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  • Octubre 2017Nº 31

Biología

Navegación animal

Mediante un reloj biológico y la información sensorial procedente del eje terrestre, el Sol y las estrellas, el cerebro construye mapas cognitivos que guían el desplazamiento estacional de los animales migratorios.

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Como es bien sabido, la traslación de la Tierra, la inclinación del eje terrestre y las estaciones del año resultantes producen variaciones rítmicas en la conducta animal. Esos cambios afectan, en numerosas ocasiones, a la reproducción y, por tanto, a la perpetuación de la especie. Uno de los fenómenos rítmicos más sorprendentes y espectaculares —desconocido hasta hace algunos años— es el de la navegación animal. En primavera y en otoño, las especies migratorias viajan hacia una meta remota y definida.

Se cuentan por millones los animales que, siempre en la misma época del año, viajan a través de nuestro planeta. El caribú en los bosques canadienses, el ñu y otros mamíferos en las sabanas africanas, los sapos y tritones en los cursos de agua, las ballenas, salmones y langostas en los mares y miríadas de aves e insectos en el aire. Todos navegan largas distancias; siguen el mismo recorrido, año tras año, a lo largo de cientos y miles de kilómetros.

La orientación animal ha fascinado desde siempre a los naturalistas, pero este fenómeno ha merecido el interés de la ciencia formal desde hace escasos decenios.

Bases genéticas

La orientación a distancia plantea varias cuestiones. ¿Cómo conocen los animales migratorios el destino de su viaje y, por tanto, la dirección del trayecto? ¿Cómo establecen esa dirección? ¿Cómo la ajustan y mantienen? Y, sobre todo, ¿cómo saben que es el momento de cambiar de país o de continente? Las aves migran hacia una meta definida; poseen información genética que favorece el desarrollo de tal capacidad. Se ha comprobado que los juveniles descendientes de individuos migratorios en cautiverio presentan de forma espontánea, al llegar a la estación apropiada, un estado de "inquietud premigratoria" característico: incluso en ausencia de sus mayores, se alinean hacia la dirección de la meta esperada.

De ciertos experimentos llevados a cabo con la mariposa monarca y otros insectos migratorios se desprende que entre los genes responsables del comportamiento migratorio se encuentran los "genes reloj". Esos genes, que se han mantenido en el curso de la evolución, son los responsables del sentido temporal de los animales.

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