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  • 17/03/2017

Sistemas Complejos

La vulnerabilidad de diferentes poblaciones a la peste negra en la Europa medieval

La teoría de redes ayuda a entender cómo las rutas comerciales y de peregrinación fueron las principales vías de dispersión de la enfermedad que diezmó la población europea.

Scientific Reports

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Representación de la red que conecta las ciudades de Asia, Europa y norte de África durante el siglo XIV. Las ciudades se conectan por rutas de comercio (líneas azules) y rutas de peregrinaje (líneas blancas). [Gómez y Verdú, 2017; 10.1038/srep43467]

Las grandes pandemias en la historia de la humanidad, como el cólera, la gripe, la malaria o la peste, se han propagado entre poblaciones a través de rutas de comercio, transporte y turismo. En un estudio realizado por José M. Gómez y Miguel Verdú, de las universidades de Granada y de Valencia, respectivamente, se ha analizado la red asociada a las rutas de comercio y de peregrinación que conectaron Europa, Asia y norte de África a mediados del siglo XIV, cuando se produjo la peste negra. Mediante simulaciones basadas en la teoría de redes, los autores han demostrado que las ciudades con más comercio sufrieron en mayor medida los efectos de la pandemia. El estudio propone un método sencillo para localizar focos de infección en redes epidémicas que permitiría ahorrar tiempo y recursos en su control.

La peste negra

La pandemia conocida como peste negra arrasó Europa entre 1346 y 1353 y acabó con entre el 30 y el 50 por ciento de la población. Su expansión ha estado históricamente asociada a las rutas comerciales. Los datos históricos y epidemiológicos indican que la enfermedad se originó en Asia Central, viajó hasta Occidente a través de la Ruta de la Seda y, en 1343, llegó a la antigua ciudad de Caffa (actual Feodosia), en la península de Crimea. Desde ahí se propagó por Europa a través de las principales rutas comerciales y llegó a casi todas las poblaciones. «Es una pandemia que tuvo lugar en un momento de la historia donde las comunicaciones eran frecuentes, lo que permite su estudio mediante el análisis de redes, pero no tan intensas como en la actualidad, lo que permite desvelar los patrones con más claridad. Sin embargo, existe la desventaja de que no se disponen de fuentes rigurosas sobre mortalidad», explica Verdú.

La red estudiada ha incluido la información de 2084 conexiones, tanto comerciales como de peregrinación, entre 1311 asentamientos medievales de Europa, Asia y norte de África. Un total de 1013 de esos asentamientos, o ciudades, se conectaron por rutas comerciales, mientras que 403 lo hicieron por rutas de peregrinaje. Con esa información se ha determinado empíricamente el efecto de la transitividad (la tendencia de que dos nodos conectados también se vinculen con un tercer nodo) y la centralidad (el número y la intensidad de las conexiones con los otros nodos en la red) de esas ciudades en la tasa de mortalidad a causa de la peste negra. También se ha simulado matemáticamente la frecuencia con que la enfermedad llegaba a las ciudades como consecuencia de su ubicación dentro de la red.

Se ha observado que las ciudades con una posición más central dentro de la red y las más conectadas eran más vulnerables a las enfermedades y sufrieron la plaga con mayor severidad. Además, estas ciudades eran más propensas a que los brotes se repitiesen por causas externas. El análisis ha señalado que las ciudades situadas en regiones con mayor densidad de población dentro de la red se vieron más afectadas por la enfermedad que aquellas que se encontraban en zonas menos pobladas. «Sin duda, las rutas de peregrinación también contribuyeron a expandir la enfermedad, aunque nuestros análisis sugieren que fueron menos importantes que las comerciales», comenta Gómez.

Según los autores, este estudio proporciona un método sencillo para identificar los lugares de riesgo en las redes epidémicas. Concentrar los esfuerzos en aquellos nodos más vulnerables podría ahorrar tiempo y recursos, así como mejorar la gestión del control de plagas mortales. «Vivimos en una época en la que las redes de transporte y la vulnerabilidad de los nodos pueden determinarse de forma más exacta. Es vital comprobar si el patrón encontrado en este estudio para las redes medievales se mantiene en la actualidad», concluye Verdú.

Más información en Scientific Reports

Fuente: CSIC Noticias

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