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  • Investigación y Ciencia
  • Noviembre 2013Nº 446

Agricultura

Un ensayo agrícola a gran escala

China está empleando la modelización ecosistémica para rediseñar su sistema de cultivos. Los resultados de estas investigaciones podrían aplicarse a otros países.

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Durante las dos últimas décadas, los medios de comunicación han proclamado que los cultivos transgénicos representarían la solución mágica que resolvería la crisis alimentaria mundial. Pero para incrementar las cosechas con el fin de alimentar a una población mundial en constante crecimiento y cada vez más opulenta —sin degradar más los suelos, destruir los hábitats naturales y contaminar aire y agua— será necesaria una aproximación global.

China está dando pasos hacia tal estrategia, de modo que ofrece un laboratorio extraordinario para el resto del mundo. En el período 2003-2011, el país aumentó la producción de cereales en un 32 por ciento (más del doble de la media mundial), en gran parte mediante la mejora del rendimiento de las explotaciones menos eficientes. Pero en las dos próximas décadas se necesitará del 30 al 50 por ciento más de alimento para cubrir la demanda prevista del país. En China la superficie cultivable aún sin explotar escasea, mientras que las restricciones de agua están alcanzando niveles críticos en algunas regiones. A ello hay que añadir el abonado excesivo de las tierras, una de las principales causas de la contaminación atmosférica (que a su vez constituye un factor de riesgo importante de mortalidad, con cientos de miles de muertes prematuras cada año). El empleo abusivo de fertilizantes provoca, asimismo, que numerosos lagos, ríos y regiones costeras experimenten floraciones algales, especialmente en el sur de China.

Animados por una urgente necesidad de producir más alimento y reducir a la vez el impacto ambiental de la agricultura (y con dinero gubernamental disponible), los científicos chinos están intentando llevar los cultivos hasta cerca de sus límites biofísicos de productividad. Creemos que para obtener los mayores rendimientos con los mínimos costes económicos y ambientales, los países desarrollados y los que están en vías de desarrollo deben dirigir la mirada a China para asesorarse sobre cómo integrar investigaciones fundamentales diversas, entre ellas la ingeniería genética, con enfoques experimentales y modelización.

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