en su experiencia como escuchantes directos que en valores de un display. Y la verdad es que es algo comprensible. Si mecánicamente y de una forma sencilla, "pegas" el oído al paciente y eres capaz de distinguir cosas, no te hacen falta valores que te digan lo que ya sabes por experiencia, desde que comienzas la carrera.

Quizás el problema de este dispositivo tan sencillo es, precisamente, la experiencia en el oído y el cuán bueno se sea a la hora de detectar estos sonidos. Al igual que con la música clásica, hay gente que es capaz de escuchar frecuencias muy altas o muy bajas, con lo cual serían buenos captadores de las melodías del cuerpo humano. Sin embargo, como se ande duro de oído, ya puede el cuerpo cantar lo que sea, que no va a haber manera de escuchar nada.

Relacionando ingeniería, música e historia, he aquí el aparato que ayuda a escuchar la banda sonora del cuerpo humano. Esos ritmos que los médicos interpretan para decirnos si estamos bien o tenemos que corregir nuestro pentagrama para no desafinar.

INFORMACIÓN ADICIONAL:

1. Video bastante explicativo y didáctico sobre el fonendoscopio, sus partes y su funcionamiento. https://www.youtube.com/watch?v=YP5hQzWBq1g

2. Auscultación cardíaca con fonendoscopio convencional. https://www.youtube.com/watch?v=9MBy7hOsNYg