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  • Mayo/Agosto 2017Nº 17

Obesidad

Comer más allá del hambre

Las personas con peso excesivo presentan diferencias en la estructura cerebral. Ello podría explicar por qué sucumben con facilidad a las tentaciones culinarias.

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Melinda S., de 26 años, muestra gran interés por su escáner cerebral. Ansía saber si su cerebro se distingue, en algún aspecto, del de los probandos «normales». También quiere conocer si los investigadores hemos hallado algún remedio para solventar su problema.

La joven universitaria de 1,70 metros de estatura y 95kilos de peso está a punto de acabar los estudios de química, es inteligente y tiene muchos amigos. En más de una ocasión ha intentado adelgazar, pero los pequeños éxitos nunca han perdurado. A comienzos de año, con la llegada del estrés a causa de los exámenes, recuperó los kilos que había logrado perder tras varios meses de pasar hambre. Solo cuando termina de comer, reconoce: «¡Ya he vuelto a zampar demasiado! ¿Por qué no puedo parar antes?».

Muchas personas obesas experimentan situaciones semejantes. Su sufrimiento es grande, tienen conocimientos suficientes sobre la alimentación sana y se muestran voluntariosas, mas no consiguen convertir su objetivo en una realidad. «Mis amigos tampoco lo entienden. Me dicen: “Eres lista y sabes qué alimentos engordan. ¿Por qué no puedes controlarte?”. Es como una droga; sencillamente, no lo consigo», se lamenta.

En el Instituto Max Planck de Ciencias de la Cognición y Neurología en Leipzig hemos hallado, junto con otros investigadores, algunas respuestas a la cuestión de por qué resulta tan difícil perder los kilos de más. Por un lado, el sobrepeso se acompaña de cambios estructurales y neuroquímicos en áreas cerebrales responsables de la motivación y del control de la conducta; ello podría contribuir a que los afectados continúen comiendo aunque hayan aplacado la sensación de hambre. A pesar de que disponen de la información necesaria, no pueden cambiar los hábitos alimentarios que les son desfavorables.

Por otro lado, una teoría de las ciencias de la cognición afirma que existen dos sistemas que rigen nuestra conducta: el primero ajusta nuestra acción a un determinado objetivo de manera flexible; el otro funciona casi de forma automática. Ambos sistemas presentan ventajas e inconvenientes y se complementan.

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