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  • 28/12/2016

COMPLEJIDAD COMPUTACIONAL

El reguetón afecta a la inteligencia artificial

El resultado parece deberse al alto grado de complejidad algorítmica que encierra este género musical.

Proceedings of the Royal Artificial Neural Knowledge Society

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[Vladyslav Otsiatsia/iStock]

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¿Cómo están cambiando los robots nuestra manera de vivir y de trabajar? En los últimos años hemos asistido a la creación de máquinas capaces de vencer al campeón del mundo de ajedrez, concebir hipótesis científicas y formular predicciones que superan a las de los expertos. ¿Son inteligentes? ¿Cómo nos relacionaremos con ellos en el futuro? En este monográfico digital (en PDF) podrás encontrar algunos de los mejores artículos publicados en Investigación y Ciencia sobre los retos científicos, técnicos, cognitivos y éticos que plantean las máquinas pensantes; sin duda, una de las claves de nuestro tiempo.

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Hace tiempo que se sabe que los distintos tipos de música (como el rock, el pop o la música clásica, entre otros estilos) pueden alterar el estado de ánimo y las funciones cognitivas de las personas e incluso las de algunos animales. Hasta hace poco, sin embargo, nadie se había preguntado por los posibles efectos de la música en las máquinas inteligentes. Esa situación acaba de cambiar: un trabajo reciente liderado por científicos del Colegio Universitario de Londres ha demostrado que un género musical muy concreto, el reguetón, bloquea las funciones de alto nivel de todos los sistemas conocidos de inteligencia artificial. Los resultados se han publicado en la revista Proceedings of the Royal Artificial Neural Knowledge Society.

Entre otros prototipos, los autores han probado los efectos del reguetón en una versión recuperada de Deep Blue (el superordenador de IBM que en 1997 venció al entonces campeón del mundo de ajedrez, Garri Kaspárov), Blue Gene (también de IBM) e incluso AlphaGo (la máquina de Google que el pasado mes de marzo batió a Lee Sedol, uno de los mejores jugadores de go del mundo). «Al conectar un equipo de música ordinario a estos superordenadores mediante una red de nanotubos de grafeno, pudimos comprobar que, si sonaba reguetón, las funciones de la máquina se veían reducidas a las de un aprendiz», explica Raimundo Ayala, director del trabajo. «Me gusta la gasolina», ha señalado crípticamente Jonathan Flow, experto en inteligencia artificial de la Universidad de La Sapienza, en Roma, que no participó en la investigación.

El sorprendente resultado encierra profundas implicaciones teóricas, ya que parece derivar de algo que muy pocos académicos sospechaban: el insólito grado de complejidad algorítmica que, bajo un aspecto engañosamente simple, esconde el reguetón. «Creemos que sus peculiares ritmos sincopados generan un tipo de complejidad computacional inescrutable que, de algún modo, se superpone a la de los mejores superordenadores del mundo», apunta Ayala. De hecho, el descubrimiento sugiere que, contra todo pronóstico, P=NP, lo que resolvería uno de los siete Problemas del Milenio del Instituto Clay de Matemáticas. Hace unos años, Scott Aaronson, teórico de la computación de la Universidad de Texas en Austin, declaró famosamente que «si P=NP, [...] todo aquel que fuese capaz de apreciar una sinfonía sería Mozart». El nuevo hallazgo pone de relieve que, en lugar de las sinfonías clásicas, un símil más adecuado serían estos ritmos bailables de origen caribeño. «Dame más gasolina», ha insistido Flow.

No es la primera vez que se demuestra que ciertos estilos musicales aparentemente simples generan comportamientos inesperados en sistemas complejos. Con todo, los efectos del reguetón han sorprendido a los investigadores, ya que parecen ser extremos y exclusivos de este género: «Lo hemos intentado con una gran cantidad de tipos musicales, desde el canto gregoriano hasta el thrash metal, pero ninguno se acerca al grado de complejidad computacional del reguetón», subraya Ayala. «Solo hemos observado algunos efectos similares con las sevillanas, pero son erráticos y no resultan ni mucho menos tan profundos», añade el investigador.

Por último, los autores subrayan que el hallazgo podría liberar a la humanidad de una de sus peores pesadillas: la posibilidad, hasta ahora considerada inevitable por numerosos expertos, de que algún día las máquinas inteligentes evolucionen hasta tal punto que acaben por rebelarse contra nuestra especie. «Si eso ocurriese, bastaría con ponerles reguetón para volver a tenerlas bajo control», afirman los autores en su artículo.

Como no podía ser de otro modo, tan halagüeñas perspectivas han cambiado radicalmente las preocupaciones de aquellos investigadores que hasta hoy se ocupaban del problema: «Ahora mi peor miedo es que me digan "ya tú sabes" y yo no lo sepa», concluye Flow.

—IyC

Más información en Proceedings of the Royal Artificial Neural Knowledge Society. 

Feliz 28 de diciembre de 2016

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