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  • Agosto 2017Nº 491
Historia de la ciencia

Historia de la ciencia

Un ensayo inédito de Churchill sobre la vida extraterrestre

El estadista británico razona como un científico en un artículo hasta ahora desconocido sobre la posible existencia de alienígenas.

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Winston Churchill ha pasado a la historia como uno de los políticos más influyentes del siglo XX, un historiador lúcido y un elocuente orador que lideró su país durante la Segunda Guerra Mundial. Cabría añadir que le apasionaban la ciencia y la tecnología.

En 1896, a los 22 años, de servicio en el Ejército británico en la India, leyó El origen de las especies de Darwin y se inició en la física. En los años veinte y treinta del siglo pasado escribió para diarios y revistas artículos de divulgación sobre la evolución y la célula. En uno de ellos, titulado «Dentro de 50 años», publicado en 1931 en The Strand Magazine, describió la fusión nuclear: «Si pudiéramos hacer que los átomos de hidrógeno de una libra de agua se combinaran para formar helio, la energía generada bastaría para alimentar una máquina de 1000 caballos un año entero». Es probable que hablara de ello con el físico Frederick Lindemann, amigo y futuro asesor.

Churchill impulsó durante la Segunda Guerra Mundial el desarrollo del radar y el programa nuclear británico. Departía con frecuencia con científicos como Bernard Lovell, pionero de la radioastronomía. La postura que adoptó en una discusión sobre el uso de métodos estadísticos en la lucha contra los submarinos alemanes es reveladora. A la observación del almirante del aire Arthur «Bombardero» Harris, «¿Vamos a luchar con armas o con reglas de cálculo?», Churchill habría respondido, «Probemos la regla de cálculo».

Como primer ministro, fue el primero en contratar a un asesor científico, Lindemann, al principio de la guerra. Creó las condiciones favorables para el desarrollo de la ciencia en el Reino Unido, financiando la construcción de laboratorios y telescopios y desarrollando la tecnología que propiciaría los descubrimientos e invenciones de posguerra en áreas como la genética molecular o la cristalografía de rayos X.

Aun así, me sorprendió mucho que Timothy Riley, director del Museo Nacional Churchill en Fulton, Misuri, me mostrara el año pasado, en el curso de una visita, un manuscrito mecanografiado de Churchill titulado «¿Solos en el universo?». En sus once páginas se especulaba razonablemente sobre la búsqueda de vida extraterrestre.

Churchill compuso el primer borrador en 1939, en vísperas de la guerra, probablemente para el dominical londinense News of the World. Lo revisó a finales de los años cincuenta, durante una estancia en la villa de su editor, Emery Reves, en el sur de Francia. Cambió el título original, «¿Solos en el espacio?», para adecuarlo al conocimiento y la terminología científicos. En los años ochenta, Wendy Reves, la esposa del editor, donó el manuscrito a los archivos del Museo Nacional Churchill en Estados Unidos.

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