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  • Investigación y Ciencia
  • Febrero 1989Nº 149

Fisiología

Serpientes, circulación de la sangre y gravedad

Cuando una sepiente trepa o se yergue, su sistema cardiovascular debe resistir fuertes gradientes de presión. La gravedad explica por qué el sistema circulatorio de las especies arbóreas difiere del característico de las marinas.

La gravedad es una fuerza omnipresente en nuestro mundo y tanto los animales como las plantas se han adaptado a ella de múltiples formas. Los árboles, por ejemplo, alcanzan alturas extraordinarias (de hasta 110 metros) y los fluidos vitales continúan circulando hasta sus ramas superiores. En el extremo contrario, tenemos a los animales que viven en el fondo del mar. ¿Cómo se desenvuelven a profundidades superiores a los 5700 metros, donde el peso de la columna de agua sobrepasa los 610 kilogramos por centímetro cuadrado? No resulta sorprendente que estas y otras adaptaciones a la gravedad hayan atraído la curiosidad de los científicos durante siglos.

En ambientes terrestres, la gravedad requiere especiales demandas del sistema cardiovascular de los animales y sus efectos pueden dejarse sentir de modo particular en las especies mayores que adoptan posiciones verticales. Debido a que el diseño del sistema cardiovascular de un animal refleja su forma de vida y el grado en que es afectado por la gravedad, algunos animales han evidenciado ser modelos valiosos para los estudios sobre regulación circulatoria. La jirafa es uno de estos animales. Dado que su cabeza ocupa una posición muy elevada con respecto al corazón, son necesarias presiones fuera de lo común para impulsar la sangre hasta el cerebro. Sin embargo, de entre todos los vertebrados, quizá las serpientes destacan por el grado de difusión y variabilidad de las adaptaciones en las que están involucrados la gravedad y el sistema cardiovascular.

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