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  • Mente y Cerebro
  • Julio/Agosto 2013Nº 61
Libros

Reseña

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Filosofía de la religión

Lenguaje y ciencia del fenómeno religioso.

  • Alonso, Luis

LÓGICA DE LA CREENCIA
Por Sixto J. Castro. Editorial San Esteban, ­Salamanca, 2012.

En numerosas ocasiones, Mente y cerebro ha abordado la neurología de la religión, en sus múltiples facetas. Traemos ahora a colación una obra importante sobre filosofía de la religión. Además, en nuestra lengua. Porque la «Philosophy of Religion» posee una intensa historia reciente de investigación ininterrumpida.

Fruto del ímpetu avasallador del positivismo lógico del primer tercio del siglo XX, los enunciados sobre Dios, sin verificación ni contrastación posible, se supusieron carentes de significado. No valía, pues, la pena detenerse en ellos. Hasta que a mediados de los sesenta, conforme fueron descubriéndose las limitaciones de la corriente filosófica aludida, apareció una restauración genuina de lo que en el siglo XVIII Leibniz dio en llamar Teodicea. Uno de los autores representativos, Alvin Plantinga, se valió de los propios métodos de la filosofía analítica para su renovadora God and Other Minds. Hoy la disciplina goza de una vitalidad extraordinaria con revistas, libros, conferencias y asociaciones académicas consagradas a su cultivo.

Del esquema que el autor del libro de cabecera aporta, clásico en su desarrollo actual (epistemología de la religión, existencia de Dios, probabilidad bayesiana de esta, el problema del mal, etcétera), subrayaré dos cuestiones nucleares: ciencia y religión, y el lenguaje religioso. La disciplina experimental aplicada a la religión es la neurociencia. Neurociencia y creencia van de la mano, lo mismo en la defensa de la religión que en su negación.

En efecto, sabido es que muchas teorías sobre la cognición humana distinguen entre el sistema I, rápido y basado en la heurística o en la intuición, reglas de la mano derecha, y sistema II, que tiende a mostrarse más deliberativo y analítico. En ese contexto dual, en cuyo marco ambos procesos pueden operar con simultaneidad y antagonismo, se apoyan los determinantes de la toma de decisiones. Aplicado al caso de la creencia, la investigación experimental reciente sugiere la proclividad hacia la increencia entre quienes se mueven por procesos analíticos; los intuitivos, por el contrario, se manifestarían más propensos a la religión. De lo que no cabe inferir que el hombre de ciencia tienda, por eso mismo, a la increencia, un fenómeno que se ha estudiado también en los últimos años a través del examen de los científicos eminentes cuya religiosidad es notoria (piénsese en el caso de Francis Collins). En cualquier caso, la investigación experimental en nada afecta a la racionalidad inherente, valor o verdad de la creencia religiosa.

Desde la óptica científica la biología tiene mucho que aportar. El estudio evolutivo y cognitivo de la religión no busca identificar genes de Dios, ni esbozar posibles escenarios evolutivos que llevaran a la religión tal como la conocemos. Va más allá al plantear nuevas hipótesis y predicciones contrastables. Importa qué es lo que convierte a la religión en un fenómeno posible y exitoso. Y así el pensamiento y la conducta religiosos comienzan a considerarse partes integradas de la capacidad humana, lo mismo que la música, las relaciones familiares o los compromisos grupales. El cerebro humano habría adquirido esa propiedad bien por un proceso de adaptación, habida cuenta de las ventajas que para la supervivencia individual y grupal le reportaba, o bien como producto colateral de la arquitectura cognitiva de la mente. Con otras palabras, la religión sería o una propiedad buscada por sí misma o bien una propiedad que se aprovechó de una capacidad adquirida para una función distinta de la religiosa.

¿Cuándo aparecieron los primeros testimonios de conducta religiosa? La arqueología nos remonta a las primeras incisiones en ocre de dibujos geométricos en la cueva sudafricana de Blombos, que con sus 100.000 años de antigüedad vendrían a ser los primeros signos de comportamiento simbólico. Algo más recientes, los enterramientos rituales del yacimiento israelí de Qafzeh. Se trata, cierto, de una cuestión disputada. Por lo que muchos desean esperar a pruebas de pensamiento religioso más contundentes; en concreto, hasta la explosión del Paleolítico Superior, cuando se fechan las figurillas recuperadas de abrigos naturales, las famosas Venus y las estatuillas de hombre-león.

Pero las interacciones entre ciencia y religión pueden abordarse también desde una visión más general, meta-científica. Es el planteamiento desarrollado en esta filosofía de la religión, que parte en ese capítulo de la famosa clasificación de Ian Barbour y variaciones en torno a la misma, analizadas ya en esta sección. A cuatro se relacionarían los tipos de relación: conflicto, independencia, diálogo e integración. Prevalece en muchos ámbitos la idea de antagonismo, contra la verdad de las cosas, como bien recogía Nature en un editorial reciente (número 7441): «But what is clear is that, contrary to widespread belief, the modern Catholic Church os science-friend­ly». Se da por cierto que, en la postura de conflicto, tuvieron influencia determinante los escritos de J. W. Draper (Los conflictos entre la ciencia y la religión) y A. D. White (la lucha entre la ciencia y la teología), entre otros, un movimiento que, si en Inglaterra, por ejemplo, recibió una autorizada réplica de nada menos que del creador del electromagnetismo, James Clerk Maxwell, aquí en España fue aplaudido por filósofos como Nicolás Salmerón, alejados del mundo real de la ciencia. Castro razona las vías de entendimiento entre la relación y la ciencia a través de la historia conceptual de ambas.

La filosofía de la religión converge, asimismo, con la filosofía del lenguaje, que arranca con el Tractatus Lógico-Philosophicus de Ludwig Wittgenstein y su distinción entre enunciados significativos y enunciados carentes de significado. A los primeros pertenecerían las proposiciones empíricas. Los no respaldados por la constrastación empírica estarían privados de significado. La suerte de la filosofía de la religión iría en adelante asociada a la evolución de la epistemología.

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