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  • Julio 2017Nº 490

Política energética

La India, una encrucijada energética

Las decisiones que tome la India en materia de energía en los próximos años podrían tener una honda repercusión en el calentamiento global durante este siglo.

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Era 2015. El espejeo de una cascada atraía a los visitantes hacia el pabellón que la India tenía en la cumbre del cambio climático que se celebraba en París. Una serie de exposiciones multimedia y un desfile de ponentes proclamaban en su interior que la nación se encaminaba deprisa hacia un futuro de energía limpia. El primer ministro, Narendra Modi, llegó aún más lejos al anunciar que su país encabezaría una nueva Alianza Solar Internacional que fomentaría la energía solar en 120 países. Los dirigentes indios habían resuelto encabezar la lucha contra el cambio climático.

Yo había llegado a París tras haber realizado un viaje de investigación por la India y me costaba reconciliar aquel optimismo con los hechos que había observado sobre el terreno. El país dependía en exceso del carbón. La red eléctrica, deficiente, no podría soportar grandes aportes adicionales de energía eólica o solar. La postura de que la India, como país en vías de desarrollo, no tenía que reducir sus emisiones de carbono, de que tenía que poder crecer quemando combustibles fósiles, como habían hecho otros grandes países, era general. Aun así, al finalizar la cumbre, la India y otras 194 naciones, junto con la Unión Europea, adoptaron el Acuerdo de París, que comprometía al mundo a limitar el calentamiento global a dos grados centígrados. El acuerdo entró en vigor en noviembre de 2016.

Pese a la elevada retórica de los dirigentes indios, su anunciado futuro de energía limpia dista mucho de estar garantizado. Si bien la India prometía alcanzar unos ambiciosos objetivos en materia de energía solar y eólica, su compromiso general de reducir las emisiones era decepcionante. Si el Gobierno se limitara a quedarse de brazos cruzados, las emisiones se dispararían y, sin embargo, el país seguiría encontrándose dentro de los estratosféricos límites que la nación se marcó en París.

Las consecuencias serían desastrosas para el planeta. La economía de la India presenta uno de los crecimientos más acelerados del mundo y se espera que la población del país alcance los 1600 millones hacia el año 2040. Para entonces, la demanda eléctrica podría haberse cuadruplicado. Si la nación no toma medidas drásticas, a mediados de siglo podría ser la mayor emisora de gases con efecto invernadero (actualmente ocupa el tercer puesto, detrás de China y los Estados Unidos), aprisionada en una infraestructura pensada para los combustibles fósiles. Una infraestructura que, si se mantiene así, probablemente echará a perder la cruzada mundial contra el cambio climático. Si el país genera con carbón la energía eléctrica que va a necesitar para cubrir su creciente demanda, sus emisiones de gases de efecto invernadero seguramente se habrán duplicado para 2040.

Con todo, en algunos sentidos la India empieza de cero. A diferencia del mundo desarrollado, donde el reto consiste en sustituir las instalaciones empleadas para explotar combustibles fósiles sucios por otras destinadas a la energía limpia, la mayor parte de la infraestructura de la India está todavía por construir. El país tiene así la oportunidad de invertir en energía eólica, energía solar y gas natural en lugar de carbón. Por otro lado, una mayor eficiencia de los aparatos eléctricos, las fábricas y los vehículos frenaría la demanda y facilitaría de esa manera la transición hacia formas de energía más limpias. Recientemente, el Gobierno indio ha dado a entender que quizá mejore el decepcionante compromiso que adoptó en París. Pero, de momento, el gigante energético sigue tirando hacia delante. ¿Qué factores podrían encauzar a la India hacia una vía más limpia? ¿Qué decisiones podrían abocar al planeta al desastre?

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