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  • Mayo/Agosto 2017Nº 17

Alimentación

Obesidad

El sobrepeso y la obesidad se han convertido en enfermedades sociales. Pese a una difusión creciente de los conocimientos sobre la alimentación, asistimos a una tendencia a consumir más de lo necesario. ¿Por qué?

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Hasta los más vehementes detractores de la llamada «comida rápida» se sienten impotentes cuando aprieta el hambre y pasan frente a un establecimiento de ese tipo. Se trata de una pulsión más fuerte que todos los buenos propósitos. Una momentánea situación orgánica puede, en efecto, condicionar nuestra conducta alimentaria. El cerebro, sede de nuestras decisiones conscientes, desempeña en principio una función principal en la elección de los alimentos, pero, situados en el supermercado o ante la nevera, la pulsión de la comida domina, con fatales consecuencias para un número cada vez mayor de personas.

Freno hormonal a la comida

La investigación de las causas de sobrepeso y bulimia ha experimentado un gran auge en los últimos años. El exceso de masa corporal es uno de los mayores factores de riesgo en las enfermedades cardiovasculares y la diabetes. La Organización Mundial de la Salud calcula que, solo en Europa y como consecuencia de esta incorrecta conducta alimentaria, mueren anualmente 250.000 personas. Por medida de la adiposidad suele utilizarse el índice de masa corporal (IMC). Ese parámetro se calcula dividiendo el peso en kilos por el cuadrado de la talla en metros. Por ejemplo, un hombre que pese 70 kilos y mida 1,80 metros da un IMC de 21,6. A partir de 25 se considera que una persona tiene exceso de peso.

En la investigación de las causas de la bulimia, los médicos han venido centrando su atención en el metabolismo hormonal. En 1994, Jeffrey Friedman, de la Universidad Rockefeller de Nueva York, descubrió que los adipocitos segregaban una proteína que, transportada por el torrente circulatorio, llegaba al hipotálamo y atenuaba la sensación de hambre. Mediante esa retroacción, el tejido graso frenaba el aporte adicional de alimento. A esta sustancia transmisora Friedman la denominó «leptina», del griego leptos, que significa delgado.

Si falla la función de ese regulador natural del apetito, las consecuencias no tardan en aparecer. Los ratones transgénicos se tornan obesos. Ante este hallazgo, ¿habría que entender la bulimia como un mero trastorno de la regulación del metabolismo, sin especial relación con la conducta humana?

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