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  • Septiembre/Diciembre 2016Nº 15

Biología

Evolución de la visión de los colores en los primates

El análisis de los pigmentos visuales en los primates demuestra que nuestra visión cromática siguió un curso evolutivo singular y que el cerebro es más adaptable de lo que suele creerse.

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Ante nuestros ojos, el mundo se nos presenta con una diversidad infinita de colores: desde el naranja solar de una caléndula hasta el gris oscuro del chasis de un automóvil; desde el azul intenso del cielo invernal hasta el verde centelleante de una esmeralda. Sorprende que en la mayoría de los humanos todos los colores puedan reproducirse mezclando tan solo tres longitudes de onda de luz fijas a ciertas intensidades.

Esta propiedad de la visión humana, la tricromacia, se debe a que la retina (la capa de células nerviosas del ojo que captura la luz y transmite la información visual al cerebro) utiliza para la visión de los colores solo tres tipos de pigmentos que absorben luz. Una consecuencia de la tricromacia es la técnica de la tricromía: las impresoras y las pantallas de los ordenadores y televisores pueden mezclar píxeles rojos, verdes y azules para generar lo que percibimos como un amplio espectro de colores.

Aunque habitual entre los primates, la tricromacia no es una característica general del reino animal. Casi todos los mamíferos no primates son dicrómatas, con una visión de los colores basada en dos tipos de pigmentos visuales. Algunos mamíferos nocturnos poseen únicamente un pigmento, mientras que ciertas aves, peces y reptiles poseen cuatro y pueden detectar la luz ultravioleta, invisible para nosotros. En resumen, parece que la tricromacia de los primates constituye un rasgo insólito. De ahí el interés de conocer su evolución.

Basándose en décadas de estudio, las investigaciones sobre la genética, biología molecular y neurofisiología de la visión de los colores en los primates han aportado resultados inesperados y datos sorprendentes sobre la flexibilidad de su cerebro.

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