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  • Octubre 2016Nº 481

Informe especial 40 aniversario de IyC

Comunicación científica

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Gracias a la divulgación, que me ha dado tanto

La aventura intelectual de un investigador en su intento de acercar la ciencia al gran público.

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La tarea de divulgador y ensayista científico ha tenido para mí el aliciente de situarse entre mis dos actividades principales: la física y la poesía. La física me ha proporcionado el conocimiento; la poesía, cierta sensibilidad por la vertiente humanística.

Mi primera participación en el mundo de la divulgación fue el artículo «¿Por qué el cielo es azul, el sol rojo y las nubes blancas?», con el cual obtuve en 1980 el premio Divulga del Museo de la Ciencia de Barcelona.

Tres años después, el diario La Vanguardia iniciaba una sección de divulgación científica, liderada por Vladimir de Semir, que acogió generosamente mi primera contribución, sobre el centenario de Peter Debye. Su entusiasta recepción hizo que al cabo de poco le enviara un nuevo artículo, que fue asimismo publicado. Dos de mis amigos y colegas, Carlos Pérez García, de la Universidad de Navarra, y Josep-Enric Llebot, de la Universidad Autónoma de Barcelona, se unieron pronto al proyecto.

Al cabo de pocos artículos, sin embargo, empezamos a tener la sensación de haber agotado los temas de nuestra especialidad, y advertimos el esfuerzo que deberíamos hacer si pretendíamos continuar: estudiar nuevos temas, estar atentos a las novedades, adquirir libros de divulgación para aprender a expresarse... Así lo hicimos. ¡Cómo enriqueció ese impulso nuestras clases, proporcionándonos una visión más amplia y amena de la física! ¡Cuántas cosas aprendimos!

La sección de Ciencia y Tecnología fue un éxito. Se publicaba los domingos, en un suplemento a todo color, con fotografías y con las ilustraciones del gran Fernando Krahn. Hacia 1990, Vladimir organizó una exposición de esa obra gráfica, acompañada por poemas míos, que dio lugar al libro-catálogo El color de la ciencia.

El suplemento desapareció en 1994. Inicié entonces una serie de libros ensayísticos sobre cosmología, biofísica del cerebro, ciencia y teología, poesía del infinito, el tiempo, la materia, la física cuántica... libros entre la ciencia, la historia y la filosofía. Colaboré también con Investigación y Ciencia, sobre todo en la sección de reseñas «Libros».

Debo muchísimo a la divulgación: ha abierto el compás de mis intereses y conocimientos, ha enriquecido mi docencia, ha inspirado mi poesía, me ha puesto en contacto con personas interesadas por esos temas y me ha ayudado a tratar con mayor precisión el lenguaje —recuerdo en este punto la meticulosidad que me inculcó José María Valderas, entonces director de Investigación y Ciencia—. Desde 1988, he dado unas cuatrocientas conferencias sobre ciencia. Sin ese esfuerzo comunicador, mi vida intelectual habría sido diferente.

A lo largo de esta trayectoria la lectura de Investigación y Ciencia me ha estimulado y entusiasmado. Por ello continúo recomendándola a mis alumnos. El mundo ha cambiado, pero la aventura de conocer halla en esta revista un fecundísimo testimonio, del que soy agradecido deudor.

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