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Actualidad científica

  • 22/09/2017 - GENÉTICA

    Origen evolutivo del plegamiento del ADN

    El modo en que el ADN de las arqueas se compacta tiene muchos puntos en común con el de los eucariotas.

  • 21/09/2017 - Evolución humana

    ¿Cuántos neandertales había?

    La arqueología y la genética han dado respuestas muy diferentes a esa pregunta. Un nuevo estudio las reconcilia y descubre la historia de aquella antigua gente, en la que rozaron alguna vez, mucho antes de la definitiva, la extinción.

  • 20/09/2017 - BIOLOGÍA REPRODUCTIVA

    Macrófagos testiculares, guardianes de la fertilidad masculina

    Responsables de eliminar los patógenos de nuestro organismo, estas células moderan también la respuesta inmunitaria para evitar la destrucción de los espermatozoides.

  • 19/09/2017 - Zoología

    ¿Ha extinguido Irma especies?

    Junto  a las pérdidas humanas y económicas, el huracán Irma ha tenido también graves consecuencias para la naturaleza.

  • 18/09/2017 - Materiales cuánticos

    Calor topológico

    Un trabajo analiza por primera vez el comportamiento de los aislantes topológicos en presencia de focos térmicos. Sorprendentemente, la aparición de un flujo de calor no parece arruinar la robustez de estos materiales.

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  • Investigación y Ciencia
  • Octubre 2016Nº 481

Internet

La era de la (des)información

La expansión de las redes sociales digitales presenta un lado oscuro: la difusión masiva de informaciones falsas y teorías de la conspiración.

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¿A quién no le ha ocurrido que, al cenar con amigos o familiares, algunos quizá con cierto nivel de estudios, la conversación acaba en una noticia leída en Internet sobre, por ejemplo, la influencia en el cambio climático de las «estelas químicas» de los aviones (chemtrails) o las ventajas de la medicina alternativa? ¿Quién no ha seguido en televisión algún debate entre actores o cantantes famosos que, sin tener la menor noción de estadística ni de economía, se transforman de repente en analistas económicos y políticos que nos revelan hasta qué punto el señoreaje bancario y el Nuevo Orden Mundial están alterando la sociedad?

¿Qué ha cambiado en nuestro mundo informativo y en la manera de construir nuestra opinión? ¿Qué función desempeñan las redes sociales como Facebook, Twitter o YouTube en la difusión y la popularidad de las teorías conspirativas?

La ciencia se está ocupando de ello. En los últimos años, se han desarrollado varias técnicas que, gracias al análisis de un ingente volumen de datos procedentes de las redes sociales, han permitido estudiar su dinámica con un alto grado de resolución. La difusión de contenidos falaces no constituye un problema menor. En 2013, el Foro Económico Mundial, una organización independiente que analiza los problemas más apremiantes a los que se enfrenta nuestro mundo, señalaba en un informe sobre riesgos globales que una de las cuestiones más interesantes y, al mismo tiempo, más peligrosas para la sociedad era, a la par que el terrorismo, la gran rapidez con que se difunden en Internet las informaciones infundadas o falsas.

Internet ha modificado la manera en que las personas interaccionamos y encontramos amigos, foros y comunidades de interés. También ha cambiado el modo en que filtramos la información y formamos nuestras opiniones. Este panorama, sumado a una exposición a la información guiada por el sesgo de confirmación, así como a un considerable analfabetismo funcional (la incapacidad de comprender eficazmente un texto básico, que, según datos de la OCDE, en Europa afecta a uno de cada cinco individuos de entre 15 y 65 años), puede dar origen a verdaderos fenómenos masivos en torno a informaciones falsas. La radiografía de tales dinámicas sociales pone de manifiesto tanto lo alarmante de la situación como la poca adecuación de las soluciones ensayadas hasta ahora, incluidas las técnicas algorítmicas diseñadas para frenar la generación, la difusión y el refuerzo de narrativas amañadas.

En 2009, el investigador de Harvard David Lazer y sus colaboradores publicaron en Science un artículo, «Ciencia social computacional», que acabaría sentando las bases de un nuevo campo de investigación. A partir de un enfoque basado en datos, esta nueva disciplina conjuga matemáticas, estadística, física, sociología e informática, y tiene como objetivo estudiar los fenómenos sociales de manera cuantitativa, empleando para ello el rastro digital que dejamos en las redes sociales. Los internautas seleccionan contenidos, los comparten, los comentan y dejan huellas de esas acciones. Todo ello ha permitido analizar la sociedad con un grado de detalle sin precedentes que va mucho más allá de la especulación. En esta línea, hemos progresado de forma notable a la hora de entender la difusión y el consumo de información, su efecto sobre el proceso de formación de opiniones y la manera en que las personas se influyen mutuamente.

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