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  • Mente y Cerebro
  • Enero/Febrero 2013Nº 58

Neurobiología

Cerebro y maternidad

Tener un hijo cambia la manera de pensar. También la de actuar. El embarazo y el parto remodelan el cerebro y la mente de la mujer.

Los lazos que se tejen entre madre e hijo no dependen de los genes que comparten (las madres adoptivas ofrecen prueba de ello). Tampoco el embarazo aclara por completo las claves de la relación entre ambos. Al parecer, son los retos de cuidar a un niño los responsables de que el cerebro de la madre, y también del padre, se reprograme. Ambos progenitores influyen en el cerebro del bebé, pero esa influencia resulta recíproca.

Elizabeth Meyer, familiarmente Liz, vive la «tiranía» de su segundo embarazo. El feto va en aumento día tras día y dormir tranquila se ha convertido en un recuerdo lejano: ahora debe bregar por las noches con los kilos de más de su creciente vientre. También la alimentación ha cambiado para ella: la comida le produce eructación y ardor de estómago como si subsistiera a base de una dieta de pequeños volcanes.

Liz comparte su condición de madre a punto de dar a luz con el trabajo de neurocientífica. Estudia los cambios que se producen en el cerebro maternal, además de ser coautora del presente artículo. Si bien es verdad que este campo de investigación no le alivia la indigestión que le causa el embarazo, sí que le proporciona cierto consuelo, pues los conocimientos científicos le revelan las alteraciones, por lo general positivas, que se producen en su cerebro, es decir, en el encéfalo de una mujer preñada.

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