Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios y facilitarle el uso de la web mediante el análisis de sus preferencias de navegación. También compartimos la información sobre el tráfico por nuestra web a los medios sociales y de publicidad con los que colaboramos. Si continúa navegando, consideramos que acepta nuestra Política de cookies .

Actualidad científica

Síguenos
  • Google+
  • RSS
  • Noticias
  • 04/05/2017

MICROBIOLOGÍA

¿Por qué los alimentos pueden ejercer diferentes efectos en distintas personas?

Nuestras bacterias intestinales son una parte importante de la explicación. Un estudio reciente demuestra la influencia de estos microorganismos sobre los efectos beneficiosos de la granada.

Molecular Nutrition & Food Research

Menear

Un estudio concluye que las bacterias intestinales tienen un papel crucial a la hora de transformar los polifenoles antioxidantes de la granada que previenen el riesgo cardiovascular. [iStock/eli_asenova]

También te puede interesar

Microbiomas Microbiomas Jul/Sep 2016 Nº 85

En el ambiente y en el cuerpo humanoEn la naturaleza los microorganismos no suelen vivir de forma aislada, sino que interaccionan con su entorno y con otros microorganismos para formar comunidades complejas. De especial interés es la rica comunidad de microorganismos que alberga nuestro cuerpo, el microbioma humano. Descubre en este monográfico nuevos aspectos de los ecosistemas microbianos, este mundo invisible de importancia primordial para el ambiente y, en partircular, para nuestro organismo y nuestra salud.

Más información

Los millones de bacterias que anidan en nuestro intestino son un ecosistema exclusivo de cada persona. No solo son capaces de enfermarnos físicamente y de agriar nuestro estado anímico, sino que además pueden ser determinantes a la hora de decidir sobre los beneficios que aportan los alimentos. Un estudio reciente publicado en la revista Molecular Nutrition & Food Research por investigadores del Centro de Edafología y Biología Aplicada del Segura (CEBAS-CSIC) demuestra que las bacterias intestinales tienen un papel crucial a la hora de transformar los polifenoles antioxidantes de la granada, que previenen el riesgo cardiovascular.

«Nos planteamos evaluar si el efecto del consumo de la granada en los lípidos sanguíneos de personas obesas podría ser diferente según su microbiota intestinal», explica Juan Carlos Espín, investigador principal del estudio. Su equipo fue pionero al identificar que cuando ingerimos ciertos polifenoles antioxidantes denominados elagitaninos, presentes en la granada, las fresas o las nueces, los microorganismos de nuestro intestino los transforman en otras moléculas más simples, llamadas urolitinas, que pueden considerarse antiinflamatorios naturales preventivos frente a enfermedades gastrointestinales, cardiovasculares y algunos tipos de cáncer. Pero esto no ocurre igual en todas las personas ya que la población se divide en tres grupos, conocidos como «metabotipos», según el tipo de urolitinas que producen, lo cual depende precisamente de sus bacterias intestinales.

Cincuenta voluntarios sanos pero obesos y con una media de edad de 46 años participaron en el ensayo clínico. Todos consumieron dos dosis de extracto de granada y un placebo en diferentes fases del estudio. Cada tratamiento duró 3 semanas y el ensayo se prolongó durante 6 meses. Se evaluó el efecto en 24 marcadores de riesgo cardiovascular, incluidos hasta 20 tipos de lípidos sanguíneos y sus formas oxidadas. Además, los participantes fueron agrupados según su metabotipo, que fue identificado a través de muestras de orina.

Al inicio del estudio, un primer resultado relevante fue que los voluntarios del llamado «metabotipo B» (el 32 por ciento) presentaban valores de colesterol total (235 mg/dl, superior al máximo aceptable de 200 mg/dl), de colesterol «malo» (LDL) y de su forma oxidada (LDLox), entre otros, muy por encima de la media del resto de participantes. Por tanto, las personas obesas con metabotipo B, aun estando sanas, tenían un mayor riesgo cardiovascular que las obesas de metabotipo A o 0. Los resultados del ensayo clínico confirmaron que solo el grupo de voluntarios con metabotipo B experimentó una mejora notable de su salud cardiovascular al ingerir extracto de granada. Es decir, la granada no ejerció el mismo efecto en todos los sujetos y esto dependió de su diferente microbiota intestinal.

«Que una persona pertenezca a este metabotipo B quizá puede interpretarse como un semáforo que alerta de un posible desequilibrio en la microbiota intestinal, llamado disbiosis, y esto puede relacionarse con la obesidad y las enfermedades cardiometabólicas», explican los autores del estudio. En cuanto al efecto único de la granada en los individuos de metabo tipo B, los investigadores sospechan que quizá haya bacterias relacionadas con el riesgo cardiovascular, no presentes (o en menor cantidad) en los otros metabotipos, y que disminuyen tras el consumo de granada.

«Al igual que existe la “medicina personalizada”, caminamos hacia la “nutrición personalizada”, donde los alimentos y las dietas van dirigidos a obtener el beneficio máximo y específico para cada persona», concluyen los investigadores.

Más información en Molecular Nutrition & Food Research

Fuente: CEBAS-CSIC

Artículos relacionados

Revistas relacionadas

BOLETÍN ACTUALIDAD¿Quieres estar al día de la actualidad científica? Recibe el nuevo boletín de actualidad con nuestros mejores contenidos semanales gratuitos (noticias y posts). Si lo deseas también puedes personalizar tu suscripción. BOLETÍN ACTUALIDAD¿Quieres estar al día de la actualidad científica? ¡Recibe el nuevo boletín de contenidos gratuitos! Ver más boletines.