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  • 02/02/2016

PALEOPARASITOLOGÍA

La contaminación fecal creció durante el Imperio romano

Los análisis de muestras de cincuenta yacimientos demuestran que las letrinas propiciaron la expansión de ciertos parásitos intestinales.

Parasitology

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Letrinas romanas. [iStock/Petek Arici]

Hace 2000 años, los romanos, aparte de construir puentes y carreteras, se preocuparon por la higiene. Instalaron letrinas y baños públicos, sistemas de alcantarillado e incluso diseñaron leyes para mantener a sus pueblos libres de excrementos y basura.

Sin embargo, a pesar de las medidas sanitarias implantadas por el Imperio romano, ciertos parásitos intestinales, como la triquina (Trichuris trichiura), la lombriz intestinal (Ascaris lumbricoides) y Entamoeba histolytica (causante de la disentería) incrementaron su número en las áreas romanizadas. Esta es la conclusión de un estudio reciente llevado a cabo por Piers D. Mitchell, paleopatólogo de la Universidad de Cambridge, y publicado en la revista Parasitology.

Mitchell ha analizado varios trabajos realizados en más de cincuentayacimientos arqueológicos del Mediterráneo para averiguar qué parásitos vivieron antes y cuáles después de la aparición de los romanos. Muchos de estos estudios se llevaron a cabo mediante técnicas microscópicas o pruebas de ADN para detectar parásitos y sus huevos en el suelo de fosas y letrinas públicas. Mitchell ha centrado sus esfuerzos en esos sitios porque contienen heces fosilizadas (coprolitos) que pueden conservar los huevos parasitarios y el ADN durante miles de años.

El estudio sugiere que las cálidas aguas comunales de las casas de baños habrían ayudado a difundir, y multiplicar, los parásitos. Además, hay indicios de que el agua se cambiaba poco en algunos baños.

Asimismo, Mitchell propone otra explicación del aumento de los parásitos basada en los registros históricos: «Los agricultores usaron las materias fecales humanas para abonar sus cultivos. Los huevos de parásitos pueden permanecer vivos en las heces durante mucho tiempo. Así pues, el abono formado por heces podría haber contribuido al éxito de las lombrices». Los huevos habrían sobrevivido en las plantas cultivadas.

Ann Olga Koloski-Ostrow, arqueóloga de la Universidad Brandeis que no ha participado en el estudio, señala que es difícil saber si el uso de las deposiciones a modo de fertilizante fue muy frecuente en el Imperio romano: «Solo podemos decir que en algunos textos agrícolas se menciona la posibilidad de construir las letrinas para los esclavos en un área donde los excrementos puedan ser recogidos y utilizados para los cultivos, pero eso fue en granjas aisladas».

El estudio de Mitchell muestra también que en los lugares conquistados por el Imperio romano hubo un aumento de las tenias (o solitarias) procedentes de los peces. La explicación de este fenómeno se encuentra en una salsa llamada garum, compuesta de vísceras de pescado fermentadas y condimentos. Al no cocerse, esta mezcla podría haber favorecido la dispersión de los huevos de tenia a lo largo y ancho de todo el Imperio, puesto que los romanos inculcaban sus costumbres culinarias a los territorios conquistados, con lo que también introducían sus parásitos.

Con todo, Koloski-Ostrow puntualiza que «sería un error decir que el Imperio romano fue una sociedad sucia. Muchas de sus ideas, como los abonos y las casas de baños, eran sólidas; pero los romanos desconocían los mecanismos de propagación de los gérmenes y los parásitos. No se les puede culpar por esto. Era un factor desconocido».

Más información en Parasitology

Fuente: Science

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