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  • Actualidad científica
  • 18/11/2013

Sistemas complejos

Epidemiología bancaria

Un estudio basado en teoría de redes sugiere que reestructurar algunos préstamos interbancarios ayudaría a amortiguar la propagación de crisis económicas.

PLoS ONE

Contagio económico: Representación esquemática de la propagación de una crisis económica en tres fases (A, B y C). Los nodos representan entidades financieras; las flechas, préstamos interbancarios. El tamaño de cada nodo corresponde al volumen de activos del banco, cuyo estado financiero se indica mediante un color (verde = sano; amarillo = crítico; rojo = suspensión de pagos). Aunque las conexiones son tales que favorecen el contagio entre los bancos 1-8, el módulo formado por las entidades 9 y 10 permanece inmune. [L. Loepfe, A. Cabrales y A. Sánchez, PLoS ONE]

Desde que estallara la crisis financiera en 2008, numerosos Gobiernos en todo el mundo han inyectado cientos de miles de millones de euros de dinero público en el sistema bancario. En principio, tales políticas pretendían impedir la quiebra de las entidades consideradas «demasiado grandes para caer» y evitar así un desplome colectivo que arrastrase aún más a toda la economía.

Pero ¿cómo saber cuáles son los bancos más importantes desde un punto de vista sistémico? Desde hace unos años, varios estudios inspirados en disciplinas como la epidemiología o la ecología vienen señalando que tales análisis deberían realizarse desde una perspectiva más global. Así, en lugar de evaluar el volumen de negocio y la resistencia de cada banco por separado, Gobiernos y bancos centrales deberían tener en cuenta la manera en que una entidad influye sobre la salud de toda la red.

En un trabajo publicado hace poco en la revista PLoS ONE, Lasse Loepfe y Anxo Sánchez, del Grupo Interdisciplinar de Sistemas Complejos de la Universidad Carlos III de Madrid, y Antonio Cabrales, del departamento de economía del Colegio Universitario de Londres, han llevado a cabo un análisis sistemático sobre la manera en que la estructura de las conexiones financieras afecta a la propagación de crisis económicas.

Según los autores, el sistema financiero actual podría hallarse en un punto muy sensible ante pequeños cambios de estructura, por lo que concluyen que no solo debería actuarse sobre las entidades, sino también sobre las relaciones existentes entre ellas.

«Las medidas más habituales para prevenir la propagación de crisis sistémicas, como subir los coeficientes de caja [el porcentaje de dinero que los bancos deben guardar sin prestar], pueden ser mucho menos eficaces que reestructurar las relaciones de unos bancos con otros», explica Sánchez. «Una analogía sencilla, aunque por supuesto aproximada, sería el problema de distribuir agua entre muchos lugares para afrontar sequías. En vez de obligar a todo el mundo a mantener unas reservas que pueden ser muy grandes y complicadas, tal vez sea mejor cambiar algunas canalizaciones.»

¿Redes inestables?

En su estudio, los autores emplearon resultados analíticos y simulaciones numéricas a fin de explorar lo más exhaustivamente posible el espacio de parámetros que caracteriza a la estructura de una red bancaria. «La mayoría de los trabajos anteriores, al menos los que conocemos, estudiaban el efecto de una característica de la red: bancos de tamaños muy diferentes, o una red de préstamos interbancarios con entidades muy conectadas y otras poco conectadas, etcétera», señala Sánchez. Su nuevo estudio, en cambio, contempla cambios simultáneos en esas y otras variables. «También hemos considerado distintos tipos de problemas: crisis de bancos grandes, de bancos pequeños, de los más conectados o de varios a la vez.»

Entre otros resultados, los autores detectaron la existencia de un valor crítico en la densidad de enlaces financieros: a partir de cierto valor umbral en la densidad de conexiones (dependiente a su vez de la topología de la red), el conjunto se tornaría mucho más vulnerable a crisis sistémicas. Cualitativamente, dicho fenómeno no resulta muy difícil de entender: aunque una red muy conectada permite a los agentes diversificar riesgos y amortiguar golpes, una red con demasiados enlaces facilitaría sobremanera la propagación de una crisis.

¿Qué lecciones prácticas pueden extraerse de todo ello? «El análisis de algunos datos reales sobre las redes de propiedad corporativa arroja unos parámetros que las sitúan en un estado donde, según nuestro modelo, serían muy sensibles ante pequeños cambios», señala el investigador. «Por ello, proponemos que se reestructuren algunos préstamos interbancarios y que la red se reorganice en subgrupos. Pedir a los bancos que aumenten sus reservas puede resultar menos útil de lo que suponen actualmente los reguladores. Y dependiendo del tipo de entidad afectada, puede llegar a no servir para nada», subraya.

Transparencia bancaria

A pesar de la importancia que reviste la estructura de la red, los autores observan en su artículo que los datos disponibles sobre la topología del sistema bancario mundial son muy escasos y fragmentados. «Ello se debe a que se trata de datos muy confidenciales», enfatiza Sánchez. «Hablamos de préstamos entre bancos muy importantes. Eso lo conoce el regulador y lo guarda bajo siete llaves, porque los bancos son los primeros interesados en no mostrar sus posibles vergüenzas. Y el regulador no comparte la información porque no quiere causar pánico sobre ciertas entidades.»

Por último, ¿solucionaría algo conocer al detalle los préstamos interbancarios? «Tendría cosas buenas y malas», sostiene el investigador. «Por un lado la banca sería transparente, cosa que debe ser, sobre todo con sus clientes y accionistas. Pero por otro, las reacciones desmesuradas ante problemas quizá no tan grandes podrían llevar el sistema al desastre. Sería como informar a los conductores de que hay un atasco en una calle y que todos se cambiasen a la otra. Por los trabajos de economistas teóricos que he leído al respecto, no está claro. Hay una tendencia a pensar que cierto grado de transparencia sería bueno en algunos aspectos, pero un strip tease total sería contraproducente», concluye.

Más información en PLoS ONE.

—IyC