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  • Julio 2017Nº 490

Serie: La interpretación de la mecánica cuántica (parte 1)

Mecánica cuántica: interpretación y divulgación

Pese a su incomparable éxito predictivo, la teoría cuántica sigue presentando problemas de interpretación y sufriendo distorsiones en su comunicación. ¿A qué se debe?

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En los libros y revistas de divulgación podemos leer con frecuencia que la mecánica cuántica incorpora efectos no locales o «acciones a distancia». Al mismo tiempo, sin embargo, también se nos dice que la teoría resulta compatible con la relatividad especial de Einstein, la cual prohíbe la transmisión de señales instantáneas. A menudo oímos hablar de gatos que están vivos y muertos al mismo tiempo, si bien según el formalismo cuántico la probabilidad de que un experimento nos permita observar ese supuesto estado indefinido es estrictamente cero.

Fuera del ámbito científico y divulgativo, la confusión en torno a la mecánica cuántica no parece conocer límites: la teoría se ha relacionado con el holismo oriental, con el poder creador de la consciencia, con la capacidad de los sujetos para diseñar su propio destino y con la existencia de realidades alternativas en las que elegimos aquello que hemos rehusado en esta. Hoy en día incluso se llegan a ofrecer tratamientos «cuánticos» para todo tipo de enfermedades, incluido el cáncer. ¿Qué hace que la física cuántica se vea expuesta a este tipo de distorsiones?

Por supuesto, ninguno de los últimos ejemplos que acabamos de mencionar guarda una verdadera relación con la teoría. Algunos constituyen meras apropiaciones indebidas de su vocabulario; otros se basan en extrapolaciones injustificadas que exageran los rasgos más llamativos de alguna de sus interpretaciones. No son interpretaciones en ningún sentido propio del término (una interpretación implica un trabajo riguroso para compatibilizar el formalismo de la teoría con las creencias que tenemos los sujetos acerca del mundo). Sin embargo, estas visiones deformadas sí parecen estar motivadas por ciertos aspectos que dificultan la comprensión de la teoría cuántica.

Tomemos como ejemplo el clásico experimento mental del gato de Schrödinger. La mecánica cuántica parece decirnos que, en algunas circunstancias, hay gatos que están vivos y muertos al mismo tiempo. ¿Es así? Ante esto, podemos rebelarnos y argumentar que no: que la teoría se limita a proporcionarnos un algoritmo que, en tales situaciones, nos permite predecir de manera exitosa la probabilidad de encontrar el gato vivo o muerto; fin de la discusión. El problema llega si no nos conformamos con esta respuesta (ni con la elusiva argumentación de que la teoría no puede aplicarse a sistemas del tamaño de un gato). Y hay razones de sobra para no hacerlo.

Si pensamos que la teoría logra hacer predicciones porque, de alguna manera, es capaz de describir la realidad, entonces no nos quedará más remedio que enfrentarnos al problema de su interpretación. Y, llegados aquí, quizá la posibilidad de que el gato esté vivo en algunos mundos y muerto en otros comience a parecernos menos inaceptable. O tal vez empecemos a admitir que no resulta tan descabellado considerar que la realidad contenga aspectos no locales. O que lo que llamamos realidad no sea algo que está previamente configurado y esperando a que nosotros lo descubramos.

Se puede afirmar que la mecánica cuántica es mucho más que una excelente teoría científica. Por un lado, excede la calificación de teoría, pues es considerada por la vasta mayoría de los físicos como un marco general que cualquier teoría física debería respetar. Por otro, ha rebasado los límites en los que suelen desarrollarse las teorías científicas y ha entrado de lleno en la cultura popular. Pero, en gran medida, no lo ha hecho tanto por sus impresionantes logros predictivos como por sus dificultades interpretativas y sus consecuencias de apariencia extravagante. Esto nos lleva a un tercer aspecto que la distingue de otras teorías físicas: la mecánica cuántica parece estar especialmente necesitada de una adecuada interpretación.

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