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  • Investigación y Ciencia
  • Marzo 2001Nº 294

Fisiología

Proteosomas

Compete a los proteosomas reciclar las proteínas celulares. Pero si cumplen mal su cometido, por exceso o por defecto, aparecen diversas enfermedades habituales.
  • Goldberg, Alfred L.
  • Elledge, Stephen J.
  • Harper, J. Wade
Cada minuto se reproducen en el interior de nuestras células escenas que parecerían tomadas de una película de aventuras. La “infeliz” proteína que ahora cumple su función, dentro de un instante portará el marchamo de su destino "desventurado": una suerte de túnel donde se romperá en pedazos. Es el túnel, si se nos permite seguir con la metáfora, la viva imagen del potro de castigo. En su rueda, la proteína sufre un estiramiento y sobre ella caen los cuchillos de las enzimas que la despedazan. Todavía les aguarda a los trozos del despiece, fuera ya del túnel, la acción sajadora de otras enzimas más simples que culminarán la destrucción de la proteína.
Podría pensarse que esta hipérbole intracelular carece de interés, salvo para la proteína en cuestión. Nada más lejos de la verdad. En muchos laboratorios, el nuestro incluido, se ve con claridad creciente que los proteosomas, nombre técnico de esas salas de despiece molecular, intervienen de una forma decisiva en las vías que regulan una gavilla entera de procesos celulares. Hay, en una célula normal del organismo, unos 30.000 proteosomas. Cuando fracasan en su misión -bien sea porque destruyen proteínas importantes o bien sea porque no degradan las dañadas o malformadas- pueden aparecer enfermedades. El virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) y otros han desarrollado mecanismos para manipular la degradación proteosómica de proteínas en su propio interés. Se espera que los fármacos del futuro destinados a remediar el cáncer y otras patologías similares consistan en compuestos químicos que actúen sobre los proteosomas y las vías que transportan las proteínas hacia el interior de éstos. En ciertos laboratorios farmacéuticos se investigan compuestos inhibidores de la vía del proteosoma; hay dos fármacos en fase de prueba en el hombre.

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