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  • Octubre 2012Nº 433

Física atmosférica

Rayos gamma en el interior de las nubes

Las tormentas provocan destellos de rayos X y gamma tan intensos que incluso emiten antimateria. La atmósfera se revela como un lugar más extraño de lo que jamás habíamos imaginado.

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En 1991, poco después de que el transbordador espacial Atlantis pusiese en órbita el Observatorio de Rayos Gamma Compton (CGRO), Gerald Fishman, del Centro de Vuelos Espaciales Marshall de la NASA, se percató de algo muy extraño. Aquel equipo, diseñado para detectar la radiación procedente de objetos astrofísicos remotos, como las estrellas de neutrones o los remanentes de supernova, había comenzado a registrar intensas ráfagas de rayos gamma de unos milisegundos de duración. Pero estas no procedían del espacio exterior, sino de la Tierra.
Por entonces ya se sabía que, en ciertos procesos astrofísicos (como las erupciones solares, la acreción de materia por parte de un agujero negro o las explosiones estelares), los electrones y otras partículas dotadas de carga eléctrica se aceleran a velocidades tan elevadas que acaban emitiendo rayos gamma: los fotones más energéticos del espectro electromagnético. En tales casos, sin embargo, las partículas se mueven en un medio casi vacío. ¿Cómo explicar tales emisiones en la atmósfera terrestre, un medio denso?

Aunque en un principio supusimos que aquellos destellos de rayos gamma se originaban a unos 60 kilómetros por encima de las nubes, hoy sabemos que se producen a una altitud mucho menor, provocados por las descargas eléctricas que tienen lugar en el interior de las nubes de tormenta ordinarias. Con todo, cada uno de los sucesivos modelos que se han venido proponiendo para explicar el fenómeno ha tenido que vérselas con nuevos desafíos observacionales: una y otra vez, se han detectado energías consideradas inalcanzables en los procesos atmosféricos. Para nuestra sorpresa, hemos llegado incluso a detectar la creación de antimateria.

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